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El mito alemán

miércoles 04 de junio de 2008, 22:55h
Los nostálgicos de la aviación quizá recuerden al JU-52, uno de los primeros aviones civiles que utilizó Iberia para sus rutas europeas. Habrá, no obstante, quien lo identifique con el modelo de aeroplano que más tropas alemanas transportó durante la Segunda Guerra Mundial. Nazis. Una maldita palabra que estigmatiza a un magnífico pueblo, cuya aportación a la Humanidad no debe quedar mediatizada por la obra de un loco megalómano. Y una palabra con la que se caracteriza todo lo que envolvió a Alemania en unos años funestos para su dilatada historia. Los cuales, en contra de lo que muchos piensan, no empiezan en 1939, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, sino en 1919. En esta fecha se firmó en Tratado de Versalles, que ponía letra a las humillantes condiciones que rubricaban la derrota alemana en la Gran Guerra.

Dichas condiciones empobrecieron considerablemente a Alemania durante los años siguientes, y cimentaron un resentimiento que estalló en 1939. Pero no todo eran nazis. Pocos de los grandes oficiales alemanes estuvieron con su Führer, una vez vieron sus intenciones. Mucho menos sus tropas -salvo, claro está, las SS y voluntarios, que los hubo-; jóvenes movilizados por la fuerza y obligados a luchar en una guerra abocada al desastre. Nombres insignes en las academias militares de medio mundo son ignorados o mancillados por el gran público bajo unas siglas que no hacen justicia a sus cualidades personales. El general Guderian, por ejemplo, poco más pudo hacer en Stalingrado. Sí, en cambio, diseñando estrategias en la lucha de blindados, en cuyo campo era un maestro. Al igual que el almirante Dönitz, cuyas tácticas navales se enseñan hoy en la academia de la marina norteamericana en Norfolk (Virginia), amén de su maestría en la guerra submarina. Von Braun, padre de los cohetes, fue el alma mater del proyecto que cristalizó en la llegada del hombre a la luna. Y pocos estrategas habrá habido en la historia militar del siglo XX mejores que Rommel. Su muerte tuvo mucho que ver con el complot contra Hitler y su intervención en el mismo.

Pero fuera de esta época, hay mucho y muy bueno. Los BMW, por ejemplo. No, no sólo la automoción germana, que también. Sus coches suenan bien, pero su música, mejor. Ciertamente, Beethoven, Mahler y Wagner forman un trío de ases que pocos países son capaces de reunir. Pero también Kant y Schopenhauer en filosofía, y Goethe en literatura, y Caspar David Friedich -máximo exponente del romanticismo alemán- en pintura, y la saga de los Von Franquet en ingeniería, y su selección de fútbol, y su cerveza... Recordemos los horrores pasados para que no se vuelvan a repetir. Hay cosas sobre las que se debe reflexionar sin olvidar. Pero tampoco manchar a todo un pueblo que lleva construyendo Europa desde sus inicios.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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