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El PSOE, incapacidad para el acuerdo

jueves 31 de diciembre de 2015, 08:33h
El propio Patxi López lo ha dicho: “El espectáculo que estamos dando es lamentable”. Estas declaraciones del secretario de Acción Política y Ciudadanía del PSOE forman parte del navajeo entre los socialistas, prueba de que los buenos propósitos que han estado vendiendo desde la llegada de Pedro Sánchez a la secretaria general del partido y durante toda la campaña electoral se han echado por tierra a las primeras de cambio. El PSOE se presentó como abanderado en los últimos tiempos de la cultura del acuerdo y ha querido hacer pasar los pactos con secesionistas y radicales de izquierda tras los pasados comicios municipales y autonómicos como si fuesen un ejemplo palmario de esta nueva era de la negociación. En realidad, sin embargo, esas alianzas han sido siempre con formaciones mayoritariamente antisistema y secesionistas sin que las ideologías de estas les haya importado, aun habiendo sido un partido de Gobierno de la nación. En verdad, solo ha sido un intercambio de sillas para alcanzar el poder local. Eso no es una auténtica cultura de pactos. Esta se pone a prueba cuando tienen que llegar a puntos de acuerdo básicos con sus oponentes ideológicos, y más aún si esa negociación no les proporciona poder, sino que se plantea para el bien común de todos los ciudadanos. Ahí es donde estos les quieren ver. Pero no se les ha visto ni se les espera. Algo muy decepcionante.

La feroz lucha intestina en la formación socialista ha terminado por fabricar absurdas líneas rojas que no tienen otra salida que unas nuevas elecciones. La más insensata de ellas es la única que podría formalizar el único acuerdo de Gobierno estable y racional: un pacto con el centro derecha representado por el PP, al que se podría sumar otro partido como Ciudadanos. Un pacto para articular una gran coalición constitucionalista, que, sin duda, es la que quiere y aplaudiría la inmensa mayoría de los ciudadanos. Y así se comprobaría si se hiciera un sondeo. Todo lo que no sea explorar las posibilidades de ese acuerdo va en contra de la más elemental racionalidad. Obviamente, todos tendrían que ceder mucho en sus posiciones iniciales, incluyendo la renuncia a un alto cargo. Pero resulta totalmente arbitrario, ilógico, sin sentido, negarse desde el principio a sentarse para al menos estudiar las expectativas de ese acuerdo. No hacerlo de antemano delata partir de prejuicios sectarios sin ningún tipo de lógica. La cultura del pacto de la que alardeaba el PSOE no parece que fuera muy auténtica.

Tan irracional es esa actitud que una repetición de las elecciones, además de una inadmisible pérdida de tiempo, con toda probabilidad perjudicaría antes que a nadie a la propia formación socialista. No es irreal que en unos nuevos comicios, el PSOE retroceda frente a los resultados obtenidos en la reciente cita electoral. Tampoco es improbable que el populismo de Podemos le sobrepase en escaños, relegándole a un tercer puesto y haciéndole perder la hegemonía de la izquierda. Ninguna de estas poco halagüeñas perspectivas ha frenado la cerrazón del PSOE –o para ser más exactos, la de Pedro Sánchez-, despeñado en una batalla interna por personalismos y pulsos de poder que nada tienen que ver con los verdaderos problemas de la ciudadanía. Algo que les pasará factura.

Por no tener verdadera disposición a la negociación no han tenido ni siquiera capacidad de acuerdo interno. ¿Cómo van a acordar con los de fuera más allá del reparto de poltronas? Patxi López tiene más razón de la que él mismo piensa: es un espectáculo lamentable. Y si se empecinan y fuerzan las cosas al límite de que haya que convocar unas nuevas elecciones, después de ellas tendrán que volver con las orejas gachas.
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