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TRIBUNA

Cuando gobierna la deshonra

Juan José Vijuesca
miércoles 25 de noviembre de 2015, 19:42h
Actualizado el: 25/11/2015 21:06h

Quizás por un raro ensalmo de los que se confieren un poder terrenal, por aquello de ostentar bastón de mando, se alargue la sombra de los más necesitados. No me estoy refiriendo a ese histórico e injusto drama, cuyas navidades por sí solas se encargan de vilipendiar a los que menos tienen mientras la taxidermia que practican ciertos organismos e instituciones con esta penuria social, hace el resto. Nada de eso viene a cuento. En esta ocasión es mucho más deshonrosa, diría que mucho más ignominiosa, la medida tomada por el Gobierno tripartito de la Generalidad de Valencia y el Ayuntamiento gobernados en coalición por PSOE, Compromís y Podemos.

La mezquindad del acuerdo, tan ruin como vergonzoso, de retirar las ayudas directas a las ONG´S Cáritas, Cruz Roja y Banco de Alimentos, bajo el argumento de “evitar el clientelismo” según palabras de Mónica Oltra, a la sazón vicepresidenta y portavoz de la Consejería de Igualdad de la propia Generalidad, ha dejado al descubierto las flaquezas de quienes adolecen de la mínima preparación, no solo como entes de gobierno al servicio del ciudadano, sino como adalides de un cambio prometido cuando opositaban a ocupar sitial de nueva jerarquía. La medida bien entendida podría ser considerada incluso como un delito de omisión del deber de socorro al semejante, porque no estamos hablando de ayudas suntuarias, nos referimos a seguir dando apoyo económico a instituciones benefactoras sin ánimo de lucro que luchan para que miles de familias que lo han perdido todo, su hogar, su trabajo y su honra, puedan sobrevivir.

A estas alturas de la vida, de la crisis o de la madre que parió a tanta mentira y tanto falaz, parece inverosímil que aún se ponga en duda la tarea silenciosa, humana y desinteresada que ejercen los cientos y cientos de voluntarios que emplean su tiempo para arrimar el hombro y pacificar una de las peores enfermedades que nos asolan como lo es la pobreza. Se trata de familias enteras sorprendidas por un estado de bienestar que ha desahuciado y traicionado a muchos para dar argumentos de mayor riqueza a otros. Pero una vez más, por desgracia, el revanchismo, el odio y la mala baba de quienes deberían ser gobernadores de la diferencia, fracasan en su misión. Y no será por cuanto preconizan en campaña, pero una cosa es el slogan y otra son los prejuicios ideológicos. Su laicidad no les permite entender como un número indeterminado de personas al servicio de la fe puedan dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento y a la vez sustituir sin ningún rubor a cuantos administradores de lo ambiguo ocupan escaños a golpe de pactos cuyo único mérito es flirtear con el fariseísmo.

Perdidos en la nada más absoluta están aquellos que por doctrina a sueldo toman decisiones de connivencia con la escasez del intelecto, porque no se trata de derrotar a enemigos que no existen, sino en aliarse con el débil, con el más necesitado, con la caridad de tantas víctimas en una sociedad compuesta por órganos de gestión, poderes públicos y ciudadanía, que por suerte o desgracia, en los juegos del hambre, no distingue color de la piel, condición religiosa ni acabado intelectual. Rara costumbre la de este país cuando gobierna la inoperancia extrema, enseguida en ellos se advierten las guerras de poder si media una sombra de rivalidad que pueda arrebatarles el sillón del consistorio; pero ya es sabido, una cosa es predicar y otra muy distinta es dar trigo, y esto, para algunos, parece importarles un carajo cuando pactan con el mismísimo diablo con tal de pillar un cuatrienio con gastos pagados y a base de negar el pan a muchos de los engañados en urnas.

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