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EPPUR SI MUOVE

Ya vienen los Reyes Magos (y señora)

lunes 04 de enero de 2016, 20:27h

El evangelio de Mateo habla de “tres magos” que, guiados por una estrella, llegaron a Belén para adorar al Niño. ¿Es esto verdad? ¿Quiénes y cuántos fueron, y cuál era su origen? Estas y otras preguntas tienen difícil respuesta, toda vez que la documentación sobre este tema es tan escasa como poco fiable. La única mención que de ellos se hace en las Sagradas Escrituras es la referida cita de San Mateo, nada más. Se intuye que venían de Oriente, más concretamente de Persia -tres iraníes entrando en Israel para cumplir una misión…hoy esto generaría más de un recelo-. Abundando en esta teoría, un mosaico de la iglesia de San Apolinar, en Rávena, los representa tocados con un gorro frigio, y todos de tez clara. Sería Orígenes, un teólogo egipcio que vivió en el siglo III, quien acotaría su número a tres.

Para los armenios son doce, sin ir más lejos. Y lo del “rey negro” se debe al monje inglés Beda el Venerable, que en el siglo VIII escribía sobre "Melchor, anciano de blancos cabellos y larga barba del mismo color; Gaspar, más joven y rubio; Baltasar, negro". Hace unos años, Benedicto XVI sugirió que en vez de Oriente su punto de partida pudo estar en Tartessos, cerca de la actual Cádiz. Casi que mejor, por otra parte, si hay que elegir entre el salero de un gaditano o el de un iraní…dónde va a parar.

En cuanto a lo de “reyes” y “magos”, no eran ni lo uno ni lo otro. La voz “mago” bien pudo venir del griego magoi, referida a hombres sabios, de ciencia, probablemente astrólogos. De ahí que siguieran a una estrella, aunque si lo hicieron según el relato bíblico, estaríamos sin duda ante un fenómeno sobrenatural. Es imposible que cometa alguno, meteorito o avión de Ryanair describa los movimientos que hizo la Estrella de Oriente. Su entronización como reyes es una interpretación del teólogo cartaginés Tertuliano, allá por el siglo II, de un pasaje del Libro de los Salmos: “Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; los reyes de Saba y de Seba ofrecerán dones”.

Otra leyenda cuenta que, tras la resurrección de Jesús, fueron consagrados obispos en Saba por Santo Tomás. Allí fueron martirizados en el año 70 y depositados en el mismo sarcófago. Sus restos fueron llevados a Constantinopla por Santa Elena, de donde Federico I Barbarroja, en el siglo XII, los trasladaría a Colonia. Allí reposan hoy con las coronas que supuestamente llevaron durante su existencia. La Catedral de Colonia se convertía así, junto con Santiago en España y San Pedro en Roma, en uno de los tres pilares -con permiso de Zaragoza- del cristianismo europeo. No hay, en cambio evidencias ni del origen de traer carbón -por más que haya quien lo merezca todo el año- ni de que hubiera “reina maga” alguna. En todo caso, se trata de una fiesta lo suficientemente bonita como para que nadie la pueda estropear con travestis ni sectarismos.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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