El referéndum de Iglesias quiere expropiarnos el derecho a votar
EL IMPARCIAL
miércoles 30 de diciembre de 2015, 00:15h
Pablo Iglesias ha aprovechado su rueda de prensa en La Moncloa, tras su entrevista con Mariano Rajoy, para recrearse en su discurso populista. Un gesto menor, pero muy significativo, de las estratagemas demagógicas en las que se aplica con habilidad, ha sido aquel donde el secretario general de Podemos ha anunciado a bombo y platillo que los diputados de su partido renunciarán a un plan de pensiones privado sostenido con dinero del Congreso. En su agresiva retórica de telepredicador ha espetado a los periodistas allí presentes: “Es una vergüenza que los españoles, con un sueldo medio de 15.500 euros, tengan que sufragar con su dinero ese plan.” ¿Y nadie le ha preguntado? ¿Nadie ha sabido rebatirle? Lo cierto es que ese plan de pensiones no existe. Sí, se creó en 2006, pero en 2011, en lo más álgido de la crisis, el plan se congeló, y en 2012 se suspendió definitivamente. Pero ahí estaba Pablo Iglesias sermoneando embravecido contra algo que brillaba por su ausencia desde hace casi cuatro años.
La retórica populista de Podemos resulta, en efecto, de suma eficacia cuando nadie se la objeta o se la rebate. Un altísimo número de televidentes se iría a la cama con la impresión de que al líder antisistema le anima una generosidad extrema, cuando en realidad ofreció un ejemplo impagable de incompetencia o cinismo. Otro tanto sucede con muchas otras cuestiones de más trascendente calado. El juego pueril de palabras en el que se ejercitan Pablo Iglesias y sus correligionarios, se impone porque nadie se lo refuta al instante. Esto ocurre con una de las cuestiones políticas más trascendentales en el corto plazo: la secesión en marcha de Cataluña. Argumenta falazmente Iglesias que él y su formación no son secesionistas, porque, en el referéndum que tratan de alumbrar, ellos pedirían el voto del sí a la unidad con España. Un razonamiento perfectamente impostor. Porque solo con propugnar la celebración de un referéndum vinculante en una sola comunidad española sobre un asunto que concierne a la totalidad de los españoles, ya se está haciendo un planteamiento secesionista, se recomiende después que se vote “sí” o que se vote “no”. Es una propuesta secesionista aceptar -sin ningún fundamento- que existe una soberanía catalana enfrentada a la soberanía española, por muy camuflada que se nos presente en retruécanos retóricos de ínfima calidad.
Ha sido, por lo mismo, un espectáculo bochornoso el que los barones del PSOE se hayan visto obligados a organizar una bronca inaudita para frenar a su secretario general, Pedro Sánchez, dispuesto a pactar con Podemos ese referéndum de la secesión. ¿No pudo argumentar por sí solo su ilicitud a Podemos, durante la campaña electoral? ¿Carecía de recursos para rebatir esa tesis tras los resultados de las urnas? Penoso que haya tenido que aceptarlo a la fuerza, como un trágala, y que aún no estemos seguros de que Sánchez no vuelva a las andadas. Pablo Iglesias es secesionista y Podemos es incapaz de desdecirse de ese secesionismo a consecuencia de sus acuerdos con Compromís, la plataforma de Ada Colau y las mareas gallegas, sin los cuales apenas sobrepasaría los 40 diputados. Lo que tratan de imponernos es una fractura de la soberanía nacional española, hecha pedazos y repartida por territorios. Una confederación de territorios, en lugar de una nación de ciudadanos.
Pero lo cierto y verdad es que todas las Constituciones democráticas españolas, comenzando por la Constitución de Cádiz de 1812, pasando por la Carta Magna de la II República en 1931, hasta llegar a la actual, han radicado la soberanía nacional en el conjunto y totalidad de los ciudadanos españoles. Inadmisible que solo una parte de ellos -como se pretende hacer en el referéndum de autodeterminación catalán- decida de forma aislada, usurpando el derecho a decidir de todos. Podemos y los demás secesionistas quieren arrebatarnos nuestro derecho al voto sobre una cuestión vital para nuestra nación: la organización territorial. Ningún ciudadano debería dar un paso atrás en conservar y defender su legítimo e irrenunciable derecho a votar sobre este asunto. Expropiar es un verbo muy anclado en la camuflada pero profunda mentalidad bolivariana de Podemos. Digamos un rotundo no a ese intento de confiscación de nuestro voto. ¿Referendum?, si, ¿por qué no?, pero un referéndum en el que todos los ciudadanos españoles puedan votar.