COMPLEJO JUEGO DE AMISTADES Y ENEMISTADES
Análisis. ¿Qué intereses tiene cada país en la guerra de Siria?
martes 24 de noviembre de 2015, 15:19h
Actualizado el: 25/11/2015 13:37h
Intrincado juego entre EEUU, Rusia, la UE, Turquía, Irán...
Por B.M. Herraiz
Estados Unidos
La primera potencia militar mundial no acaba de tomar una postura operativa firme en cuanto al conflicto. Mientras condena periódicamente la violencia de Estado Islámico y al régimen de Al Assad, Barack Obama no está dispuesto a iniciar una nueva campaña militar terrestre tras las de Iraq y Afganistán, a pesar de que las encuestas reflejan un importante respaldo popular.
Estados Unidos apadrinó desde el primer momento la coalición internacional que ataca desde hace meses posiciones de Estado Islámico en Siria e Iraq y su implicación en el conflicto incluye ayuda estratégica y de Inteligencia al Gobierno de Bagdad y a la oposición civil siria, que desde hace unos días cuenta con la instrucción de medio centenar de marines desplazados a la región.
A diferencia de otros socios, la Casa Blanca sigue firme en su negativa a dialogar con el régimen de Baschar Al Assad o a que este sea considerado como un interlocutor válido en un hipotético proceso de transición política en Siria. De este modo, incide en su respaldo a la oposición civil, que domina importantes regiones del norte del país, y no acaba de descartar por completo a los radicales moderados como posibles intermediarios.
Rusia
Es el gran valedor de Al Assad en Naciones Unidas, donde ha vetado cuantas resoluciones en su contra se han presentado, y en el escenario internacional en general. El Kremlin ha respaldado al régimen alauita desde hace años y lo considera, junto con Irán, un aliado esencial para hacer valer sus intereses en Oriente Próximo tras la caída de Sadam Hussein y la posterior alineación de Iraq con Occidente.
En el país sirio cuenta con la única base naval que Rusia tiene en el Mediterráneo, de un gran valor estratégico y que podría peligrar si el país cae en manos de la oposición o de los radicales yihadistas. De este modo, la campaña aérea de bombardeos que unilateralmente comenzó hace unas semanas ha estado sobre todo encaminada a debilitar las posiciones de los rebeldes sirios, que han sido el blanco de entre el 80 y el 90 por ciento de los ataques de la Fuerza Aérea rusa, un enfoque criticado en reiteradas ocasiones desde EEUU y la UE.
Putin considera a Al Assad el único legitimado para gobernar en Damasco, principal punto de fricción con Washington, y rechaza cualquier interlocución con los rebeldes o con los yihadistas, ya sean de Estado Islámico o del frente Al Nusra, la sucursal de Al Qaeda en el país.
Algunos analistas recelan de los verdaderos objetivos de Rusia a la hora de negociar el formar parte de una coalición, pues consideran que en cierto punto podría bloquear el proceso si la comunidad internacional, especialmente Bruselas, no levanta sus sanciones económicas impuestas tras la crisis en Ucrania.
Unión Europea
Una vez más, la crisis en Siria ha puesto en evidencia los mecanismos de respuesta del aparato diplomático de la Unión Europea. A falta de una postura común, algo casi inviable en un club de veintiocho miembros, cada estado ha adoptado la suya propia cuya implicación difiere notablemente.
Reino Unido y Francia han sido los que más se han implicado en la contienda: Londres, desde hace ya semanas, como parte de la coalición internacional patrocinada por Estados Unidos; y París, tras los atentados del pasado viernes 13, lo que ha provocado que triplique su capacidad militar en la región con el envío del portaaviones Charles de Gaulle, el de mayor capacidad operativa del Viejo Continente, a aguas del Mediterráneo oriental.
Por su parte, España ha mostrado su respaldo a la postura predominante en Occidente, la de condena a Estado Islámico y a las formas del régimen de Al Assad, pero no ha querido formar parte de los ataques aéreos y la decisión de una participación militar está supeditada a las elecciones generales del próximo 20 de noviembre.
Turquía
Ankara ha sido un actor clave en el auge de Estado Islámico en Siria e Iraq. La permeabilidad de su frontera hizo que durante meses miles de yihadistas de todo el mundo cruzarán su territorio camino del autoproclamado Califato. No fue hasta que Washington les adviritó seriamente por su actitud como miembros de la OTAN que las autoridades locales no adoptaron una mayor rigidez en los controles y en la persecución de los terroristas.
Enemigo histórico de Al Assad, esa laxitud inicial en sus fronteras estaba motivada por la idea de que un auge del yihadismo acabaría por desatar el caos en Siria y, en última instancia, finiquitaría el régimen de Damasco. Sin embargo, la violencia islamista se ha vuelto en su contra y ha sido blanco de numerosos atentados reivindicados por Estado Islámico.
Las potencias occidentales lo consideran un actor clave en la contienda, pero recelan de sus intereses, pues Ankara ha mostrado más iniciativa por plantar cara a los rebeldes kurdos que a las milicias yihadistas que operan en su frontera.
Irán
El gran estado chií y, junto con Arabia Saudí, uno de los contendientes por ser el faro de la comunidad islámica mundial. Irán apoya al cien por cien el régimen de Al Assad, al que tiene desde hace años bajo su paraguas protector y al que ayudó a superar la crisis provocada por las revueltas de la Primavera Árabe.
Su postura va muy en la línea de la del Kremlin con el añadido del componente religioso, que le enfrenta de manera radical a los postulados de Estado Islámico, una versión extrema del sunismo, la otra gran rama del islam.
Teherán ha hecho de cortafuegos en la frontera este iraquí con los yihadistas de Abu Bakr Al Baghdadi y su Ejército, el más poderoso de la región, es un gran activo contra el avance de ISIS que hasta la fecha ha hecho valer su capacidad de disuasión.
A pesar del acercamiento que supuso el acuerdo en torno a su programa nuclear, lo que conllevó el levantamiento de parte del histórico embargo que pendía sobre el país persa, las posturas sigue lo suficientemente alejadas como para que se una a una hipotética coalición en la que también se encuentre Estados Unidos.
Arabia Saudí
Si en el ring que es en estos momentos Oriente Próximo Irán se encuentra en una esquina, en la opuesta se sitúa Riad. De confesión wahabí, cuyos preceptos entroncan con el sunismo más conservador y que estarían un peldaño por debajo de los de Estado Islámico, la monarquía saudí ha sido acusada en numerosas ocasiones de connivencia con los radicales.
Desde un primer momento, Arabia Saudí abanderó la coalición internacional contra ISIS como tradicional aliado de Washington, pero su complicidad con las redes terroristas convierte al estado arábigo en un actor a desconfiar entre los socios occidentales.
Desde hace años, sueña con el derrocamiento de Al Assad y ha apoyado logística y financieramente a las fuerzas opositoras con tal de desestabilizar al Gobierno de Damasco. En la actualidad intenta apuntillar su influencia en la zona intercediendo en los conflictos de Siria, al norte; Iraq, al este; y Yemen, al sur, en donde sus intereses chocan con los de Teherán.
Monarquías del Golfo
En una línea muy similar a la de Riad, algunas monarquías de los Emiratos, en especial Catar y Kuwait, se muestran sospechosamente cercanas de las redes vinculadas a Al Baghdadi.
Su apoyo financiero se bifurca, pues por un lado respalda los ataques de la coalición contra los radicales, y por otro presta apoyo a estos para intentar derrocar a Al Assad, su enemigo político y confesional.
Israel
El estado sionista se mantiene alerta a los acontecimientos y, fiel a su perfil, desconfía de todos los actores más allá de sus fronteras. Tel Aviv es contrario a prácticamente todo lo que crea en Alá en la región, pues vería con buenos ojos una caída de Al Assad, pero no apoya a Arabia Saudí, a Turquía o a los países del Golfo, y que una coalición internacional se implicara en la región, aunque es muy improbable que forme parte de ella.
Además, el caos y la inestabilidad en la que viven sumidos sus vecinos favorecen a Israel, que ve cómo cunde la desunión entre los estados islámicos, más preocupados de luchar entre sí por el predominio en la región que por hostigar a los hebreos.
Líbano
Decir Líbano es decir Hizbulá. El grupo terrorista es el tercer vértice del triángulo chií que en estos momentos conforma junto a Damasco y Teherán, al tiempo que representa en parte el componente cristiano sobre el terreno.
Las milicias de Hizbulá han entablado combates con los yihadistas suníes de Al Baghdadi en el norte de Siria y suponen un respaldo considerable de Al Assad, que tiene en las autoridades libaneses un socio de gran valor.