Semana triste y preocupante tras los terribles sucesos protagonizados por terroristas yihadistas en Paris. Vivida en continua actualización de noticias, casi en tiempo real, relatando las actuaciones de la policía, las declaraciones de los llamados “agentes sociales” y las múltiples opiniones de expertos en política exterior, seguridad, religión, etc.
Todo ello lógico, por el enorme impacto emocional que nos han ocasionado tan brutales e irracionales acontecimientos.
Igualmente, es comprensible las diferencias de criterio en el como actuar en respuesta y como prevenir su repetición. Curiosamente con mayor disparidad en nuestro país que en el que ha sufrido, en esta ocasión, en sus carnes y su suelo la agresión, donde al parecer hay de momento, unanimidad casi absoluta de apoyo a las decisiones de sus líderes.
Nosotros, que el 11 de Marzo de 2004, tras la explosión de diez bombas en cuatro trenes y fallecer cerca de 200 personas, demostramos un magnifico comportamiento en la ayuda ciudadana y en los servicios de atención sanitaria, siendo por el contrario criticable, la desunión y el reproche continuo de nuestras fuerzas políticas, intentando sacar provecho de lo sucedido, en las entonces próximas elecciones. Ahora como es nuestra costumbre nos dividimos mayoritariamente en dos bandos, halcones y gaviotas respecto a las medidas a tomar, pues mientras unos piensan que son pura represalia, otros defienden actuar para evitar nuevos ataques.
Comprendiendo que realmente en nuestra sociedad no es fácil aceptar cambios en el binomio “seguridad-libertad”, la responsabilidad de nuestros dirigentes no puede inhibirse, aunque en nuestro país, nuevamente estemos acercándonos a las inmediatas elecciones generales.
En mi caso, de todo lo anteriormente expuesto, lo que más me llama la atención es a estas alturas de mi vida, haberme dado cuenta, de la enorme importancia que tiene el fútbol para la ciudadanía de nuestro entorno, como se ha evidenciado en los últimos días con la suspensión, por indicación de los servicios de seguridad, de partidos internacionales en Bélgica y Alemania, en los que se esperaba la asistencia incluso de las primeras autoridades de los países participantes, o con la enorme expectativa que creó el encuentro entre las selecciones de Inglaterra y Francia celebrado en Wembley, convertido en un muy emotivo homenaje a las víctimas del reciente atentado en París, con más de 80.000 ingleses cantando la Marsellesa.
Mientras escribo este artículo, se está celebrando el encuentro de fútbol profesional en teoría más importante del año, aunque esto se dice entre dos y tres veces por temporada, entre el Real Madrid y el C.F. Barcelona, equipos con enorme rivalidad desde hace años y plagados de figuras de renombre mundial. Todo ello hace que la asistencia “in situ” sea mayor de 100.000 espectadores, calculándose en 500 millones la audiencia televisiva.
Como es lógico, se han llevado a cabo muy importantes medidas de seguridad, dada la catarata de atentados de la última semana, pudiendo en este evento dada su enorme repercusión mediática ser un objetivo terrorista de primera magnitud.
Ignoro si los dirigentes de los diversos grupos terroristas como Al Qaeda, Boko Aran y otros relacionados o no con el llamado estado Islámico, son capaces de entender que si el “miedo” que intentan trasmitir a la sociedad occidental, obligará a la suspensión de eventos con importante asistencia de espectadores y especialmente competiciones nacionales o internacionales de fútbol, la respuesta a ello, no sería la del dialogo y entendimiento que proponen algunos, sino la de iniciar acciones más resolutivas y aunque pueda parecer frívolo, pienso que la interrupción por dos o tres meses de las competiciones nacionales e internacionales, obligarían a los gobiernos de los países afectados a buscar una solución posiblemente bélica por la presión de sus poblaciones.
Si lo que parece claro a la mayoría, es el propósito de defender sin fisuras, en estos días nuestro estilo de vida, yo que me encuentro en el escaso grupo en los que el fútbol no apasiona, entendería que este deporte-espectáculo, representa algo importante para la mayoría de la ciudadanía y que debe protegerse, al menos como se está haciendo, principalmente por el riesgo de las personas pero también como demostración de poder mantener nuestras costumbres en libertad.