El pasado jueves 24 de diciembre el Rey Felipe VI pronunció su Mensaje de Navidad a los españoles. Resulta bastante claro que además de un tradicional saludo de fin de año, las palabras del monarca tenían el sello propio de las recientes elecciones en España que, en la práctica, entregaron un resultado abierto y que hace bastante compleja la organización del nuevo gobierno, como ha ido quedando claro con el paso de los días.
El Partido Popular ganó, pero no logra mayoría ni siquiera con la segunda fuerza más afín, y además disminuyó mucho su respaldo popular y su representación parlamentaria. El Partido Socialista Obrero Español cayó nuevamente, pero tiene posibilidades de formar gobierno, aunque con una izquierda amplia, una especie de Frente Popular, a lo que no todos están dispuestos. Entre las novedades se incorporó con fuerza Podemos y Ciudadanos, que adquieren presencia en el Congreso de los Diputados, y además son agrupaciones con gran futuro político, aunque en una época en que el futuro se presenta realmente impredecible.
Por eso, las palabras del Rey Felipe deben ser entendidas no sólo en lo que el monarca dijo, sino que también en el contexto en que pronunció sus palabras, y en sus posibles significados simbólicos, pero también políticos.Si hay un aspecto que guía el conjunto del Mensaje de Navidad es el orgullo por España y el valor que tiene ser y sentirse español, no sólo en tiempo presente, sino que también a través de la vida histórica del pueblo.
Como parte de lo que ha sido el mensaje habitual desde que asumió Felipe, recordó lo siguiente: "En mi discurso de proclamación manifesté que en la España constitucional caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben las distintas formas de sentirse español; de ser y de sentirse parte de una misma comunidad política y social, de una misma realidad histórica, actual y de futuro, como la que representa nuestra nación".
Las palabras reales deben observarse e interpretarse con atención. Hay algunas frases que cobran especial importancia en el contexto actual, como la necesidad de "Fortalecer nuestra cohesión nacional", precisamente en un momento de crecimiento del separatismo especialmente en Cataluña, tema que ha estado de telón de fondo electoral y en diversas discusiones de los últimos años.
También resulta interesante el rechazo de Felipe a la posibilidad de "la imposición de una idea o de un proyecto de unos sobre la voluntad de los demás españoles", en lo que ciertamente hace una reflexión que tiene que ver con la historia, pero que también puede apreciarse en relación a una crispación política creciente, donde los adversarios a veces aparecen como enemigos, la defensa de posiciones propias intransables resulta más relevante que la búsqueda de acuerdos que era la lógica de la transición.
Por supuesto, no puede dejar de destacarse la siguiente afirmación: "Respetar nuestro orden constitucional es defender la convivencia democrática aprobada por todo el pueblo español". En efecto, el surgimiento de la democracia española hace casi cuatro décadas tuvo como uno de sus fundamentales principales una Constitución madurada por el conjunto de la sociedad, y que sirvió de base al progreso de España que no tiene parangón en su historia. Lo mismo puede decirse del fortalecimiento democrático y la continuidad institucional logrados en las últimas décadas.
Ya en la parte final de su Mensaje, el Rey Felipe señaló: "esta noche quiero reiterar un mensaje de serenidad, de tranquilidad y confianza en la unidad y continuidad de España; un mensaje de seguridad en la primacía y defensa de nuestra Constitución". Es difícil no compartir esta esperanza y también resulta claro que ese es probablemente el sentimiento mayoritario de España y los españoles. Sin embargo, resulta necesario dar una segunda vuelta a esta reflexión, precisamente porque es ahí donde España se está jugando su futuro, en un contexto que no es tan sereno y tranquilo como lo manifiestan las palabras del Rey.
En la vida política, lo que se dice y lo que se calla tiene mucha importancia. Igualmente sucede en relación a cómo y cuándo se dicen las cosas. En el contexto actual, posterior a las elecciones del 20D y a la situación efectiva de los últimos años, en los que ha habido un crecimiento de las tendencias y acciones separatistas, así como han irrumpido grupos considerados "antisistema" con una importante representación electoral y política, la afirmación "tranquilidad y confianza en la unidad y continuidad de España" por una parte, y en la "seguridad en la primacía y defensa de nuestra Constitución", por la otra, resultan más bien una aspiración que una realidad, un expectativa sobre lo que debería ocurrir (en circunstancias de plena normalidad) y no lo que efectivamente está sucediendo en España.
No es habitual, en ningún lugar del mundo, que los jefes de Estado deban llamar a la unidad y continuidad de sus respectivos países, en gran medida porque ninguna de esas dos cosas siquiera forma parte de la discusión pública, es un hecho real y aceptado por todos. Lo mismo sucede con la Constitución, que muchos han definido precisamente como aquello que no se discute, de manera tal que es el fundamento sobre el cual se edifica, como ha sucedido precisamente en España en las últimas cuatro décadas.
Al referirse a estos dos temas, el Rey ha puesto sobre la mesa una aspiración mayoritaria del pueblo español, pero no se escapa a las autoridades de la monarquía y de la política en España que en la actualidad resulta necesario volver sobre esos temas precisamente porque se han puesto en tela de juicio por una parte de los españoles. La unidad y continuidad de España y su Constitución son las dos alas que han permitido volar a la nación hasta distancias insospechadas hace algunas décadas, en las que se encontraba sumida precisamente en la división y la guerra.
Las palabras de Felipe al señalar que "ser y sentirse español, querer, admirar y respetar a España, es un sentimiento profundo, una emoción sincera, y es un orgullo muy legítimo", hay que tomarlas muy en serio, pero también hay que analizarlas en su significado presente. El esfuerzo de comprensión de la realidad política es una tarea principal para todos lo que tienen algo que decir sobre el futuro de España.