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Las amistades peligrosas de los socialistas portugueses

viernes 25 de diciembre de 2015, 11:05h

En las últimas elecciones portuguesas, celebradas hace poco más de dos meses, la lista más votada fue la coalición de centro derecha liderada por Pedro Passos Coelho. Sin embargo, al no conseguir la mayoría absoluta, se precisaba llegar a pactos para no sumir al país en una situación ingobernable. El presidente de Portugal, Aníbal Cavaco Silva, muy preocupado por lo que podía avecinarse, abogó por el entendimiento entre la formación de Passos Coelho y el Partido Socialista de António Costa. Cavaco Silva esgrimió no solo sensatez sino suficientes argumentos, recordando las coincidencias entre los dos, y cómo, de hecho, se habían puesto de acuerdo en algunas ocasiones, e invocó que, en un Portugal que no podía retroceder en las mejoras -conseguidas con mucho sacrificio-, debía imponerse el interés superior nacional frente a intereses coyunturales y partidistas.

El Partido Socialista reaccionó visceralmente en contra, jaleado por el Partido Comunista y el Bloco de Esquerra, partido en la línea de Syriza y de Podemos. En esas circunstancias, Passos Coelho formó Gobierno, pero fatalmente destinado a ser el más breve de la historia de la democracia en Portugal. El Partido Socialista planteó una moción de censura, apoyado por la izquierda radical y los ecologistas, y António Costa se convirtió en primer ministro.

Ahora, al mes de llegar Costa al cargo, ya se ha producido el primer grave encontronazo con sus socios radicales, pues el Ejecutivo ha tenido que llevar a cabo una rectificación del Presupuesto motivado por la venta del Banco Internacional de Funchal al Santander. Los socios de Costa rechazaron de plano la rectificación, dejándole en la estacada a las primeras de cambio. Para no incrementar la compleja situación portuguesa, acudió en auxilio de Costa precisamente el partido de centro derecha de Passos Coelho, cuya abstención en la votación parlamentaria hizo posible sacar adelante la rectificación presupuestaria.

A juzgar por lo sucedido, parece que los socios del Partido Socialista van a resultarle unas amistades peligrosas. Con la decisión del Partido Socialista de echarse en los brazos de la izquierda radical para conseguir el poder no es precisamente estabilidad -imprescindible para el progreso-, lo que va a prevalecer en el país vecino. Bien diferente es lo que sucede en Alemania con un pacto, sin menoscabo para ninguno de los dos, entre la socialdemocracia y la Unión Demócrata Cristiana de Ángela Merkel. ¿Preferimos lo que ocurre en Alemania o en Portugal? Aviso para navegantes.

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