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Lo que revela el triunfo del Frente Nacional en Francia

miércoles 09 de diciembre de 2015, 11:58h
No se descartaba ni mucho menos un considerable respaldo al Frente Nacional en la primera vuelta de las elecciones regionales francesas. De un tiempo a esta parte, el partido de Marine Le Pen ha ido creciendo en apoyos y ya obtuvo un excelente resultado en los comicios europeos del pasado año, consiguiendo un más que nutrido grupo de eurodiputados. En ese momento, todas las otras fuerzas del país vecino se echaron las manos a la cabeza y se rasgaron las vestiduras. En especial, el Partido Socialista francés que se dio de bruces con una catastrófica respuesta de los electores, cosechando un magro 13,98 % frente al 24,86 % con el que se alzó la ultraderecha del Frente Nacional.

El primer ministro del Gobierno de François Hollande, Manuel Valls, dijo que lo sucedido no era “una alerta, sino un terremoto para todos los responsables políticos” y que atravesábamos un momento de gran gravedad no solo para Francia sino para toda Europa. Tras el impacto, los socialistas galos se propusieron llevar a cabo una reflexión profunda y extraer las lecciones de la debacle. Pero parece que esa reflexión no ha sido todo lo profunda y provechosa que exigía la situación. Porque ahora si bien Marine Le Pen ha propinado un duro golpe a Los Republicanos, el partido liderado por Sarkozy, el varapalo a los socialistas ha sido monumental.

Es claro que el triunfo del Frente Nacional, que practica un populismo de extrema derecha que no deja de darse la mano en ciertos aspectos con el de los radicales de extrema izquierda -la más que cordial relación de Marine Le Pen con Alexis Tsipras no le va a la zaga con la que mantiene Pablo Iglesias con el líder de Syriza-, resulta inquietante al suponer un cada vez mayor asentamiento de una formación con mucho de antisistema en el propio corazón de Europa.

Pero también revela las hondas contradicciones del socialismo galo, con un François Hollande cuya popularidad creció enormemente por su firme y rápida respuesta al yidahismo, hecho que no se ha reflejado, sino todo lo contrario, en las urnas. Parece que los franceses no olvidan que los socialistas, los más castigados en los comicios regionales, alcanzaron el poder con una serie de promesas que luego incumplieron acuciados por la realidad que casaba muy mal con lo que vendieron en la campaña. Lo cierto es que hoy Francia con la gestión socialista sufre un alto nivel de paro y no consigue vencer la crisis económica. Esperemos que desde ya mismo hasta las elecciones presidenciales, a celebrar dentro de dieciocho meses, los socialistas franceses reflexionen con más eficacia que desde el “terremoto” de los comicios europeos hasta ahora. Una reflexión que, no obstante, también debe emprender la formación de Sarkozy. La posibilidad de una ultraderechista en el Eliseo ya no es ciencia-ficción.
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