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OPINIÓN

Venezuela: unidad y pluralismo

Sadio Garavini di Turno
viernes 01 de enero de 2016, 19:23h

La unidad de la alternativa democrática sigue siendo indispensable en la nueva y dura etapa que se avecina. La anunciada radicalización de la “revolución”, por parte del gobierno, puede y debe enfrentarse a través de la organización y la movilización oportuna y sobre todo con la Unidad del movimiento democrático. Uno de los logros fundamentales de la exitosa campaña electoral de la oposición fue la conjunción de partidos, personalidades y grupos alrededor del comando unitario de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Es indispensable mantener ese directorio como el necesario punto de referencia, el puesto de comando unitario, que impida la dispersión y la anarquía. También la comunidad internacional democrática requiere de un interlocutor válido, que representa ahora más del 60% del electorado. Más que un error sería una estupidez dilapidar irresponsablemente este capital político. Es necesario atajar rápidamente los síntomas de dispersión que puedan surgir, fomentados por el gobierno. Sería suicida enfrentarlos con la anarquía. Los legítimos proyectos individuales y de grupo deben y pueden adelantarse en el marco del proyecto alternativo democrático. Las “gallinetas de vuelo rasante“deben aprender a volar más alto para ver “el bosque” en su conjunto. La Unidad debe manejarse exitosamente a pesar de estar integrada por diferentes partidos, cada uno con su electorado, su identidad ideológica, con pesos electorales desiguales y proyectos individuales competitivos.

La autocracia moderna con vocación totalitaria, es como diría Bobbio, “anticonstitucionalista” porque vacía de contenido a la separación de poderes, es antiliberal porque no respeta cabalmente las libertades, garantías y derechos de las personas frente al Estado, es antidemocrática porque degrada al pueblo al nivel de masa inerte y “aclamadora” y finalmente es antipluralista, porque el Estado pluralista es un Estado en el cual no existe una sola fuente de autoridad que sea omnicompetente y omnicomprensiva. Como nos dice Bobbio, un estado democrático pluralista debe respetar tres reglas:1) “debe garantizar la existencia de una pluralidad de grupos políticos organizados que compiten entre sí, al objeto de agregar las peticiones y transformarlas en deliberaciones colectivas; 2) los votantes deben poder elegir libremente entre varias alternativas; y finalmente 3) ninguna decisión de la mayoría debe limitar los derechos de la minoría, en particular, se le debe garantizar a la minoría el derecho de poder convertirse, a su vez, en mayoría, en las periódicas verificaciones del consenso”. La autocracia, obviamente es también centralista y por tanto se opone a las autonomías regionales y municipales. El socialdemócrata alemán Eduard Bernstein dijo una vez:”Es una experiencia eterna el hecho de que todo hombre que tiene en sus manos el poder es llevado a abusar de él, procediendo así mientras no encuentre límites”. Por eso una de las razones por la cuales el sistema democrático es preferible a cualquier otro, es que el control popular que la democracia permite ejercer es uno de esos límites. Por eso Bobbio nos dice que: “toda la historia de la filosofía política puede ser considerada como una larga y atormentada reflexión sobre el tema: ¿cómo se puede limitar el poder?”. Sólo el poder limita al poder.

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