Rajoy no quiere debatir con Rivera. Le tiene pánico. Normal. Entre Rajoy y Rivera siempre ganará el segundo. De todos modos, creo que tiene lógica la pregunta: ¿A quién favorecerían los debates entre los candidatos a la elección del 20-D?Después de lo visto en la Sexta, después del estropicio que le hizo Rivera a Iglesias, pocos responderían que Rivera no ganaría. Aunque la credibilidad de ese programa de televisión está lejos de convertirse en un canon de genuina discusión política, la opinión dominante, casi común, de las personas a las que yo le he trasladado esa cuestión han reconocido que Rivera saldría favorecido de cualquier tipo de debate con Rajoy, Sánchez e Iglesias. Por lo tanto, los adversarios de Rivera procurarán por todos los medios a su alcance eludir debatir con el líder del partido naranja. El problema, sin embargo, empeora para quienes no deseen discutir cara a cara con Rivera, especialmente para Rajoy a quien siempre se le podrá objetar que trata de eludir la confrontación con uno de su principales contrincantes, según todas la encuestas de intención de voto.
Tengo la sensación de que haya o no debates entre Rivera y los otros candidatos siempre saldrá ganando el candidato de Ciudadanos. Si Rajoy y Sánchez aceptan la celebración de debates con Rivera e Iglesias, es muy probable que estos dos últimos ganen algunos votos, entre otros motivos, porque se les está dando una posibilidad que antes de participar no tenían; pero, si no hay debates, Rivera también ganará, porque siempre pondrá exhibir que no se atrevieron a hablar con él. Haya o no haya debates, Rivera siempre triunfa. La Fortuna está con el líder de Ciudadanos. Rivera ya ha asumido su destino. No hará de las reglas del debate un campo de Agramante. Se someterá, pues, a las reglas que propongan los que tienen el poder de decidir cómo serán esas formas de ordenar los debates electorales.
Por otro lado, si Rajoy elude el debate con Rivera, siempre podrán decirle sus propios correligionarios que está escabulléndose de la responsabilidad de liderar, defender y explicar el proyecto del PP ante uno de sus principales adversarios políticos. Naturalmente, se podrá argüir que hay otras formas y tribunas para hacer política, pero, a tenor de la alta audiencia de este tipo de debates, más de cinco millones de espectadores tuvo el programa entre Rivera e Iglesias, parece evidente que los españoles prefieren escuchar a los primeros espadas por la televisión. Desde el famoso debate entre Nixon y Kennedy, que tuvo lugar hace 56 años, la política, la democracia política, cambió. La televisión se convirtió en un medio decisivo para ganar y perder elecciones. Quien pretenda ocultar este asunto impidiendo el debate con justificaciones cogidas por los pelos y procedimientos reglamentistas, aparte de incurrir en parcialidad, puede estar pegándose un tiro en su propio pie. Allá él. Pero, tal y como van las cosas, la negativa de Rajoy a debatir con Rivera no sólo me parece una actitud moral discutible, sino que puede resultar ineficaz para obtener más votos. O no, como diría el impasible Presidente del Gobierno.