La llegada del año nuevo para muchas personas es un acicate indispensable para cambiar sus hábitos, tomar decisiones importantes y fijar algunas metas de cumplimento obligatorio. La ilusión y la decisión, o si prefieren, la firmeza en conseguir lo planificado, sin duda, depende de cada uno de nosotros, pero no tiene menor relieve nuestro entorno. El día 1 de enero ha traído ejemplos poco estimulantes, si no realmente lamentables, que disipan cualquier ilusión sobre la posibilidad del cambio en la vida pública a nivel nacional e internacional.
Ya los discursos del día 31 de diciembre pronunciados por los presidentes autonómicos señalaron que poco o nada puede esperarse del nuevo año. Mas sigue agarrado al “carguito” como un naufrago a una balsa. José Ramón Bauzá, desde Baleares, le hace guiños al catalán, reclamando a Madrid un trato justo en materia de financiación. Mientras tanto, Mariano Rajoy se dedica a airear más subidas de salarios y pensiones, bajadas de tarifas y de lo que haga falta, comiéndole rápidamente el terreno a los populistas de Podemos. Una estrategia inmejorable, pero de corta vida, para aparentar “estabilidad”, que en realidad es la táctica de laissez faire llevado a su extremo: que la inercia estatal y social esconda los problemas y conflictos, que se pudran sin la solución debida, pero que “me quede como estoy…”
Dejemos lo humano y hablemos de lo divino. El discurso del Papa que inauguró el año 2016, sospecho que pasará a la historia. Es un discurso ejemplar, más todavía, es una síntesis perfecta del marasmo occidental que ha asumido la culpa por todos los males del mundo. Los adeptos de islam radical matan a los cristianos, ejecutan a los líderes políticos inconformes, además de planificar numerosos actos terroristas en las capitales europeas…y el Papa culpa a los europeos y sus líderes de falta de misericordia. El Papa Francisco reclama, entre letanías y prosopopeyas, que son los europeos y occidentales quienes tienen la obligación de culpabilizarse, cambiarse; serían, según la doctrina del Papa, casi los únicos culpables de las calamidades que ocurren en el mundo. Y lo peor de todo es que el argumento ya ha calado entre la población: ya es normal escuchar en la calle que el Estado Islámico tiene todo el derecho a existir, según ellos, por culpa de la política occidental…
Y otro tema, significativo del discurso papal, nos devuelve de lo divino a lo humano: los medios de comunicación han hecho mal su trabajo durante 2015, se dedicaron a dar malas noticias. Ahora, durante el curso de 2016, a los periodistas les toca la penitencia: traer más buenas nuevas al mundo. Lo bueno es que Bergoglio no es solitario en criticar a los medios de comunicación. En España tenemos numerosos personajes que se suman al vapuleo de la prensa. No pasa un día sin que Pablo Iglesias haga referencia a los medios de comunicación llamándoles “cloacas”. La timorata alcaldesa de Madrid, Carmena, tuvo que ingeniárselas para crear toda una página web que incansablemente desmiente a los periodistas que la acosan y sólo se dedican a reírse de sus medidas. ¡Vaya coincidencias que nos trae el comienzo del año! El diablo siempre se esconde detrás de la cruz.