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ORIENT EXPRESS

Otro atentado en Bosnia-Herzegovina

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 22 de noviembre de 2015, 18:41h

En la misma semana en que se celebran los 20 años de los acuerdos de Dayton, que dividieron el territorio de Bosnia-Herzegovina en dos grandes entidades –la República Srpska y la Federación Croato-musulmana- Enes Omeragic, de 34 años, ha asesinado a tiros con un AK-47 Salakovac, a unos 20 kilómetros de Mostar, a los soldados Armin Salkic y Nedeljko Radic a la entrada de una casa de apuestas próxima a un cuartel en Sarajevo y se suicidaba a continuación. Según la información que se ha ido recabando sobre el asesino, seguía la tradición islámica wahabí y gritó “¡Alá es el más grande!” al tiempo que abría fuego contra sus víctimas. En abril ya había habido un atentado terrorista con arma de fuego contra una comisaría en Zvornik. Murió un policía y dos resultaron heridos. Por otra parte, se está investigando una detonación que se ha producido en el túnel de Salakovac, a unos 20 kilómetros de Mostar, al paso del vehículo del general Ante Jelec, jefe del Estado Mayor del Ejército bosnio.

El vigésimo aniversario de los acuerdos de Dayton nos obliga a revisar qué ha fallado para que, dos décadas después, el Islam radical esté creciendo en los Balcanes. Entre 200 y 600 jóvenes de Bosnia-Herzegovina han partido para unirse al Estado Islámico en Siria. El Al Hayat Media Centre, la agencia de comunicación del Estado Islámico, difunde con regularidad material propagandístico dirigido a los jóvenes musulmanes de Bosnia-Herzegovina y Kosovo. El último del que tengo noticia lleva un título bastante explícito: “El honor está en la Yihad”.

El Washington Post citaba un alto funcionario de los servicios de inteligencia croatas que decía tener identificado a un líder del Estado Islámico que operaba en Bosnia-Herzegovina y Kosovo para organizar el regreso de jóvenes yihadistas que se habían unido al Estado Islámico o al Frente Al Nusra y estaban regresando a sus lugares de origen.

Es inevitable referirse a las organizaciones de caridad –algunas de ellas directamente son pantallas para la propagación del Islam radical- que operan en la región y despliegan una actividad centrada en la construcción de mezquitas y centros religiosos y en la formación de líderes en Bosnia-Herzegovina y en el extranjero. Algunas de ellas desembarcaron en la región durante las guerras que la asolaron en los años 90. No todas se centraron en la financiación. Ya hay precedentes de reclutamiento de terroristas a cargo de estas organizaciones tanto para actuar en Bosnia-Herzegovina como en otros países considerados frentes de la yihad. En su libro “Charitable Crescent: Politics of Aid in the Muslim World” Jonathan Benthall y Jerome Bellion-Jourdan citan algún ejemplo histórico. Así, los autores recuerdan el caso de la organización denominada “Parlamento Musulmán de Gran Bretaña” que, en noviembre de 1993, condenaba a las organizaciones que se dedicaban al asistencialismo en lugar de “dar a los bosnios los medios para defenderse a sí mismos”. Es claro que se referían al suministro de material para el combate en la guerra.

Ahora, veinte años después de Dayton, los fondos que durante este tiempo han alimentado las arcas del Islam radical en Bosnia han servido para que un número minoritario pero no despreciable de jóvenes se una a los terroristas en Siria y regrese para sembrar el terror en sus países de origen. También el Islam revolucionario chií desempeñó su papel en la región. Tanto Hizbolá como la República Islámica de Irán se involucraron en el apoyo a los musulmanes que luchaban contra los serbios y los croatas de Bosnia.

Pasados 20 años, el legado de estas organizaciones islamistas no puede ser más preocupante. El Islam en Bosnia-Herzegovina no era radical –y, en cierta medida, sigue sin serlo- pero la injerencia extranjera y el recurso a la radicalización como fuerza movilizadora en las guerras de los 90 han creado un nuevo escenario. En este sentido, la proximidad de Alija Izetbegovic al pensamiento islamista impidió que entre los líderes musulmanes de Bosnia se neutralizase la influencia radical. Al contrario, a medida que la guerra avanzó la propaganda se intensificó y Bosnia se convirtió en uno de los lugares del imaginario de los terroristas de finales del siglo XX y comienzos del XXI desde Bin Laden y Ayman al Zawahiri hasta Abu Bakr al Baghdadi.

El atentado de esta semana señala una de las grandes debilidades de Dayton. Sirvió para detener la guerra –y esto es mucho- pero no para construir una paz segura. El aumento de la actividad de los islamistas y los yihadistas en la región es preocupante y –si no se reacciona con decisión- puede poner en peligro lo que se logró hace veinte años.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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