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TRIBUNA

Es la juventud...

miércoles 06 de enero de 2016, 18:31h
Los datos estadísticos sobre nuestra juventud son casi todos lamentables. Indican, entre otras muchas cosas, una brecha generacional en perspectivas que está teniendo un gran impacto político.

Somos los más tardíos de Europa en emancipación de nuestros jóvenes (el 80% sigue en casa de sus padres hasta los 30 años); los peores en paro juvenil (49,2%) y casi en número de becarios tras concluir los estudios (67%, sólo nos gana Eslovenia); pésimos en temporalidad (con un 70% de empleo temporal juvenil somos terceros de Europa tras Eslovenia y Polonia); tenemos una enorme brecha salarial entre adultos y jóvenes (40% por el mismo trabajo) y sueldos muy bajos (595 euros es el sueldo medio de los menores de 35 años); líderes en fracaso escolar (21,9%) y “ninis” (población de 15 a 29 años que ni estudian ni trabajan, un 20,7%, dato que triplica la media de la OCDE). También duplicamos la media Europea de jóvenes que abandonan tempranamente su formación posterior a la educación obligatoria (21.9%). El famoso Informe Pisa sigue arrojando datos muy pobres para el conjunto de España.

Nuestros jóvenes (menores de 30 años) participan diez puntos porcentuales menos que los adultos en las elecciones. Somos líderes en consumo de televisión y también de cine –todo hay que decirlo, pues esto es positivo-, mediocres en índices de lectura (cinco veces menos que Finlandia por ejemplo); pocos se integran en asociaciones (común a todo el sur de Europa). Doblamos la tasa europea de deporte entre los jóvenes, un dato sin duda positivo. Y un 13% va a misa los domingos (sólo nos superan en esto, a la baja, Suecia y Francia).

Hay algún otro dato positivo, aunque bastante inútil. Tenemos una tasa muy alta de universitarios entre la población de entre 30 y 34 años –no me pregunten porqué se toma este segmento de edad- con un 42.3%. Pero la inutilidad está en que somos incapaces de dar respuesta en forma de oferta laboral a tanta formación.

Los números pueden ser fríos. Todos conocemos casos muy ilustrativos de doctores (de los de postgraduado, para que se entienda) que trabajan en video clubs o líneas de asistencia telefónica. Hijos que se licencian para acabar “currando” en bares, discotecas o en lo que sea. Farmacéuticos que trabajan de vigilantes o el amplísimo muestrario de subempleo que encontramos en la administración y, además, por oposición. O los que aún tienen menos suerte, y simplemente se quedan en casa –de sus padres- esperando un empleo que no llega nunca. No es de extrañar que más de la mitad de los universitarios aspiren a ser funcionarios, incluidos los que estudian empresariales, lo cual resulta verdaderamente paradójico. Esta aspiración o vocación funcionarial duplica la tasa europea.

Las causas para este estado de cosas tan preocupante son muchas: el paro estructural, la falta de exigencia en la educación, incluso alguno apunta a la extensión de la educación obligatoria a los 16 años, que genera aulas ingobernables, la denominada cultura popular, los problemas en la familia (la tasa de divorcio está por encima del 60%, de nuevo en la parte alta de la tabla entre los países de nuestro entorno), etcétera, etcétera.

El voto más radical o anti-sistema (para no poner nombres propios) se nutre fundamentalmente de votantes jóvenes, y el discurso de estos partidos refleja de forma muy contundente la problemática que certifican las encuestas. Es un voto de reproche, muy poco constructivo pues ofrece poco más que la famosa renta básica de 650 Euros que ha sido uno de los ejes de campaña.

Ante esto podemos seguir encogiéndonos de hombros. Podemos hablar de quién va a ser presidente del gobierno en vez de hablar de programas. Urge hacer una segunda transición quizá liderada nominalmente por la izquierda moderada o un independiente, ya que ahora toca, pues la primera la hizo la derecha, también moderada. Necesitamos un pacto de los tres partidos leales a la Constitución para acometer urgentemente una reforma en profundidad del mercado laboral, de la educación, de la administración y de las instituciones (esto último es lo más sencillo, pues se trata simplemente de que las dejen ser independientes, propias de un estado moderno como es el nuestro). Para todo esto no hace falta inventar. Hay modelos en Europa que funcionan perfectamente y que con ligeras adaptaciones funcionarían también aquí. Esta práctica –la de importar políticas o benchmarking- es bastante habitual en otros países europeos.

Pero me temo que todo esto es ilusorio. Creo que se repetirán las elecciones porque es la salida natural para Rajoy, para el PSOE de, seguramente, Susana Díaz y sobre todo la gran oportunidad de Pablo Iglesias para llegar a la Moncloa. Los demás partidos -y me temo que el resto de españoles- no cuentan.
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