Agresión a Rajoy y fanatismo en las redes
EL IMPARCIAL
viernes 18 de diciembre de 2015, 00:17h
Actualizado el: 18/12/2015 00:23h
Ha sido el propio presidente Mariano Rajoy quien ha pedido que no se utilice dialécticamente la agresión que sufrió en las calles de Pontevedra, actitud que le honra en cuanto denota su propósito de no sacar ningún rédito electoral a tan desagradable e inaceptable incidente. Es cierto que la reacción de los restantes líderes políticos en pugna por la presidencia ha sido rápida e impecable, condenando inequívocamente el altercado, y también no es menos cierto que en su conjunto la campaña que ahora termina se ha caracterizado por una práctica total ausencia de intimidaciones o agresiones físicas. La brutal violencia con la que se condujo el menor de edad contra Mariano Rajoy por esta vez se ha quedado circunscrita a un hecho aislado.
Lo preocupante, pues, no está en el desenvolvimiento pacífico de esta campaña electoral, sino en que el incidente resulte un anticipo de una actitud larvada, que muestre su verdadera cara en un futuro. Si no ha existido violencia física, sí podemos estar seguros de que se viene fraguando una inadmisible violencia verbal que ha encontrado su cauce preferido en las redes sociales y ciertas publicaciones radicales en el ámbito digital. En su inmensa mayoría pertenecientes a la militancia de la izquierda y posiciones antisistema. El propio adolescente que ha protagonizado el asalto a Rajoy es un representante prototípico de ese sector que se alimenta con una salvaje agresividad verbal. Ahí se percibe un creciente cultivo de la intransigencia, del sectarismo, del desprecio al otro desde posturas cavernícolas. ¿Durante cuánto tiempo ese vivero de odio se va a mantener sumergido en las redes digitales y cuándo será el instante en el que salte al ataque físico directo?
No parece que ni desde las organizaciones políticas ni desde los centros educativos se esté haciendo lo suficiente para cortar de raíz ese caldo de cultivo de la intolerancia. Da la impresión de que muchos no han tomado conciencia, o no les interesa reconocer, el severo peligro que esto encierra. Desde determinadas terminales políticas se viene fomentado esa irracionalidad y fanatismo, protagonizada en más de una ocasión por cargos electos. A su vez, el sistema educativo delata aquí fallos sustanciales: un síntoma más de la urgencia por acordar entre todos una enseñanza de calidad por encima de rivalidades políticas.
Necesitamos que se eleve el tono ilustrado y racional de la ciudadanía, y se lamine de forma radical todo carácter energúmeno alentado irresponsablemente en ese sexto continente que es la red de Internet. Solo así se conseguirá que en un futuro los altercados políticos violentos se limiten a un caso aislado como el ocurrido en este final de campaña.