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En el corazón del mar: intentar medirle el pulso a Moby Dick

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
viernes 04 de diciembre de 2015, 09:39h
Actualizado el: 08 de diciembre de 2015, 16:30h
El oscarizado Rod Howard presenta su última película, En el corazón del mar, en la que aborda con tono un tanto desigual el drama del ballenero Essex, que sirvió de inspiración a Herman Melville para su gran obra Moby Dick. En el reparto, Chris Hemsworth, Benjamin Walker y Tom Holland.
En el corazón del mar : intentar medirle el pulso a Moby Dick

EN EL CORAZÓN DEL MAR

Director: Ron Howard
País: EEUU
Guión: Charles Leavitt, Rick Jaffa, Peter Morgan y Amanda Silver (basado en la novela Nathaniel Philbrick)
Fotografía: Jean-Claude Larrieu
Reparto: Chris Hemsworth, Benjamin Walker, Cillian Murphy, Tom Holland y Ben Whishaw
Sinopsis: En el invierno de 1820, Owen Chase y otros marineros de la tripulación del Essex sobrevivieron en alta mar en durísimas condiciones después de que el barco chocara con una enorme ballena blanca. Owen, obsesionado con la idea de dar caza al cetáceo, se enfrentó a las tormentas, al hambre y a la desesperación. Inspirada en la historia real en la que se basó Herman Melville para escribir el famoso relato Moby Dick.

Lo mejor: La recreación de la inmensidad del mar y el cachalote como la grandiosidad de la naturaleza frente a lo circunstancial del hombre
Lo peor: No hay un discurso coherente en el estilo y el tono | Se echa en falta un poco más de profundidad en los personajes

Transitar por la filmografía de Rod Howard es como subirse a una montaña rusa. Tan pronto te cuenta un cuento medieval como Wilow, que se anima con la comedia romántica Splash o se mete en el jardín –rentable, pero jardín a fin y al cabo- de adaptar un superventas como El Código Da Vinci. Osa dirigir a Jim Carrey en El Grinch o gana un Óscar con un drama como Una mente maravillosa. Acostumbrado a llevar historias reales a la gran pantalla –la propia Una mente maravillosa, Cinderella Man, Frost/Nixon, Rush- envueltas muchas veces en un halo de fantasía, parece que En el corazón del mar contiene todos los ingredientes para moverse a gusto entre la épica, la aventura y la historia. El problema es que esa inexactitud que en la trayectoria del cineasta puede resultar hasta divertida se traslada a los 121 minutos de película, resultado un conjunto desigual, que da demasiados bandazos y genera un punto de frustración a quien desea meterse en la trama y dejarse llevar.

La cinta propone acompañar al escritor Herman Melville durante su investigación previa a parir la ahora obra maestra de la literatura Moby Dick y reproduce uno de los acontecimientos reales en los que inspiró la épica caza de la gran ballena blanca: el hundimiento del ballenero Essex en el Océano Pacífico en 1820 y el posterior drama por el que pasaron sus naúgrafos para sobrevivir más de 90 días a la deriva. La cinta arranca con la visita de Melville al único superviviente del suceso tres décadas después. Junto a ambos, la película revive las desventuras del capitán George Pollard (Benjamin Walker) y del primero de abordo Owen Chase (Chris Hemsworth) junto a su tripulación, que van de la gran epopeya al drama claustrofóbico.

Y ahí está precisamente uno de los problemas de En el corazón del mar. Las secuencias en las que la virulencia del mar o la furia de un cachalote de tamaño, fuerza y sed de venganza sobrenaturales azotan a los protagonistas están rodadas con pericia, pudiendo funcionar como una cinta de puro entretenimiento en la que dejarse llevar por los efectos visuales y la heroicidad poética del protagonista. Y los tramos en los que la desesperación, el hambre y la sed se adueñan de los personajes atrapan a ratos por su crudeza –increíble el deterioro físico al que tuvieron que someterse los actores. Sin embargo, la alternancia constante de ambos estilos termina siendo agotadora. Demasiado abarcar, quizás. Como intentar medirle el pulso a Moby Dick: prometedora aventura con muchas probabilidades de que algo salga mal.

Además, en este vaivén de la cinta, se echa en falta más profundidad en los personajes. El conflicto entre Pollard y Chase es puro oro en medio del argumento de la película y, sin embargo, no se explota lo suficiente y se queda en dos momentos puntuales. Con alguna excepción, los secundarios no están apenas desarrollados, provocando que poco importen al espectador las bajas en la tripulación. Aún así, el reparto hace un trabajo solvente, destacando especialmente el del joven Tom Holland (Lo Imposible), el novato del ballenero, que cuenta por primera vez sus “abominables actos de supervivencia” a Melville casi treinta años después.

Positivo también, aunque colado en la trama de forma un tanto abrupta, es el discurso medioambientalista que esconde, en alguna capa, la película: la posición del hombre con respecto al planeta, la idea de supremacía de la especie humana sobre otros animales, los recursos naturales de La Tierra.

La obra de Melville no tuvo demasiado éxito tras su publicación en 1851. Sin embargo, sí se consideró enciclopédica, casi pedagógica, al describir de manera muy pormenorizada las técnicas para la caza de ballenas, las herramientas y los modos de extracción del por entonces preciado aceite ballenero que se utilizaba como combustible a mediados del siglo XIX. Y, en este aspecto, la cinta de Howard también hace un trabajo muy elaborado, curioso y sorprendente que, explícito hasta la arcada en algunos casos, es de lo mejor de la cinta. Quizás también En el corazón del mar esté siendo, de algún modo, incomprendida, y se considere en el futuro una obra maestra. Tampoco sería la primera vez.
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