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París, clima y debate

lunes 30 de noviembre de 2015, 08:27h
Este lunes comienza la cumbre del clima en París y, salvo sorpresa mayúscula, se puede escribir la crónica del último día de la misma: Comenzó con grandes esperanzas, los políticos se veían empujados a llegar a un acuerdo audaz por un grupo de manifestantes que expresaban con violencia sus argumentos, pero los resultados han sido decepcionantes y se espera que la próxima cumbre, la que hará el número 22, sea más productiva. De hecho la primera parte de este guión, que se repite desde hace décadas, ya se ha cumplido, con las esperanzas por todo lo alto y la violencia a pie de calle.

Algo de lo que pueda dar de sí la llamada COP21 también se puede adelantar. Hay grandes diferencias entre los dos principales actores, que son los Estados Unidos y la Unión Europea. Para esta última, los compromisos, legalmente vinculantes, de limitación de CO2, son una condición sine qua non. Para los Estados Unidos, sin embargo, esa es imposible de asumir. El proceso político en los Estados Unidos es mucho más democrático que en la UE, lo que permite que Europa pueda adoptar esas medidas, pero los EE.UU., no: en su caso todo tratado internacional tiene que ser aprobado por el Senado, no está en manos del presidente. Y el Senado es consistentemente contrario a este tipo de compromisos internacionales que limiten la capacidad de crear riqueza de las economías de sus Estados. Para salvar este escollo, Francia ha ofrecido a los Estados Unidos renunciar a la palabra “tratado” y a imponer legalmente los límites de emisiones.

Es fácil atrincherarse en la crítica a los políticos por no estar a la altura de las aspiraciones de los medios de comunicación, especialmente desde un medio de comunicación. Pero es necesario reconocer que el asunto es extremadamente complejo. Lo es el propio clima, y prueba de ello es que no hay un consenso científico sobre todos los determinantes de su evolución. Hay factores como el uso agrícola del suelo o el comportamiento del plancton que son importantes, y no los conocemos más que superficialmente. El propio papel del sol se deja a un lado pese a que, probablemente, es el principal factor en la evolución de la temperatura media de la Tierra. Todo ello contrasta con la seguridad con la que unos cuantos científicos, pero numerosos políticos y predicadores, hablan de la influencia del hombre en el clima.

No es cuestión de abandonar todo propósito al respecto, pues el asunto tiene la mayor importancia, porque –como bien dice el Presidente Hollande, no hay plan B, en cuanto que no existe planeta B-. Por eso es necesario contribuir al debate, desde una actitud científica y constructiva. Ese debate, no sin vencer unas enormes resistencias, ha comenzado ya a producirse. Sus efectos, como era previsible, no son favorables a las posiciones maximalistas con las que se mira a las cumbres del clima. De hecho, una encuesta solicitada por la BBC y realizada en 20 países muestra que el apoyo a un acuerdo salido de la COP21 es ahora menos fuerte que en anteriores ediciones. El debate, en cualquier caso, es la quintaesencia de la democracia, y no deberíamos renunciar a él.
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