El culebrón de María Emilia Casas
EL IMPARCIAL
miércoles 04 de junio de 2008, 13:54h
Si las aguas del Tribunal Constitucional venían revueltas tras las informaciones relativas al acoso al magistrado García Calvo, posteriormente fallecido, por un supuesto confidente de los servicios de inteligencia, ahora se han transformado en una riada a cuenta de la presidenta de este organismo, María Emilia Casas.
La conversación, interceptada por la Policía, entre Casas y una abogada, actualmente en prisión por encargar presuntamente el asesinato de su marido, en la que la presidenta le pide a su interlocutora que le avise si el asunto llega al Constitucional, ha revelado que el interés personal de la presidenta se mezclaba con su papel institucional.
A este respecto, un comunicante de EL IMPARCIAL ha remitido una reflexión técnico-jurídica sobre el caso que merece la pena reproducir textualmente: "No será delito pero quizá una falta muy grave de acuerdo con lo establecido en [el artículo] 389.7º LOPJ en conexión con el 417.6.
Art. 389: el cargo de Juez o Magistrado es incompatible: [...] 7º Con todo tipo de asesoramiento jurídico, sea o no retribuido. 417. Son faltas muy graves: [...] 6. El ejercicio de cualquiera de las actividades incompatibles con el cargo de juez o magistrado establecidas en
el art 389 de esta Ley, salvo las que puedan constituir falta grave de acuerdo con el art. 418.14 de la misma (y que se refiere a la ignorancia inexcusable de los deberes judiciales, que entiendo no es el caso).
La sanción aplicable a las faltas muy graves (420.2) es suspensión (por hasta tres años, según el 420.1.c) , traslado forzoso o separación.
Prescriben a los dos años (420.3)."
Con el inestable equilibrio de posiciones entre los magistrados que deben decidir sobre materias trascendentales como el Estatuto de Cataluña, este nuevo incidente añade incertidumbre y rebaja el optimismo de los sectores políticos partidarios de la constitucionalidad de la controvertida norma catalana.
La muerte de García Calvo daba mayoría a los partidarios de ese Estatuto. Una retirada forzada de Casas, presidenta abiertamente catalanista, dejaría de nuevo las espadas en alto.