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TRIBUNA

Venezuela: oposición libre

lunes 07 de diciembre de 2015, 20:17h

Venezuela ha venido rigiéndose en los últimos diecisiete años por el ordeno y mando más propio de una dictadura que de una democracia. La libertad, uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos, como dijera Don Quijote a Sancho, era en el país caribeño un artículo demasiado lujoso y con un precio por las nubes para el goce de los venezolanos, como los pañales o el papel higiénico. Lo extraño es que algún aspirante a dirigir el gobierno español, experto en asaltar los cielos, no haya sabido o querido ver la tiranía que atenazaba a nuestra nación hermana, a la que llegó a alabar en una muestra de cinismo e incoherencia como una robusta y saludable democracia que perduraría por muchos años. Tras los bienvenidos resultados electorales la voluntad popular de Venezuela constituye ya un creciente fermento de disolución del absolutismo bolivariano en trance de desaparición.

El régimen chavista con falsas ideologías y engañosas promesas ha esclavizado al pueblo venezolano después de vaciar la despensa económica y el depósito de moralidad del país. Como hasta los embusteros necesitan un lenguaje que les permita mentir con precisión, la especialidad del régimen ha sido y seguirá siendo propalar mentiras y generar manipulación y fraude, amen de su alarmante insistencia en gestionar las cosas mal. La tarea de insultar a que son tan aficionados los totalitarismos, ha hecho que el chavismo desarrolle en materia de insultos una técnica propia de ataques soeces, insultos plebeyos e inculpaciones calumniosas. Aquella oportuna y elegante interpelación ¿Por qué no te callas? dirigida al tirano del Caribe por el Rey Juan Carlos no sólo constituyó una defensa de la libertad, sino también una firme muestra de oposición a un reyezuelo tan extravagante como bárbaro.

El furor devastador, abominable y repulsivo de la revolución bolivariana, remedo de la bolchevique, dejó paso a otro furor idólatra, adulador y repugnante, también reproducción de aquella, que elevó a pedestales insospechados y absurdos en pleno siglo XXI a un dictador implacable, cruel y despreciable. El aprendiz Maduro, ignorante de lo que es el juego limpio, ha basado toda su deleznable y corrupta trayectoria hacia el precipicio en un culto a la personalidad más propio de la exaltación estalinista que de un dirigente con alteza de miras y perspicacia histórica. Durante estos tiempos de pesadumbre pero a la vez de coraje, los venezolanos han sido adormecidos por asombrosas ilusiones y heridos por las coacciones más crueles. La presión sociológica y física del régimen contra la libertad ha sido apabullante. En momentos decisivos para Venezuela como los presentes, no basta con que Maduro reconozca la victoria de la oposición. Debiera también superar su sectarismo y devolver la libertar arrebatada a los opositores que permanecen injustamente en prisión por motivos políticos. Tras el voto libre, una oposición también libre.

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