TRIBUNA
Goethe y nuestra época
Juan José Laborda
x
1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 27 de noviembre de 2015, 17:42h
He terminado de leer un libro titulado “Goethe. La vida como una obra de arte” de Rüdiger Safranski, uno de los mejores escritores alemanes sobre vidas y obras de grandes pensadores de esa nacionalidad cultural, como Schiller, Hoffmann, Nietzsche, Schopenhauer, Heidegger, etcétera, y su contexto histórico. La biografía de Johann Wolfgang von Goethe se sitúa en la misma perspectiva intelectual con la que Safranski analizó a sus demás biografiados: dentro de un continente filosófico, o lo que el idealismo alemán (con el que se identifica Safranski) denomina el continente “espiritual”.
Rüdiger Safranski (1945) fue discípulo de Theodor W. Adorno, el filósofo y musicólogo fundador de la Escuela de Frankfort, una corriente de análisis crítico del pensamiento reaccionario alemán (y su cúspide: el nazismo), y que también se caracterizó por exponer las consecuencias negativas que, según esa Escuela, tuvo la Ilustración europea, aunque Adorno, junto con su colega Max Horkheimer, se refirió más a la Ilustración alemana, mucho más moral y metafísica que, por ejemplo, la Ilustración francesa.
No conozco otras obras de Safranski (algo que me propongo remediar), especialmente las puramente filosóficas como “Romanticismo. Una odisea del espíritu alemán”, y con esa limitación puedo opinar que en la biografía de Goethe no se encuentran las ideas pesimistas de la Escuela de Francfort sobre la Ilustración, y lo que es más significativo, sobre la vigencia de sus valores humanísticos.
Con ocasión de su reciente visita a España, y cuando se publicó su libro sobre Goethe (2015, ed. alemana de 2013), Safranski ha realizado diversas entrevistas en las que ha opinado de muchas cosas. Seguramente, algunos lectores recordarán su frase, que, más o menos, venía a decir: “Hoy sólo futbolistas tienen la popularidad que gozó Goethe en su tiempo”.
Safranski es muy crítico con “la trivialidad” que se enseñorea en el llamado (ciertamente) “mercado cultural”, y de la Cultura (mayúscula) de nuestro tiempo. En unas declaraciones que hizo a Fernando Aramburu, el novelista español que vive en Alemania, al comparar el romanticismo de Schiller y de Goethe con el actual, Safranski dijo que romanticismo de hoy: “es un deporte de masas, trivial”.
Sus opiniones sobre nuestro presente tienen resonancias de Goethe, el gran escritor, poeta, científico naturalista y hombre de Estado, que él ha estudiado meticulosamente en este libro. Entre sus inacabables perfiles personales, Goethe aparece como un ejemplo de “equilibrio intelectual”. Aunque fue uno de los impulsores del romanticismo, pues su “Werther” (1774) sigue siendo hoy el paradigma de una vida impulsada por los sentimientos “románticos”, Goethe abominó de tal estilo moral y artístico, caracterizado por la espontaneidad irracional, pues acabó relacionándolo con las desmesuras de toda índole que generó la Revolución Francesa.
En efecto, los jacobinos revolucionarios fueron para Goethe expresiones de un romanticismo político que él rechazaba. Como tantos alemanes, su amigo Hegel entre otros, simpatizaron con los ideales primigenios de la Revolución Francesa, pero a partir del Terror, rechazaron sus orientaciones. Goethe reverenciaba a Napoleón como el hombre excepcional que devolvió el sentido del orden a la Europa posterior a Robespierre.
Es interesante saber que Goethe, con su clásico “equilibrio intelectual”, pensaba que el jacobinismo, como cualquier política revolucionaria, se caracterizaba porque llevaba a cabo la politización universal, es decir, la política lo invadió todo, pues cualquier actividad, incluido el arte o la ciencia, acababa teniendo fines políticos. No hace falta recordar cómo los poetas y los científicos fueron vigilados (y perseguidos) por los regímenes revolucionarios -y esa caracterización comprende a los bolcheviques, pero también a los nazis y a los diversos fascismos- .
Goethe nos ayuda a pensar sobre esta época posrevolucionaria en la que vivimos. Relacionando la “trivialidad” que señala Safranski, con el anticipador rechazo de la revolución de Goethe, y si además introducimos las recientes ideas de Byung-chul Han sobre la “transparencia”, ¿no estamos asistiendo a los últimos rasgos de un romanticismo trivial cuando vemos a candidatos a la presidencia del Gobierno explicarnos sus intrascendentes aficiones futbolísticas o culinarias? Esa politización universal, que ayer fue propia de los regímenes totalitarios, en estas democracias, regidas por encuestas y por publicidad, hoy se limitan a mostrarnos la trivial intimidad de los políticos, hasta llegar al desnudo integral, como hizo el líder de Ciudadanos, hace poco, en Cataluña.
Coda final: ¿acaso no es trivial el espectáculo que revolucionarios y secesionistas están representando en Cataluña, cuyos valores románticos tienen el efímero precio de las novedades de la temporada? Las rebajas llegarán pronto.
|
Consejero de Estado-Historiador.
JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.
|
1718lamartingmailcom/12/12/18
|