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El Parlamento catalán consumó la tropelía

martes 10 de noviembre de 2015, 10:36h
El Parlamento catalán consumó ayer el mayor desafío a la legalidad vigente en nuestra democracia. El tan cacareado seny, del que los catalanes dicen sentirse tan orgullosos, saltó por los aires en el desenlace de un delirante despropósito que se ha venido gestando con creciente altanería. Una altanería que ayer redoblaron los secesionistas en un pleno que se convirtió en la apoteosis de la sedición. El absoluto dislate de que Cataluña rompa con el resto de España fue aprobado por setenta y dos votos a favor -de Junts pel Sí y la Candidatura de Unidad Popular (CUP)-, frente a los sesenta y tres de los partidos constitucionalistas que votaron en contra. A partir de aquí, los secesionistas iniciarán lo que llaman, en su habitual uso torticero del lenguaje -con su “derecho a decidir” y similares- un “proceso de desconexión democrática” con España, que no es otra cosa que un flagrante atentado a la ley, un auténtico golpe de Estado.

Para más inri, la manifiesta rebelión se reviste de un cinismo extremo, amparándose en que se trata de una “demanda masiva” de los ciudadanos catalanes, algo que es rigurosamente incierto. Por mucho que se empeñen en vender lo contrario, el secesionismo perdió en los comicios del 27-S, planteados como un ilegal “plebiscito”. La mayoría de la población catalana no quiere embarcarse en la secesión, en esa huida hacia delante a la que el nacionalismo radical arrastra a Cataluña, poniéndola al borde del precipicio. El pleno de ayer se pronunció taxativamente contra la legalidad, señalando que harán caso omiso de las decisiones de cualquier institución del Estado español y, particularmente, del Tribunal Constitucional (TC), al no tienen el menor empacho en considerar, en el colmo del desvarío, “deslegitimado”.

Y si el desafiante pleno de la mañana resultó una completa y total barrabasada no lo fue menos la intervención de Artur Mas por la tarde. El aspirante a seguir liderando la traición insistió en la falacia de que tienen el respaldo ciudadano, pronunció perlas del cariz de que el Gobierno de Rajoy era “antidemocrático” y se mostró entre mendicante y altivo ante una CUP de la que depende para su investidura, y a la que vino a advertir con metáforas marineras que sin él como capitán el “proceso” encallará y la embarcación puede volcar. Pero si vamos con metáforas de este tipo, la que hay es que los secesionistas, con Mas a la cabeza, son los únicos que de manera suicida están hundiendo el barco.

La enorme gravedad de lo sucedido ayer en el Parlamento catalán no puede en ningún momento contemplarse como una mera provocación o un elemento de presión para negociar, cuando se sabe que desde fuera de la ley, como pretenden, nada hay que negociar. El secesionismo ha demostrado que no parará hasta conseguir su fin. Por eso la respuesta a la tropelía que consumó el Parlamento catalán ha de ser absolutamente contundente y sin dilaciones. El Ejecutivo, que cuenta para ello con el apoyo explícito de los principales líderes de la oposición, ha anunciado que recurrirá al Tribunal Constitucional y Mariano Rajoy ha dicho que el Gobierno no va a permitir que esto continúe. Más nos vale que así sea.
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