www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Ortega, todavía

Juan José Solozábal
jueves 05 de junio de 2008, 22:52h
La primera contribución al nacionalismo español de Ortega, y tal vez la más importante, la constituye su idea optimista de España, ligada a su visión proyectiva del hombre, volcado al futuro, a su tarea de hacer (se) con las cosas. La nación como el hombre no puede ensimismarse ni aspirar a repetirse inmóvilmente. Ha de vivir volcada hacia delante, destinada a competir y a afirmarse entre las demás. Las energías españolas, superando viejos demonios y antes de nada el “señerismo” o apartismo de los integrantes territoriales, sólo requieren de la convocatoria de un gran proyecto común.

La significación nacional del pensamiento orteguiano resulta asimismo de su reflexión sobre la descentralización española que llevó a cabo a partir de unos estándares de finura y acierto extraordinarios. De manera que sin exageración alguna puede verse, como ha hecho don Eduardo García de Enterría, contenida en Ortega la mejor justificación del Estado Autonómico. Para Ortega la autonomía política no debe saludarse como la respuesta institucional a las demandas identitarias de los nacionalismos, según creía sucedía en la visión azañista del Estado Integral, sino como un modo de modernizar el Estado y superar su torpeza. Se trataba, en “la refacción de España” de dinamizar las energías de su territorios, de fomentar la “rebelión de las provincias”. Al mismo tiempo se daba la ocasión de que se experimentasen élites y políticas en un limitado espacio antes de saltar a la arena nacional. No pensaba Ortega en una autonomía acotada a lo que él llamaba la España arisca, sino generalizada.

Ortega ofreció de este modo una justificación técnica antes que política de la descentralización (en relación con nuestro país, no gustaba de hablar de federalismo), en la línea de lo que hoy es común en la mejor literatura sobre este sistema, considerado, más que como un vehículo para organizar la diversidad, como un modo de mejorar la administración y fomentar las oportunidades de la democracia.

El nacionalismo, creyó acertadamente Ortega, es muy difícil de tratar institucionalmente. Adoptó una visión escéptica y bien sabia al respecto, identificándolo con los problemas del viejo Estado, con su atraso e ineficiencia. No podría sospechar que también estimula al nacionalismo la modernización y el éxito españoles, como lo prueban las vicisitudes actuales. Pero la actitud de Ortega ante los particularismos territoriales cauta y moderada, casi resignada, de indisimulable condescendencia, conserva plena validez.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios