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Policía europea de fronteras

EL IMPARCIAL
jueves 17 de diciembre de 2015, 09:21h

La mayor crisis de refugiados de los últimos tiempos ha lanzado a Europa un desafío de enorme envergadura. De tal calibre que parece que Europa se encuentra zarandeada por la complejidad del reto en el que no resulta fácil ciertamente compaginar la imprescindible solidaridad con miles y miles de personas que vienen huyendo de la barbarie con una política que no sea un mero brindis al sol sin tener en cuenta condicionantes reales para la acogida. Una situación más complicada, si cabe, en cuanto que esa barbarie de la que huyen los refugiados ha actuado brutalmente en Europa y estamos bajo su permanente amenaza.

De ahí que las medidas han de ser extremas. Máxime cuando después de la horrible tragedia que sacudió recientemente a Francia, y en con ella a todo Occidente, se tuvo la inquietante sospecha de que algunos de los terroristas atacantes se habían movido, se estaban moviendo, con libertad y sin cortapisas por Europa. Ante ello se planteó incluso la opción de modificar el llamado espacio Schengen que, como es sabido, permite la libre circulación y libertad de movimiento de ciudadanos comunitarios, y agiliza los trámites de los extracomunitarios. Suprimir el espacio Schengen resultaría un triunfo de los terroristas.

Pero Europa no puede quedarse paralizada ante la amenaza de la yihad ni ante el continuo y masivo flujo migratorio que, por otro lado, no cesará hasta que no cambie la situación en sus países de origen como la castigada Siria. La Comisión Europea ha lanzado una ambiciosa propuesta de poner en funcionamiento una nueva policía europea de fronteras que contaría con una plantilla fija de 1.000 agentes y otros 1.500 adicionales provenientes de los Estados miembro. La propuesta merece estudiarse desde una visión favorable, pues con voluntad de acuerdo de los Veintiocho pueden limarse sus aspectos más polémicos en cuanto a cesión de soberanía, ya que sin duda sus ventajas serían mayores que sus inconvenientes, sobre todo estando como estamos en unas circunstancias extremas. Para salvar el espacio Schengen ha de reforzarse el control de las fronteras exteriores, como bien ha señalado Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión. Además de intensificar la colaboración policial entre los países, una Guardia Europea de Costas y Fronteras puede ser una medida óptima.

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