POCO A POCO
El "hiperterrorismo"
Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
domingo 15 de noviembre de 2015, 19:12h
Actualizado el: 18/11/2015 22:48h
"Os mataremos en vuestras casas, os apuñalaremos en vuestros trabajos, llevaremos el horror hasta el mismísimo corazón de vuestra alma". Esta amenaza, repetida en reiteradas ocasiones por varios miembros de Al Qaeda y ahora Estado Islámico es la estrategia que el yihadismo del siglo XXI ha tomado. Es el llamado "hiperterrorismo".
Sabiendo que de tú a tú no hay color a día de hoy en términos militares, otra cosa es que haya un verdadero frente común para erradicarlos a ellos y a sus ideales del
medievo, los grandes líderes del islamismo radical, Osama en su día, Al Zawahiri y Al Baghdadi ahora, han optado por llevar la violencia hasta nuestras mismas narices, aterrorizar a la opinión pública con un perverso juego de proporcionalidad.
Tanto Al Qaeda como Estado Islámico saben que perpetrar un atentado contra el sancta sanctorum de Hizbulá en Beirut, dejando un saldo de medio centenar de muertos, que no es cosa menor, no deja ni por asomo la huella que puede dejar atacar contra el símbolo de Occidente: nuestra amada libertad. ¿Qué hay más destructivo que asesinar el modo de vida europeo? ¿Qué precio tiene para estas mentes desviadas de toda moralidad dejar en shock a todo un continente, quizás a medio planeta?
El yihadismo radical ha puesto de manifiesto de nuevo, como antes lo hizo en la propia Francia, en Reino Unido o en España, que la guerra que se libra en Oriente Medio tiene su frente también aquí, entre nosotros, en nuestras calles y comercios. Es la trinchera más difícil de asimilar. Si nosotros les bombardeamos sus campamentos, ellos se valen de un un mísero cuchillo o de un caduco fusil para perpetrar una masacre en un supermercado o en una sala de fiestas para responder. No necesitan grandes alardes ni rendir demasiadas cuentas.
Sabiendo esto, la estrategia debe ser dual, atacar la raíz, sí, pero quemar también las ramas, allá donde crezcan y como sea necesario. Bien es cierto que no pueden pagar justos por pecadores y que no todos los refugiados son terroristas (ni siquiera una parte infinitesimal), pero la raíz del odio enconado del yihadismo no sólo está en Al Raqqa o en las lejanas montañas de Tora Bora.
Los suburbios de casi cualquier ciudad europea albergan nichos de esta ponzoña terrorista y es ahí donde hay que meter el bisturí y extirpar. El cáncer terrorista se ha cobrado ya demasiadas víctimas inocentes, tanto allí como aquí, y es hora de dar un golpe en la mesa y decirle a la cara al terrorista: "Os acecharemos, no os daremos tregua y no podéis esconderos, ni siquiera entre nosotros".
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Jefe de Internacional de El Imparcial
BORJA M. HERRAIZ es jefe de Internacional en El Imparcial
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