Londres ha amanecido este martes portando el peso de la atención mundial con motivo del capital evento deportivo que refresca la dialéctica política-fútbol bajo el paraguas de la solidaridad fraternal. La desgarradora cadena de atentados yihadistas que asolaron la normalidad global con Saint Denis como uno de sus objetivos encontraban la respuesta acordada esta noche para “
que no cumplan su objetivo, que no ganen los terroristas” -como resumía la ministra del Interior británica, Theresa Mayen-. Resulta complicado imaginar un recinto y una rivalidad que alberguen un simbolismo más ajustado al necesario en esta tesitura que un Inglaterra-Francia en Wembley. La ancestral competitividad ardorosa entre vecinos quedaba supeditada al servicio de la camaradería, de la empatía entre naciones doloridas, en el templo que ha alimentado la mística del deporte que se ha visto agredido el pasado viernes.
El vestuario galo, incómodo por no ser tomado como parte en la trascendental decisión de mantener la disputa del amistoso,
paseó esta mañana por las calles londinenses para sacudirse, entre estrictas medidas de escolta, la percepción de seguridad secuestrada. Una sensación que, sin duda, guardan interiorizada con intensa profundidad el colchonero
Antoine Griezmann -su hermana estaba presente en la sala de conciertos Bataclan en la trágica escena- y el actual pupilo de Michel en el Olympique de Marsella y ex madridista
Lass Diarra, cuya prima figura entre las víctimas de la atrocidad, y que recibió un homenaje antes de que rodara el cuero en esta atmósfera que recuerda a un grito masivo de libertad ante el miedo. Sin embargo, futbolistas como Patrice Evra (Juventus), Kingsley Coman (Bayern Múnich), Hatem Ben Arfa (Niza) o Paul Pogba (Juventus) detuvieron la ruta aledaña al estadio en varias ocasiones para firmar autógrafos y hacerse fotografías con aficionados y curiosos, reclamando la rutina deshilachada por el terror.
Didier Deschamps, que confesó que la Federación Francesa de Fútbol había abierto la puerta a aquel futbolista o trabajador en expedición que sintiera la urgencia de permanecer en territorio galo, sintetizó en sala de prensa la atmósfera con la que se ha arribado al arranque de este particular amistoso entre enemigos tradicionales que han mutado en hermanos: "Hemos pasado momentos difíciles, pero nos hemos mantenido unidos y atentos a los acontecimientos.
Cada individuo lo ha llevado como ha podido. Lo más importante es que hemos estado juntos y hemos compartido nuestro dolor. Ahora ha llegado el momento de estar centrados en el partido y hacer frente a la situación con la dignidad que merece". “
Toda Francia, no solo este grupo de futbolistas, se va a sentir orgullosa. Este grupo de jugadores sabe lo que significa llevar esta camiseta y eso es algo que nunca se ha olvidado”, sentenció el campeón del mundo en el 98.
La humanidad que brotó como automático resorte, a lo largo y ancho del planeta y durante el fin de semana, tomó forma tangible específica en el
repunte en la venta de entradas para este partido amistoso. Desde la misma resaca de los “actos de guerra” perpetrados por Estado Islámico y pese a que la Federación Inglesa de Fútbol (FA) ofreció la devolución del dinero a aquellos espectadores que hubieran comprado la entrada antes de los atentados (sólo 100 lo hicieron efectivo), se vendieron más de 10.000 tíckets. "Nos hubiéramos preocupado si hubiéramos visto a decenas de miles de personas devolver sus billetes, pero, no solo no ha sido así, sino que ha sucedido todo lo contrario", manifestó Martin Glenn, director ejecutivo de la FA, que añadió, asimismo, que "la gente está decidida a mostrar su solidaridad con el pueblo francés en estos duros momentos”.
El organismo que dirige Glenn, referencia internacional en la gestión económica y publicitaria de un producto deportivo como es el balompié inglés, reaccionó con presteza para convertir en un acto histórico el duelo y animó a todos los seguidores con entrada a
entonar La Marsellesa en las gradas de Wembley, con el fin de aumentar el efecto de este homenaje a las víctimas y repulsa al odio. Finalmente, los videomarcadores del recinto ilustraron la letra del himno durante la interpretación de los acordes, con el fin de apoyar la solidaria iniciativa.
La letra del icónico himno fue distribuida por vías oficiales y, entre los cerca de 80.000 asistentes -que constituye un lleno rotundo, según calculan los organizadores del evento-, se encuentran el
príncipe Guillermo de Inglaterra, que es, además, presidente honorario de la Federación Inglesa; el primer ministro británico,
David Cameron, que anunció a través de su portavoz que participaría de manera entregada a todos los puntos del homenaje; y el alcalde de Londres,
Boris Johnson. Además, la remozada fachada del coliseo londinense -obra de Norman Foster- luce el lema de la república francesa, “
Liberté, Egalité, Fraternité”, reconvertido en asidero moral rebasado de significación en estas jornadas de shock y desconsuelo. Los colores de la bandera gala brillan, también, en el arco superior que corona la estructura de un estadio que quedó en silencio durante un minuto como enseña de desbordante respeto a los seres humanos asesinados por la sinrazón terrorista.
"Los ataques terroristas de París han impactado al mundo, pero también nos han unido en nuestro firme deseo de derrotar a esta lacra. Hoy en Wembley los aficionados mostrarán su solidaridad con el pueblo francés y mandarán un mensaje claro: los terroristas no van a ganar", anunció Cameron.
Cuestionado por los ingredientes que se han traducido en la disputa del partido, en contraposición a la directriz adoptada en Bélgica que
obligó a la selección dirigida por Vicente Del Bosque a abandonar el país centroeuropeo con temerosa celeridad -y que
esta tarde suspendió el Alemania-Países Bajos de Hannover-, el mandatario del fútbol británico señaló dos condiciones: “
Las autoridades británicas tenían que garantizar la seguridad y los franceses debían querer jugar”. “Ellos quisieron, principalmente por razones simbólicas y sólo quiero reconfirmar que el aparato de seguridad y las personas que nos aconsejan dicen que no existe un riesgo material y que el partido debe seguir adelante”, explicó. En efecto, tanto la Policía Metropolitana de Londres (MET) como Scotland Yard no han aconsejado la cancelación del partido porque no han registrado una amenaza plausible en la City inglesa, si bien sí se ha generado y desplegado un dispositivo especial, el mayor que haya conocido el estadio desde su reconstrucción en 2007. Los cuerpos y fuerzas de seguridad británicos, que cuentan con el bagaje de la impecable organización de los Juegos Olímpicos de 2012 como aliño a su diagnóstico, quisieron puntualizar que "nuestra prioridad es garantizar la seguridad del público, y queremos poner de relieve que
el operativo que se pondrá en marcha es puramente por precaución, no el resultado de alguna investigación".
La Unidad Especial de Crimen y Operaciones de la Policía Metropolitana de Londres anunció este lunes que equipos de policías armados se añadirían al protocolo de vigilancia patrullando, “antes, durante y después del partido, en las inmediaciones de Wembley”. Así lo detalló el subcomandante de la MET Peter Terry, que expresó, asimismo, que “queremos que los aficionados que acudan al estadio sepan que nuestros oficiales están ahí para mantenerlos a salvo” para especificar que los elementos de seguridad quieren que los aficionados asistentes actúen como “los ojos y los oídos” de la policía durante los 90 minutos de deporte.
Las autoridades recomendaron, también, prontitud en el arribo al evento, ya que el perímetro dispuso tres controles y el tiempo de acceso a las localidades se retrasó en consecuencia. El
partido con mayor presencia policial en la historia del Reino Unido -así lo catalogó la FA este martes- protegió el normal desarrollo de la cita con un cordón por el que, desde la parada de metro de Wembley Park, la más próxima al estadio, hasta las puertas de entrada al recinto, los aficionados se toparon cada 50 metros con grupos de dos o tres policías armados. Era ésta la primera actuación conjunta de las tradicionales fuerzas de seguridad y el nuevo departamento antiterrorista. Así arrancó el partido vacío de contenido deportivo que marcó un hito simbólico en esta resaca negra de incertidumbre. Entre banderas y pancartas de "
Je Suis Paris" y "
Together we are stronger" ("Juntos somos más fuertes") una tormenta de aplausos de más de un minuto recibió el calentamiento de un futbolistas franceses abrumados, a 45 minutos del pitido inicial, que ya habían ganado con su presencia en el verde.