POR LIBRE
La guerra estalla en la campaña electoral
Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 22 de noviembre de 2015, 09:20h
Actualizado el: 22 de noviembre de 2015, 18:35h
La brutal matanza de París ha pillado por sorpresa a los dirigentes políticos españoles en plena campaña electoral. Tan de sorpresa que ninguno se ha definido todavía con claridad sobre las medidas que apoyarían para combatir el terrorismo yihadista. El fantasma del 11-M les atenaza. Saben que la siniestra manipulación del PSOE tras el atentado de Atocha llevó a Zapatero a La Moncloa contra todo pronóstico y contra toda lógica. Pero ganó y desguazó España, que todavía sufre las consecuencias de sus chorradas, como la Alianza de Civilizaciones, y la más letal, su empeño en aprobar el Estatuto catalán. Y así nos va.
Mariano Rajoy todavía no ha olvidado el revolcón que sufrió en las urnas tras el 11-M. Y anda con pies de plomo. Como presidente del Gobierno se siente obligado a apoyar la postura de la UE, y, en especial a Francia.”Colaboraremos con nuestros aliados”, dice. Y de ahí no le saca nadie. Pero la guerra ni mentarla. Eso sí, se llena la boca con declaraciones grandilocuentes sobre los peligros del terrorismo que siempre remata con la frasecita más sobada de los últimos días. “No nos ganarán”. Bueno, de momento los malditos bastardos han puesto patas arriba la estabilidad occidental, tienen atemorizado a medio mundo y resulta evidente que nadie parece capaz de frenarlos.
Y para no mojarse, eludiendo su responsabilidad como presidente del Gobierno, se ha salido por la tangente al declarar que la postura española ante el conflicto debe decidirla el Gobierno que salga de las urnas el 20 de diciembre. Mientras, a torear. Tanto que un día se ofrece a relevar a Francia en el control militar de África y cuando se produce el atentado de Mali se arruga, no vaya a ser que las tropas españolas sufran algún percance. Y a torear de nuevo.
Tampoco Pedro Sánchez lo tiene fácil. Quiere aparecer como un hombre de Estado y apoya con la boca pequeña al Gobierno en una especie de pacto antiyihadista. Y en cuanto puede, intenta desmarcarse de cualquier atisbo belicista y ataca a Rajoy si se le ocurre hablar del más mínimo movimiento de tropas. Pero no se atreve a criticar a sus colegas franceses que han aprobado, con el apoyo abrumador del Parlamento, aplicar medidas excepcionales durante tres meses. Medidas que consisten en prohibir manifestaciones, hurgar en la intimidad de los franceses pinchando teléfonos y correos electrónicos por doquier y recortar de un tajo las libertades ¿Alguien se imagina la postura del secretario general del PSOE si Rajoy hubiera tomado estas decisiones? Como poco, le habría tildado de fascista, llenando las calles de esos manifestantes que se dicen pacifistas y terminan incendiando las ciudades. Pero ocurre que han sido los socialistas galos quienes han decidido entrar a patadas y a tiros en las casas de los terroristas, de sus parientes o de sus vecinos sin orden judicial. Y Sánchez también ha decidido marcarse unas verónicas en mitad del ruedo para que no le pille el toro.
Albert Rivera tiene la suerte, y el peligro, de moverse en la ambigüedad ideológica. Como quiere trincar votos hasta en el infierno, un día se viste de socialdemócrata y, al siguiente, de liberal conservador. Y ahora ha intuido que puede trincarle otra tonelada de votos al PP al declararse partidario de que el Ejército español intervenga en Siria si lo aprueba la OTAN. Y seguro que con esta postura llenará las alforjas de Ciudadanos con más votos del PP, como ya ocurre con su valiente y correosa oposición a los secesionistas catalanes. Porque, por mucho que pretenda, sobre todo en las cuestiones de fondo, es un partido de derechas. Pero que muy de derechas. Según el CIS, más del 80 por ciento de los votos de su partido llegan de los desencantados del PP.
Y, como siempre, Pablo Iglesias ha demostrado su incompetencia política. Pues se enreda si tiene que salirse del guión populista que le escribió Monedero. La ocurrencia que ha soltado ahora pasa por celebrar un referéndum para decidir la postura española en el conflicto. La misma propuesta que esgrimió para resolver el desafío secesionista catalán. Parece ser que ahora también admira a Suiza. Otro que no se moja ni en la ducha. Y que ha pasado de alentar a las masas para tomar el palacio de invierno a desayunar en el Ritz rodeado de banqueros y pijos engominados. Y es que Pablo Iglesias ya no sabe qué hacer para salir del socavón. A este paso, si intuye que puede pillar unos votos, se corta la coleta y se enfunda un traje de Armani.
Como sentenció Churchill, la democracia es el menos malo de los sistemas políticos. Es el mejor porque otorga el poder a la soberanía popular. Pero, a cambio, ese poder lo manejan a su antojo los políticos. Algunos, en España muy pocos, con eficacia e inteligencia. Otros, en España muchos, con torpeza y sectarismo. Y, de nuevo, hay que recordar la tragedia de la presidencia de Zapatero.
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Director de EL IMPARCIAL
JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL
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directorelimparciales/8/8/20
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