Todo el mundo sabe la solución. España es así. Repito: extrema. Exagerada. La excepcional España necesita soluciones excepcionales. O Gobierno de Gran Coalición o repetición inmediata de las elecciones. De momento, la cosa es sencilla de resumir: por un lado, Podemos, junto a Ciudadanos, han roto, definitivamente, el bipartidismo, pero no consiguen que dimitan Rajoy ni Sánchez. Podemos tampoco alcanzará un poder capaz de conformar un gobierno sensato con los socialistas, o sea su poder pudiera ser tan efímero como sus múltiples coaliciones…Un placebo para los enloquecidos separatistas y los viejos comunistas, pero también estas personas merecen respeto. Rajoy y Sánchez han perdido estrepitosamente con respecto a las elecciones de 2011, pero no dimitirán. Aquí nunca dimite nadie. La peor España también sale en estos casos. El paquidermo del bipartidismo está muerto, pero sus enormes patas lo mantienen de pie. Por otro lado, Ciudadanos ha conseguido unos resultados decentes, pero sus dirigentes tendrán que ser muy listos y estar muy atentos a todos los movimiento que se producirán a partir de ahora; por supuesto, tendrán que hacer mucha autocrítica de la segunda parte de su campaña electoral.
A pesar de todo, sigue siendo la gran esperanza, la gran alternativa, para detener el secesionismo catalán y llegar más pronto que tarde a la Moncloa. ¿Cuál es ahora la principal responsabilidad de Ciudadanos? La respuesta está en la historia, o mejor, en la experiencia de Ciudadanos. “Vuelta” en serio a su camino: “todo por la estabilidad nacional”. España, el Estado-nación democrático, es lo primero. Ciudadanos tiene que seguir haciendo ese camino. Persistir en su destino. La repetición de estas elecciones no asegura que salgamos del atolladero al que nos ha llevado el régimen bipartidista. Resucitemos al gran estoicismo español: hagamos de la necesidad, sí, virtud. Los perdedores, como los que luchan entre ellos, se abrazan. Ciudadanos tiene que luchar por un gobierno de Gran Coalición. Bravo, pues, por su propuesta del miércoles 23 de diciembre.
Y, sobre todo, tendrá que renunciar por completo a los espejismos de las encuestas y las tretas de los grandes medios de comunicación. No se deje embaucar por las técnicas del marketing de la vieja política. Persista en su discurso y acción. Defiendan lo que a todos nos da vida: España. Ponga su partido al servicio, como han hecho ya en las Autonomías, de una España de Ciudadanos libres e iguales ante la ley. Sin duda alguna, Ciudadanos tendrá que ser el primer colaborador, si es que no queremos usar la palabra partero, de una Gran Coalición de partidos que, cómo no reconocerlo, son perdedores. He ahí la tragedia: son unas elecciones fracasadas. Todos somos perdedores. Nadie tiene posibilidad de formar, se dice pronto, gobierno. Ciudadanos tendrá que ganarse el pan permanentemente, incluso ahora más que nunca, porque nació para detener la tragedia pero ésta nos persigue. Por eso, Ciudadanos no podrá recurrir al regateo y las viejas mañas de los partidos clásicos. No deberá escatimar esfuerzo. No puede estar un solo día en silencio. No deberá esconderse en ser solo un grupo parlamentario sólido y coherente. Desde el principio, tendrá que ser claro y diáfano, e intentar que lo imposible, alcanzar un gobierno de Gran Coalición, sea posible. La noche del 20-D ha sido dramática para España. Que no se convierta en una tragedia definitiva será la gran responsabilidad de Ciudadanos. Tendrá que hacer política a lo grande. Si tenemos en cuenta el comportamiento de Rajoy e Iglesias durante la campaña electoral, tengo la impresión de que estos dos actores políticos no serán los primeros interesados en una Gran Coalición; más aún, intentarán quemar todos los plazos posibles, y quizá sean los primeros en pedir la repetición de las elecciones, pero no es hora de especulaciones sino de trabajo. Ciudadanos tiene la obligación ineludible de justificar por tierra, mar y aire que se dan todas las condiciones históricas, sociales, económicas y, sobre todo, políticas para alcanzar una Gran Coalición entre los grandes partidos.
La situación es de emergencia nacional. Nunca se han dado de modo tan explícito las condiciones que coadyuvan a esa salida. Basta pasar revista a las más inmediatas y se nos pone el vello de punta: los resultados electorales son endemoniados; el riesgo de secesión de Cataluña es cada vez más elevado; el derecho de decisión que defiende Podemos es lo único que “vertebra”, es un decir, a un partido sin columna vertebral (por eso, sí, le llamo partido ameba); la presencia de los grupos separatistas en el Congreso de los Diputados es tan holgada que podrían hacer insufrible una sesión parlamentaria a un gobierno de un solo partido; la situación de la deuda española empieza a estar otra vez en peligro… En fin, sin un Gobierno excepcional no podremos salir de una situación calamitosa. O Ciudadanos se embarca en esta tarea de la Gran Coalición o corre el peor de los peligros, a saber, la autocomplacencia de esperar a ver qué pasa. Del triunfalismo, si es que alguna vez lo hubo, no puede pasarse al derrotismo y menos a mirar para otro lado. Aplíquese la sentencia del gran Rilke: “¡Quién habla de éxitos! Levantarse es todo.”