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¿Es posible una gran coalición constitucionalista?

EL IMPARCIAL
miércoles 30 de diciembre de 2015, 00:15h
Los ciudadanos se pronunciaron en las urnas y ahora los políticos deben estar a la altura de las circunstancias. Unas circunstancias, ciertamente, complicadas, pero no imposible de llevar a ese buen puerto que asegure la imprescindible estabilidad para el progreso. En este sentido, no ha de echarse en saco roto la propuesta del presidente en funciones quien, tras la primera ronda de contactos, apuesta por formar un Ejecutivo con “una mayoría estable para toda la legislatura”. Aunque Mariano Rajoy no se ha referido explícitamente al PSOE ni a Ciudadanos, es obvio que su oferta se dirigía a estas formaciones. Más allá de estériles y negativos empecinamientos, el Partido Socialista debería admitir que no es antagónico al PP y que hay más puntos que les unen que diferencias, y que estas no son en absoluto insalvables.

Fundamentalmente, los dos grandes partidos -a los que podría sumarse Ciudadanos en esa posible gran coalición- comparten la idea de una España unida dentro de una Europa fuerte, y en la que nuestro país tenga el puesto que le corresponde. Una España que no dé un solo paso atrás en los avances conseguidos frente a la dura crisis. Con un criterio lógico, y no partidista, la socialdemocracia tiene más cosas en común con el centro derecha que con un partido antisistema y radical como Podemos, y su variopinto conglomerado de satélites a cual más extremista, que defiende la ruptura de España y medidas cuya aplicación no conducen precisamente al progreso, sino a la ruina, como se ha comprobado de forma contundente en Venezuela y Grecia, espejos en los que se mira la formación liderada por Pablo Iglesias.

El PSOE no debe dejarse enredar en las argucias de los “podemitas” que le acusan de supuestas “traiciones” al electorado si pacta con el PP ni tener miedo a que los votantes socialistas cuestionen esa gran coalición. Lo que demandan los votantes de uno u otro signo es que no se pierda el tiempo, ni se apele como solución poco menos que mágica a unas nuevas elecciones que muy probablemente arrojarían unos resultados similares -con lo que el dislate sería mayúsculo-, cuando no hay ni un minuto que perder en una situación donde todavía queda mucho por hacer.

Para hacerlo, para salir definitivamente de la crisis, y para que no haya el menor resquicio de que España se rompa en aventuras secesionistas, una gran coalición de partidos constitucionalistas es la única opción lógica y en beneficio del bien común de todos los ciudadanos. Así ha ocurrido en Alemania con un gran acuerdo entre la socialdemocracia y Angela Merkel, que no ha ido en menoscabo de ninguno de ellos, sino todo lo contrario: los ciudadanos han aplaudido a una clase política con altura de miras y verdaderamente preocupada por el bienestar de todos, que ha dejado de lado sus intereses particulares y partidistas. No pocas veces a nuestros políticos se les llena la boca con lo provechoso y necesario que son los acuerdos, los pactos, el diálogo. Ha llegado la hora de no solo hablar de ello sino de ejercerlo. Incluso aunque los actuales líderes de los dos grandes partidos tengan que dar una doble muestra de altura de miras retirándose a una segunda línea y dejando a otros al frente. Lo importante, lo urgente, es el bien común de todos los españoles.
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