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La división de poderes

Enrique Aguilar
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enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
miércoles 04 de junio de 2008, 22:47h
Uno de los artículos más famosos que integran los llamados Federalist Papers (1788) es el número 51, escrito por James Madison y referido a las “precauciones auxiliares” que, en opinión del autor, complementan la legitimidad democrática entendida como condición necesaria aunque no suficiente para el mantenimiento de un gobierno libre. Aludía Madison de este modo a la “doble seguridad” que ofrecía la división del poder entre sus diferentes ramas y, en un plano horizontal, entre el gobierno federal y los gobiernos provinciales.

En rigor, el artículo 51 no admite una interpretación independiente de los precedentes, en particular, del 47 y el 48. En el primero, Madison advierte sobre los riesgos que entraña la acumulación de todos los poderes en las mismas manos, hecho que significaba para él “la definición misma de la tiranía”. En el segundo, le asigna a ese riego un nombre preciso, por cuanto considera que es el poder legislativo el que, a expensas de los demás, había extendido por doquier los límites de su actuación. De ahí el imperativo, según se afirma en el 51, de “dotar a los que administran cada departamento de los medios constitucionales y los móviles personales necesarios para resistir las invasiones de los demás”. Si Montesquieu había dicho “el poder detiene al poder”, Madison dirá en cambio: “La ambición debe ponerse en juego para contrarrestar a la ambición”. Es una fórmula más descarnada que, en definitiva, venía a justificar el fortalecimiento del ejecutivo y la división de la propia legislatura mediante la creación de una segunda cámara.

En algunos países de Latinoamérica, donde la presencia omnímoda del ejecutivo avasalla las atribuciones parlamentarias, esta argumentación de Madison puede ser esgrimida en un sentido inverso. Hoy, en efecto, “la definición misma de la tiranía” radica en el llamado hiperpresidencialismo. Para la salvaguarda de nuestras libertades apelemos, pues, a la ambición de los legisladores y exhortémosles a hacer uso de los medios constitucionales que existen para canalizarla.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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