Muchas crisis
jueves 05 de junio de 2008, 22:03h
Sigue Zapatero negando a toda costa (sin Juan) que lo que tenemos encima es una crisis económica como la copa de un pino. Es un simple constipado para el que receta un analgésico. Nada de antibióticos y mucho menos cirugía, ni siquiera estética. Vivimos en el mejor de los mundos.
Con idéntica fuerza (aunque escasa convicción) con la que se niega la crisis económica, se carece de reparos para emplear la palabra crisis para definir lo que el PP está viviendo (sufriendo). ¡Menuda crisis! Quienes eran hermanos ahora se niegan el saludo y han dejado de celebrar los cumpleaños respectivos. El jeroglífico de que habló Zapatero se ha convertido en el damero maldito de Conchita Montes. A muy pocos días del cónclave de Valencia cabe augurar que todos serán perdedores y huérfanos millones de electores.
La crisis del Partido Popular tiene una única ventaja. El Gobierno está quieto y no lanzado a articular ocurrencias de memorias históricas y otras lindezas con las que nos deleitó la pasada legislatura. El Gobierno parece seco, inmovilizado. Es como si hubiera prolongado el descanso post-electoral. Ha colocado el cartel de “descanso del personal”, aunque también para tomar medidas económicas y fiscales. Pero el Gobierno no está en crisis. Se encuentra sólo, sin oposición, sin nadie que le tosa. Bueno, excepto Ibarretxe que se ha propuesto fastidiarle las vacaciones con su tramposa consulta.
Pero no es únicamente el PP el que está en crisis (de identidad) sino el arco parlamentario al completo. A pesar de que hacia fuera lanza un único discurso, el PNV vive una crisis profundísima (latente) por más que el sector de Josu Jon Imaz -que marchó a Estados Unidos- permanezca callado. Tampoco Izquierda Unida es la personificación de la alegría, pero este partido (o federación de partidos, pues nunca se sabe muy bien qué es) está acostumbrado a la antropofagia. Convergencia i Unió, tras la pérdida de la Generalidad de Cataluña, no encuentra tampoco su sitio y las puyas entre unos y otros son el pan nuestro de cada día. En Esquerra Republicana de Cataluña están asimismo a tortas entre los seguidores de Puigcercós y los de Carod y aunque sigan teniendo su cuota en el Gobierno catalán han perdido mucho impulso y no pocos votos. Coalición Canaria, por su parte, ha dejado de ser un partido de todo el archipiélago canario para limitarse a la provincia de Tenerife, en la que concentra la práctica totalidad de sus cargos electos.
Con este panorama, claro, Zapatero campa a sus anchas. Disfruta de una posición envidiable para hacer y deshacer. Tiene su partido férreamente controlado y enfrente no hay nadie. Es posible que ahora, en su segunda legislatura (que de seguir así las cosas no será la última), le dé por hacer política internacional una vez que pierda su timidez y se lance por esos mundos. La economía interna se ve que no le gusta.
Los partidos, salvo el PSOE claro, están en crisis, pero también las instituciones. ¡Qué decir del Tribunal Constitucional o del Consejo General del Poder Judicial! ¡O de los organismos reguladores! Pero esta crisis merece un capítulo aparte.
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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