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TRIBUNA

La Ilustración y las consecuencias de tener gobiernos buenos

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 01 de enero de 2016, 19:23h

Durante la reciente campaña electoral, ninguno de los candidatos a ser presidentes del Gobierno dijeron con quién o quiénes pactarían para formar la mayoría necesaria para gobernar. Ellos ocultaron sus preferencias, y los electores fueron a las urnas convencidos, como los candidatos, que serían imprescindibles acuerdos posteriores, pero acudieron a votar con meras intuiciones de por dónde orientaría los pactos el partido de su preferencia (tampoco el partido elegido sabía qué iba a pactar su candidato después de las elecciones).

Una vez conocido que la desorientación de los votantes daría como resultado electoral una aritmética propia del divertido juego delsudoku, entonces los candidatos afirmaron con la seguridad de profetas visionarios que los ciudadanos habían dado un mandato clarísimo, ahora bien, en el caso del candidato más votado, la claridad consistía en lo contrario de lo que había afirmado durante la campaña, y en el caso del segundo en votos, la claridad se encontraba en la interpretación que cada cuál daría a su afirmación de que actuaría con responsabilidad, eso sí, rechazando acuerdos con el primero en votos, y ahora se empieza a conocer que su partido no está de acuerdo con que su candidato acuerde con los demás partidos o conglomerados electorales.

Ciudadanos tan sufridos como los españoles, y que eligen sin que nadie les informe de los pactos post-electorales, como si fuese una nadería como cuando se les promete que no se subirán los impuestos, parece obvio que si tienen que volver a las urnas, ellos decidirán absolutamente los pactos más convenientes con su voto, no vaya a ser que otra vez los candidatos, mudos de nuevo con sus intenciones secretas, les lleven a las terceras elecciones en España (y Cataluña es prueba de que eso puede ser cierto).

Para remachar mi convicción de que, al menos en Europa, los gobiernos son importantes porque abren caminos para la sociedad y el Estado, leí estos días un sugestivo libro de Anthony Pagden, cuyo título es: “La ilustración y por qué sigue siendo importante para nosotros”. Pagden es un británico, historiador y especialista en ciencia política, formado en colegios y universidades de Chile, Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, y lo que mí me llama la atención, en universidades y centros de investigación españoles. Se puede considerar a Pagden como un hispanista, pues ha estudiado aspectos interesantísimos de la Monarquía hispánica en la Edad Moderna, como su celebrado libro “La caída del hombre natural. El indio americano y los orígenes de la etnología comparativa" (ed. española de 1989).

El libro de Pagden es un refrescante estudio de la Ilustración, sobre todo porque nos introduce en sus varios contenidos culturales y filosóficos, aquéllos que hicieron de Europa y América (las que yo llamo, para hoy, “democracias atlánticas”) el único espacio generador de libertades y derechos de toda la Humanidad.

Anthony Pagden sale al paso, con brillante erudición, de las críticas, también europeas, que vieron en las ideas de la Ilustración, o bien la causa de los horrores del Terror Revolucionario francés, o incluso las responsabilidades del nazismo y del Holocausto, como fue el mítico ensayo de T. Adorno y M. Horkheimer, “Dialéctica de la Ilustración”(1944).

"La Ilustración fue un tiempo de transformación y consolidación, no de revolución -escribe Pagden-, por eso la menospreciaron los románticos y la menospreciaron sus herederos, los marxistas y neomarxistas. Sin embargo, con su voluntad de transformar las ideas más constantes y más significativas de la tradición filosofía de Occidente(…)la Ilustración creó ni más ni menos que el mundo moderno. En efecto, sin ella resultaría imposible imaginar un solo aspecto de la vida contemporánea en Occidente.

Después de ese párrafo, Pagden realiza un inteligentísimo ensayo de historia ficción, basado en la hipótesis: ¿Y si no hubiera existido? Comienza por preguntarse sobre el verdadero comienzo de la libertad de conciencia: ¿Y si no hubiera existido la Reforma protestante? ¿Y si Lutero hubiera sido vencido y abrasado en la hoguera? Y sigue con los principales sucesos y personajes históricos, desde Galileo hasta John Locke, Denis Diderot, David Hume, Voltaire y un largo etcétera. Ciertamente la Ilustración se hizo contra la Iglesia Católica y sus aliados clericales, pero en España sí hubo Ilustración en el siglo XVIII, que Pagden encuentra en los grandes reformistas y economistas que vivieron y trabajaron con los reyes Borbones españoles.

Si la historia de Europa hubiese evolucionado de esa manera, los europeos hubiésemos sido conquistados por el Imperio Turco, un tipo de gobierno que, desde la Edad Media, exterminó cualquier libertad de pensamiento (retroceso que haría incompatible la religión islámica con la cultura moderna, a partir de Avicena y Averroes), pero que tuvo la eficacia de cualquier poder monolítico y militarista (estuvieron a punto de ocupar Viena todavía al comenzar el siglo XVIII).

La Ilustración hizo posibles gobiernos representativos, limitados por la Ley y los Derechos Humanos de sus ciudadanos. Pagden, un entusiasta europeísta, venera por eso mismo a Immanuel Kant: el “cosmopolitismo” kantiano no solo depende del gobierno europeo, sino de cada gobierno de la UE, y por eso me considero un ciudadano estupefacto por lo que está sucediendo ahora, y lo que aparece apuntando al futuro. ¿Y si estuviera comenzando la decadencia?

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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