Alarma por las agresiones a mujeres en Alemania
viernes 08 de enero de 2016, 08:19h
Se ha cumplido un año del atentado contra Charlie Hebdo. El salvaje ataque yihadista a la revista satírica francesa fue el comienzo de un 2015 especialmente terrible en la ofensiva global que ha lanzado la yihad asesina. Occidente ha redoblado su esfuerzo para combatirla, intensificando sus bombardeos contra las posiciones del Estado Islámico (EI) en los territorios que prácticamente ha convertido en su siniestro feudo, como Siria, pero está muy claro que todavía queda mucho por hacer. La pasada Nochevieja se temía un atentado que, afortunadamente, no se produjo, pero se vivieron momentos de gran inquietud. Las extremas medidas de seguridad tomadas en todas las grandes capitales fueron un éxito y mostraron que ese doble camino, operaciones contra el EI en sus madrigueras y medidas de prevención y seguridad en los países que están en su punto de mira, es el correcto.
Pese a ello, ayer mismo saltaron todas las alarmas con el hombre que fue abatido cerca de una comisaría del norte de París que llevaba un dibujo con una bandera del grupo terrorista y una nota en la que juraba lealtad al EI, señalando que actuaba para “vengar a los muertos de Siria”. Y todas las alarmas han saltado también con lo sucedido la Nochevieja en varias ciudades alemanas. No se trata de intentos de atentados yihadistas, pero sí de unos hechos muy graves y alarmantes presuntamente relacionados con la crisis migratoria sin precedentes que vive Europa. El último día de 2015 se produjeron ataques masivos a mujeres en ciudades como Bielefeld, Berlín, Stuttgart, Fráncfort, Düsseldorf, y sobre todo Colonia, donde tuvieron lugar cerca de su famosa catedral. Los atacantes robaron, acosaron sexualmente y vejaron a centenares de mujeres, llegándose en algún caso hasta la violación. El goteo de denuncias de las agredidas no cesa en una Alemania cada vez más indignada por lo ocurrido.
Resulta especialmente preocupante que los ataques no fueran en absoluto casuales ni aislados –y ello es casi lo más preocupante-, sino que estuvieran coordinados. Así en Colonia se juntaron para llevarlos a cabo unos mil hombres jóvenes, que según todas las denunciantes y los testigos tenían apariencia árabe o norteafricana. Y no menos preocupante es que, según parece, la Policía se vio desbordada y perdió el control de la situación. Es evidente, y hay que insistir en ello, que estos sucesos no pueden ser excusa para azotar la xenofobia ni servir para estigmatizar a toda la comunidad árabe, incrementada ahora con la llegada de refugiados, que en Alemania ha registrado en 2015 el récord de 1,1 millones. Para que no salpiquen a todos es indispensable y urgente que lo ocurrido no quede impune. Y, más allá de estos hechos, no está de más que no cerremos los ojos, arrastrados por un simplista buenismo y lo políticamente correcto, a las cuestiones que entraña el multiculturalismo -no pocas veces mal entendido-, especialmente en el caso del Islam, cuya ala radical -incluso sin ser específicamente yihadista-, pugna por imponerse.