TRIBUNA
Transición y cultura en Euskadi
martes 10 de noviembre de 2015, 20:45h
Conocí a Idoia Estornés en el curso sobre pensamiento político vasco contemporáneo que organizamos hace cuatro o cinco años Joseba Arregui y yo en la UPV en San Sebastián por el verano. Cambiamos algunas impresiones sobre, principalmente, Azaola o Arteche. Creo que después Idoia, cuya monografía sobre la época de la crisis foral había leído, envió un trabajo sobre los sindicatos vascos durante la transición a Cuadernos de Alzate. Había visto asimismo alguna columna suya en la prensa y la reconocía como familiar de los dueños de Auñamendi, una editorial de San Sebastián especializada en la temática general vasca, algunos de cuyos libros, especialmente la Enciclopedia General o la Colección, yo había utilizado durante la preparación de mi libro sobre El primer nacionalismo vasco. Pero era una mujer, algo mayor que yo, con la que no había coincidido: sucede a veces, gentes con las que has estado a punto de encontrarte, pero que justo llegan a escena cuando tú te has ido, o que desaparecen cuando tu llegas.
Bueno, Idoia Estornes Zubizarreta es la autora de un libro de memorias que da un testimonio muy interesante sobre la Euskadi de la transición, pero que trasciende cumplidamente ese objetivo, por lo demás tratado desde un particular punto de vista.
Cómo pudo pasarnos esto. Crónica de una chica de los sesenta (Donostia, 2013, 591pags) cuenta la vida de la protagonista, que ha nacido en Chile, hija de padres nacionalistas exiliados: su identidad resulta, entonces, de la difícil amalgama de tres ingredientes: la patria vasca; la referencia española, que da el idioma y la inserción cultural, presumida al menos; y la vida en Chile, esto es, los colegios, la calle, los amigos de juegos. El libro ejemplifica este componente biográfico que resulta bastante característico en el País Vasco: en los jesuitas conocí a chavales con acento americano, venezolano por ejemplo, como Txiki Benegas o Alex Uriarte, y que nos sorprendían no solo por su modo de hablar sino por las coordenadas culturales en que se habían movido hasta acabar en San Sebastián, más plurales y sugerentes sin duda que las nuestras.
Idoia llega de muchacha a la capital donostiarra, y en el libro se dan algunas pinceladas interesantes sobre el ambiente que se encuentra, el colegio religioso que frecuenta, las diversiones de la época, etc. Cursará sus estudios superiores en Pamplona en la Facultad de Letras, implicándose en la actividad política antifranquista: escribe sin rencor alguno, pero cuenta lo que vivió y su testimonio ilustra el tipo de Universidad, más bien gris y opaca, de la época. El pasaje más logrado del libro, para mí, es el dedicado a la descripción de su detención y estancia en la comisaría de Pamplona. Idoia se arriesgó a vivir su vida y pasó algún tiempo fuera, viajando. Su relato sobre la Inglaterra e Italia que conoció, con sus ilustraciones amorosas cuando viene a cuento, resulta divertido y deja constancia de la excelente fibra narrativa del libro. Al final Idoia debe sentar la cabeza, comenzar a trabajar en la editorial de la casa : se casará, tendrá un hijo, se implicará en la vida política del momento de la transición, etc.
Me ha interesado el tratamiento que hace Idoia de las relaciones con sus padres. Literariamente son de las mejores páginas del libro, especialmente emotivas cuando narra el fin de sus vidas: la crisis religiosa unamuniana y trágica de su padre, y la tranquilidad reparadora en el caso de la madre. A la tensión inevitable con los padres, se unía para Idoia un componente político, pues la labor de clarificación y crítica de los supuestos del nacionalismo del padre no solo tenía un significado intelectual sino un alcance sentimental que era doloroso, pero inevitable para ella. En la redacción de numerosas voces de la Enciclopedia que Auñamendi llevaba a cabo bajo la dirección de Idoia, había de sortearse la revisión de los patriarcas de la editorial, esto es, su padre y su tío, personaje que acompaña al patrón Beñart toda la vida y del que Idoia no cuenta mucho : no era fácil, ni cómodo superar ese filtro, pues no siempre se lograba, cuando no daba origen a una “compensación” que desesperaba a Idoia. Las muchas páginas que Idoia dedica a explicar su actividad editorial, consistente tanto en la labor de dirección como, según queda dicho, sobre todo en la confección de numerosos artículos de la Enciclopedia referentes a la historia y literatura del país, ilustran la contribución de nuestra autora a la elaboración de un corpus que realmente faltaba y que era necesario establecer sobre bases de seriedad y rigor académicos suficientes, que ella aporta. Lo que testimonia indirectamente el libro de Idoia es la endeblez de las bases de la cultura nacionalista convencional, más bien mitómanas y fantasiosas, que se explican en parte por la ausencia de una Universidad, clave de muchas carencias de la vida intelectual y política vasca. Claro que el libro de Idoia traspasa su labor editorial, y así hay páginas bien logradas sobre algunas figuras de la cultura vasca, por ejemplo las dedicadas a la explicación, nada fácil, de la obra de Oteiza, o diversos apuntes sobre Arteche y otros.
El activismo político de Idoia del que se da cuenta en Como pudo pasarnos esto reposa en dos fibras particulares: el autonomismo nacionalista, que por lo demás se formula desde el rechazo absoluto a ETA y la justificación de la violencia terrorista; y el prisma feminista, abogando por la presencia y el protagonismo políticos de las mujeres. Ambos propósitos, que responden a resueltos principios intelectuales y morales de la autora, quedan explicados con toda convicción y resultan perfectamente asumidos por el lector.
Hay otros dos logros del libro que deben ser reseñados, pues la autora se propone, primero, dar cuenta de la vida política vasca de la transición, muy complicada debido a la pluralidad de agentes y grupos que la protagonizaron y cuyo seguimiento, que Idoia aborda desde los aledaños de Euskadiko Ezquerra, es casi imposible, pero que puede tener en este libro una guía de fiar; y, en segundo lugar, referir la política de euskaldinización emprendida por el gobierno vasco en la democracia. A la descripción, por ejemplo, de la implantación de los modelos de política lingüística llevada a cabo por los gobiernos nacionalistas dedica Idoia Estornés una atención que resulta ilustrativa: si es discutible en su propósito, pues no le falta sectarismo, lo es más en sus protagonistas, dado su cuestionable bagaje intelectual …
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Catedrático
Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.
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