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EN TRES TIEMPOS

Elecciones, campañas y democracia

martes 15 de diciembre de 2015, 19:49h

Una de las cuestiones más interesantes de la política mundial durante este 2015, y que continuará el 2016, es la permanente presencia de procesos electorales en los más diversos lugares. Podríamos decir que la cuestión comenzó hace algunos meses, con el proceso que vivió Grecia y que culminó con la consolidación de Syriza en el gobierno de un país sumido por la crisis económica, y que sigue desarrollándose hoy en Europa, Estados Unidos y América Latina. En muchos de estos casos no sólo hay resultados novedosos, sino que también hay procesos interesantes, candidatos que merecen la atención por razones diversas, partidos que provocan situaciones novedosas, interés, amenazas, esperanzas, preocupaciones.

En los procesos cerrados, podemos destacar la situación de América Latina, específicamente Argentina y Venezuela, países que han recibido el correspondiente análisis y que tienen una proyección insospechada de cambio a nivel regional. En pocos días en la Casa Rosada, Mauricio Macri ya ha dado algunas señales sobre la forma en que conducirá a Argentina hacia el desarrollo, esperando sacarla de la postración en la que "la era K" dejó al país trasandino. Un estilo de integración, convocando a los candidatos derrotados a conversar; una inmediata baja de impuestos, como señal a favor de las personas y del emprendimiento; varias conferencias de prensa y entrevistas, que permiten abrir el gobierno a la sociedad, contestar las dudas, plantear propuestas. El caso de Venezuela es más complejo, porque Nicolás Maduro -después de un reconocimiento inicial de su derrota- ha iniciado una serie de amenazas que tienden hacia la confrontación y la consolidación del régimen dictatorial, más que a sacar las consecuencias de la manifestación de la voluntad popular, dejando las preocupaciones y peligros instalados en la sufrida sociedad venezolana.

Hay dos casos internacionales que llaman la atención por distintas razones, como son Estados Unidos y Francia. En el caso del país galo, tuvo elecciones provinciales estas últimas semanas, con una situación bastante compleja, que situó al Frente Popular como una fuerza considerable en la primera vuelta, haciendo resurgir los peligros del populismo, el racismo y filofascismo que ha sido denunciado en otras oportunidades. La segunda vuelta demostró una realidad ambigua: a la imposibilidad de ganar las mayorías necesarias para formar gobiernos provinciales, se suma que el partido de los Le Pen sí logra consolidarse como una fuerza política gravitante, y nada hace pensar que la situación vaya a cambiar en el futuro, sobre todo con la complejidad añadida de la amenaza terrorista y el resurgimiento de la xenofobia en ciertos ambientes franceses.

El caso norteamericano tiene una doble importancia. En primer lugar, porque debe ser de las elecciones más largas y pedagógicas del mundo entero, con meses y meses de trabajo para las famosas primarias, presentación de numerosos candidatos de parte de los republicanos, y una forma más concentrada en el liderazgo de Hillary Clinton en el caso de los demócratas. ¿Qué va a ocurrir? Como suele suceder en el modelo de Estados Unidos, las cosas están abiertas y después de algunos resultados en estados determinados podría darse una evolución en uno u otro sentido, se levantan candidatos y caen otros, hasta llegar al proceso decisivo de resolución de la persona que ocupará la Casa Blanca, que en esta ocasión -y por primera vez en su historia- podría ser una mujer. El segundo aspecto se refiere a la polémica candidatura de Donald Trump. El millonario norteamericano se ha encargado de ponerle pimienta a las elecciones, instalando temas complicados en la agenda (por ejemplo respecto de los inmigrantes o de los musulmanes, también con descalificaciones a los latinoamericanos), ganando portadas, levantándose con un apoyo importante pero insuficiente, y generando preocupación no sólo en la opinión pública, sino que también al interior de los propios republicanos. Ellos ven a Trump con posibilidades de ganar las primarias a una persona que tiene muchas ideas no sólo "políticamente incorrectas", sino derechamente negativas para el futuro de los Estados Unidos, además de usar un lenguaje lamentable y odioso.

Finalmente, debemos destacar el caso de España, cuya ciudadanía asistirá a las urnas el próximo 20 de diciembre para resolver su futuro gobierno para los próximos años. Esto ocurre tras una década muy difícil, sobre todo en el ámbito económico, pero también en el plano político, lo que ha generado cierto desafecto hacia los grupos que tradicionalmente disputaban el poder en el país, como era el Partido Socialista Obrero Español, que gobernó con Rodríguez Zapatero hasta fines del 2011, y el Partido Popular, que lo ha hecho en los últimos cuatro años con Mariano Rajoy.

El actual líder del PP va a la reelección, y enfrenta a tres fuerzas importantes. Desde luego, al PSOE, ahora liderado por el joven Pedro Sánchez, el nuevo movimiento Ciudadanos de Albert Rivera y, finalmente, Podemos de Pablo Iglesias, que busca desafiar a "la casta" y que emergió con fuerza el 2014. Hay un par de situaciones que conviene tener en cuenta para el actual proceso, que sin duda es uno de los más originales y apasionantes que ha tenido la democracia española desde su restauración hace casi cuatro décadas.

En diversas encuestas estas cuatro fuerzas aparecen como relativamente equilibradas, lo que auguraría un resultado incierto en las elecciones del domingo. Algún sondeo incluso ha situado a las tres primeras como prácticamente empatadas. Sin embargo, a una semana de las elecciones, una encuesta de Metroscopia consolida a los populares como primera fuerza, con 25,3% del apoyo, frente a los demás partidos que se ubican bastante equivalentes entre ellos: el PSOE tiene 21%, Podemos un 19,1% y Ciudadanos un 18,2% del apoyo.

Otro aspecto interesante se refiere a los debates. Hubo uno sin la participación de Mariano Rajoy, al que asistió Soraya Sáenz de Santamaría en representación del partido de gobierno, y otro en el cual se enfrentaron los líderes de las dos grandes fuerzas políticas históricas de la democracia española, dejando a los dos grupos emergentes al margen de la discusión. Lamentablemente, se ha visto más lodo que ideas, más ataques que propuestas, más pirotecnia que debate político, aunque es difícil que todo esto tenga algún efecto electoral relevante.

El tema de fondo, para el caso español, es lograr una opción de gobierno que tenga la fuerza para permitir la consolidación de la recuperación económica y lograr que los españoles vivan mejor en el mediano y largo plazo. El Partido Popular, en este sentido, lleva mucho avanzado, pero sólo el domingo se sabrá cómo se viene el futuro.

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