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TRIBUNA

La esperanza y los buenos deseos

miércoles 06 de enero de 2016, 17:28h
“Y pasaron los Reyes, por donde acostumbran a hacerlo. Y pasaron de largo, como tantos otros años. Y con ellos se fue una estrella, la única que aún brillaba ¡No llores mi niño, que a lo mejor es tan solo un olvido –dice mi madre, mirando por la ventana-! Pero yo sé que los Magos marchan, llevando sus sacos llenos de nada”

Permitan mis lectores que comience el año rindiendo homenaje a la poesía, al menos a la mía, porque pasando el día de Reyes solo nos queda la sorpresa del roscón y la leyenda urbana del propósito de enmienda. Pero no por eso debemos perder la ilusión del intento, ya saben, aprender maorí o ser mejor persona. Grandes retos, sin duda, que en ningún momento han de suponer dar de lado tanto a la figuración como a la esperanza.

Ilusión, por cuanta fortuna aún tenemos de estar en posesión de nuestros sueños, aunque nos pongamos límites y no consigamos los resultados deseados. Esperanza, porque la humanidad existente, o sea, ustedes y yo, aún tenemos la obligación de negar el abatimiento y dar rienda suelta a la épica, esa misma que tantas veces nos dio tan buenos resultados. Todo menos bajar los brazos ante el flagelo al que vienen sometiendo nuestro estado de ánimos. Cierto es que no tenemos claro nada o casi nada de todo aquello cuanto nos rodea. Igual de palmario resulta el simple, pero a la vez complejo, conjunto de hilos invisibles que consiguen mover nuestros valores, según precio de mercado.

Mi teoría, si me permiten ustedes este breve panegírico, no es otra que comenzar el nuevo año bajo la premisa de que la vida está inventada desde hace algún tiempo, no sabría decirles desde cuando exactamente, pero la cosa viene de antiguo. Como les decía, partiendo de este supuesto estarán de acuerdo conmigo que hablar de un año que se nos fue y otro que acaba de llegar, pues a mí me parece una solemne pérdida de tiempo. Veamos mi argumento: se festeja lo que se va, haya sido bueno, malo o regular. Se celebra lo que viene con alborozo y buenos deseos, me parece bien. ¿Y después?...

Les hablaba de la épica, no nos queda otra si queremos mantener la esperanza, la misma que refiero en ese poema, porque está en juego nada más y nada menos que la propia materia; ya no les hablo tan siquiera del mismísimo planeta, sino la energía asociada a la realidad objetiva de nosotros mismos como seres humanos. Ya sé que les voy a resultar desagradable con mi artículo de hoy, pero si nos empeñamos en comenzar algo nuevo por el hábito de cambiar algo más que el calendario de pared, debemos también comenzar por cambiar nuestro modelo de actuar. Ha llegado el momento de fijarnos en el padre Ángel, por ejemplo, y aquí no interviene santo, seña ni cura que lo trajo, simplemente la épica exponencial que cada uno de nosotros atesoramos y que nos viene de fábrica, aunque muchos de nosotros lo ignoremos, principalmente por no haber leído el manual de instrucciones.

Créanme cuando les digo que puestos a pedir en deseos, si nos comprometemos habrá futuro, quizás no sea el nuestro, pero sí el de nuestros hijos, nietos y cuantos tienen a bien depositar la confianza en nosotros. La indolencia en una sociedad es pura carcoma, nada ni nadie vendrán a sustituir nuestro compromiso, pues habremos cambiado de año, pero el ayer es el mismo día de hoy y también el de mañana mientras sigamos en esa especie de nirvana existencial, pero lo único cierto es que millones de niños continúan en la deriva de la desgracia, así como la violencia del hambre para tantos seres humanos, males endémicos que, sin duda, nos sitúan en la evidencia de nuestra inacción.

Si los buenos deseos resultan gratuitos, imaginemos por un instante cuantos problemas nos quedan aún por resolver a coste cero. Es curioso, pero me asomo a la ventana de la ilusión y yo también veo a los Magos marchar un año más, llevando sus sacos llenos de nada.
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