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DESOBEDECER AL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

miércoles 02 de diciembre de 2015, 12:24h
Oriol Junqueras, su marioneta Arturo Mas y algunos de sus cómplices han anunciado que no obedecerán al Tribunal Constitucional...

Oriol Junqueras, su marioneta Arturo Mas y algunos de sus cómplices han anunciado que no obedecerán al Tribunal Constitucional. En la CUP han asegurado que se pasarán airosamente la sentencia por el arco del triunfo. El desafío al Estado de Derecho ha sido claro, rotundo e incuestionable, sin tapujos ni veladuras.

Mientras deciden cuándo entierran a Arturo Mas, los independentistas se recrearán en zaherir al Tribunal Constitucional. Luego vendrán los desacatos, más o menos encubiertos. La respuesta adecuada de la ley exige especial firmeza tanto por parte del alto Tribunal como por parte del Gobierno de la nación. Tal vez no haga falta acudir al artículo 155 de la Constitución ni tomar la decisión asumida en 1934 por el radical izquierdista Alejandro Lerroux, que envió al general Batet a tomar la Generalidad encarcelando a su presidente.

Prudencia y proporcionalidad, dentro de la más absoluta firmeza, es lo que hay que pedir al presidente del Gobierno y al del Tribunal Constitucional si se consumara el desafío secesionista. La fortaleza del Estado de Derecho puede imponerse sin necesidad de acudir a la Policía Nacional, a la Guardia Civil o al Ejército. Mejor sería solucionar el órdago con medidas políticas y judiciales. Los que desafíen al Tribunal Constitucional, que ha sentenciado la inconstitucionalidad de la declaración soberanista del Parlamento catalán, tienen que saber, en todo caso, que el Gobierno de la nación, sea cual fuere, estaría dispuesto a emplear, si resultara necesario, todos los instrumentos que le otorga la ley para que se respete la Constitución.