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CRÓNICA DE AMÉRICA

Maduro y el golpe de Estado en diferido

miércoles 06 de enero de 2016, 19:39h
Maduro y el golpe de Estado en diferido
El chavismo trata de neutralizar las instituciones democráticas obtenidas por la oposición.
Los fraudes ante la nueva Asamblea Nacional se dirigen a culminar un golpe de Estado por entregas, aún por consumarse plenamente. En tanto la oposición al chavismo, organizada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), habla de “reconciliación nacional” al tomar posesión, por mayoría absoluta en la nueva Asamblea Nacional, los partidos oficialistas, con Diosdado Cabello y Nicolás Maduro a la cabeza, continúan dando su particular golpe de Estado, gradual, estratégico, en calculados pasos escalonados que dibujan precisamente un golpe de Estado a medio plazo y en diferido de aquí a pocos meses o semanas.

A estas alturas caben escasas dudas de que tras el descalabro electoral en los últimos comicios, la cúpula chavista, sin respaldo de la población, se propuso anular los resultados y recurrir a las Fuerzas Armadas para asestar un golpe de Estado antes de difundir el veredicto de las urnas. La reacción de las cancillerías, la presión norteamericana sobre la institución militar y un ataque de sensatez en los jefes castrenses, que previeron una insurrección masiva de los ciudadanos y la disyuntiva de aplacarla a sangre y fuego, o dejarla triunfar, fueron obstáculos insalvables para que los enloquecidos planes de Diosdado Cabello y Nicolás Maduro se materializasen. Al menos en caliente y de forma abrupta antes de dar a conocer la aplastante victoria de la MUD, por más que el propósito se mantenga por otros cauces más sinuosos, pero igualmente antidemocráticos e ilegales.

El fracaso de la primera iniciativa bolivariana, sumió a sus dirigentes en un primer instante de estupor y descoordinación. Las declaraciones de los principales miembros del oficialismo, tras su desastre electoral y su abortado golpe de Estado, no solo las de Diosdado Cabello y Maduro, sino también las de Tasek El Aissami, Elías Jana o Jorge Rodríguez, delataron a comienzos de las Navidades un desconcierto absoluto y aparentes tácticas discrepantes entre sí. Por entonces, el conocido comunicador y psicólogo Vladimir Gessen, apuntó con acierto en una entrevista en El Diario de Caracas: “Decenas de dirigentes levantan sus críticas, los colectivos mantienen sus propias estrategias, cada dirigente opina de forma distinta. En pocas palabras, el oficialismo políticamente es un despelote, sin un claro liderazgo, sin una nueva propuesta, sin estrategia ni tácticas, y con una cada vez menos eficiente organización. Una bancarrota organizacional por definición.”

La ausencia de un auténtico liderazgo chavista se mantiene hasta hoy, pero tras el periodo navideño sí se ha articulado una línea de actuación contra la MUD, consistente en vaciar de contenido las instituciones y trasladarlo a otras artificiosamente creadas o manipuladas, para que el chavismo siga detentando todas las palancas del poder, en un desprecio hacia las instituciones que es parte intrínseca del populismo.

Es así como se ha alumbrado ese golpe de Estado a plazos que ahora da sus primeros pasos. Baste echar una mirada a múltiples medidas, en apariencia deslavazadas, pero de hecho orientadas a un mismo fin. Véase cómo horas antes de constituirse la nueva Asamblea Nacional, Nicolás Maduro quitó al Parlamento las atribuciones para designar al director del Banco Central. Ahora será el presidente quien lo nombre, evitando así el escándalo de conocer las cifras exactas del desfalco chavista sobre el dinero público. Si de Maduro dependiese, expropiaría a la Asamblea Nacional de todas sus facultades, dejándola sin contenido, como ya se hizo con alcaldías y gobernaciones ganadas por la oposición. Esto es precisamente lo que se propone hacer Diosdado Cabello con el denominado “Parlamento Comunal”, al que juramentó el último día de sesiones del legislativo. Ese Parlamento Comunal es una cámara alternativa en paralelo a la Asamblea Nacional, usurpando sus competencias, basándose en unas leyes comunales de Hugo Chávez que nunca se desarrollaron hasta hoy. Nicolás Maduro no ha sido sutil ni diplomático al respecto al aseverar con rotundidad: “Yo voy a dar todo el poder al Parlamento Comunal, y ese Parlamento va a ser una instancia legislativa del pueblo desde la base.”

De conseguir que la Asamblea no encarne íntegramente la soberanía nacional de todos los ciudadanos venezolanos, ese golpe de Estado en diferido habría ganado una baza crucial. La batalla por la legitimidad de las instituciones ya ha iniciado, pues, unas hostilidades cuyo despliegue y aumento son imprevisibles. Dado que el desenlace de esta contienda resulta incierto, la revolución bolivariana ha emprendido una segunda estratagema paralela para evitar que la MUD disponga de la mayoría absoluta de 112 diputados que le concedieron los electores. Ha lanzado todo tipo de infundios sobre imaginarias compras de votos por parte de la Mesa de Unidad Democrática (MUD). Maduro decidió, en un primer momento, investigar unos ficticios 1,5 millones de supuestos votos nulos. Empeño novelesco que quedó en agua de borrajas, y que dio paso a la amenaza de impugnar a 26 diputados de la oposición. Una enormidad insolente y descarada que no pudo salir adelante por su propio cinismo, y que ha desembocado en una táctica decisión: impugnar 4 credenciales, un número en apariencia modesto, pero suficiente para dejar a la MUD en 109 diputados –frente a los 54 chavistas-, haciendo que pierda la mayoría absoluta y con ello la iniciativa en importantes medidas legislativas. De triunfar finalmente esta estratégica amputación de representantes, estaríamos en otro éxito del golpe de Estado en fragmentos y en diferido al que asistimos.

La ceremonia de constitución de la Asamblea Nacional ha derivado así, dadas estas circunstancias, en un espectáculo bochornoso capitaneado por la exigua, chillona y exasperada minoría chavista. Por primera vez desde la revolución bolivariana, la prensa pudo acudir al acto y retrasmitirlo en directo, de modo que los protagonistas se retrataron a sí mismos, por mucho que los medios oficialistas se emplearan a fondo en justificar a esa vociferante minoría. La MUD realizó una declaración a favor del diálogo, la reconciliación nacional y la amnistía de los presos políticos arbitrariamente encarcelados. Propuestas que el chavismo acogió con furia creciente.

La réplica, trufada de gritos y palabras malsonantes, fue un rechazo tajante al entendimiento y a cualquier reconciliación nacional. Esa minoría sueña con que el gradual golpe de Estado en marcha neutralice y deje atada de pies y manos a la oposición, hasta que otras elecciones le restituyan la mayoría perdida. Sobre los líderes opositores presos, la respuesta chavista se despeñó por una reacción histérica. Tania Díaz, periodista del diario El Correo y del canal nacional Venezolana de Televisión, y ahora diputada por el PSUV, no solo catalogó a la MUD como los enemigos del pueblo, sino que tuvo el inmenso cinismo de considerar que la amnistía no era más que pedir la impunidad para los asesinos de los 43 muertos en las manifestaciones pacíficas contra el régimen. ¡Cuando fueron las fuerzas policiales y paramilitares las que masacraron a esas víctimas inocentes, responsables únicamente de salir a la calle a decir lo que pensaban! Todavía nadie ha pedido responsabilidades criminales al Gobierno de Maduro sobre estos asesinatos, cuando el chavismo ha ejercido la siniestra falacia de darle la vuelta a la masacre y arrojársela a los líderes torturados y encarcelados.

Los oradores chavistas se decantaron por una torrencial descalificación de la mayoría basándose en proclamas demagógicas y arquetípicamente populistas –que, por desgracia, ya nos hemos acostumbrado a oír también entre nosotros-, donde el oponente no es más ue un fascista dedicado a la rapiña y a la supuesta tarea de chupar la sangre al pueblo. Difícil labor la de llevar a buen puerto una reconciliación nacional frente a posiciones tan virulentamente cerriles.

Las contestaciones de la MUD no entraron en el antagonismo de las diferencias ideológicas y las discrepancias con las teorías políticas rivales, sino que solo señalaron el desabastecimiento, la inflación, el desplome económico y la terrible pérdida de poder adquisitivo de las familias, así como la criminalidad común que se ha adueñado de Venezuela, hasta convertirla en el país más violento del mundo, cuestiones que más allá de la ideología afectan al día a día de los ciudadanos, hasta el punto de no saber si retornarán sanos y salvos a sus hogares después de cumplir con su trabajo.

El chavismo fracasó en su propósito de enzarzarse en una vitriólica disputa ideológica, y su griterío populista quedó en el aire como golpes caóticos que no lograban llegar a la carne de sus opositores. En ese descalabro creciente, Diosdado Cabello formuló la acusación más arbitraria y descabellada de todas las que se escucharon en la constitución de la Asamblea Nacional. Afirmó que no se estaba cumpliendo el reglamento de la cámara, y conminó a los diputados chavistas abandonarla. Acostumbrado a un tosco ordeno y mando omnímodo, no ha asumido la nueva situación en la que le han colocado sus conciudadanos y se entrevé que tardará mucho en asimilar las decisiones de la voluntad popular. En cualquier caso, esta retirada de la bancada chavista forma parte clara de la estrategia del golpe de Estado a plazos en curso, sustentado en neutralizar las instituciones que la MUD administra por mandato de las urnas.

Está por ver si este golpe de Estado por entregas consumará sus objetivos o no. En este caso, el ejército está expectante, pero no se ha pronunciado. La nueva Argentina de Macri exige al chavismo respeto a los derechos humanos y acatamiento de los resultados electorales que se están tratando de pervertir. Brasil ha comenzado a sumarse a esas demandas básicas, todo lo cual ha abierto una doble brecha ideológica y económica dentro de Mercosur, tal como ya señalamos en una anterior Crónica dedicada a este asunto de fondo.

Estados Unidos se mantiene vigilante para denunciar el retorcido pucherazo que están gestando los mandatarios chavistas. Los propios partidos políticos españoles han enviado a Caracas una misiva requiriendo limpieza democrática en todo este proceso. Una carta que no ha sido firmada por un solo partido: el Podemos de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, silencio y omisión que retrata a la formación populista española, hoy bajo la piel de cordero de la socialdemocracia, pero íntimamente vinculada en ideología y estrategia al chavismo venezolano y a sus presupuestos incompatibles con la democracia.

Hoy Nicolás Maduro anuncia una remodelación ministerial, cuyo propósito último no se espera que sea otro que lograr una coherencia y unidad de acción del régimen para culminar ese golpe de Estado en diferido y por entregas todavía en el alero. La línea táctica es clara y factible, aunque tiene un serio obstáculo para triunfar: la probada incompetencia de los líderes chavistas para resolver cualquier problema. Las espadas se mantienen en alto.