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TRIBUNA

Economía global de supervivencia

sábado 09 de enero de 2016, 18:39h
“No creas ni rechaces ninguna cosa porque otra persona o conjunto de personas lo hayan rechazado o creído. Tu propia razón es el único oráculo que el cielo te ha dado”. Thomas Jefferson.


Desde la crisis del 2008, he leído muchas opiniones sobre lo que nuestros gobernantes deberían hacer para ayudarnos a salir del último bache económico, es decir, qué reformas institucionales o estratégicas deberían ponerse en marcha para que la economía española remonte de una vez. Unos hablan de innovar o de la necesidad de potenciar ciertos sectores y otros exigen facilidades para pequeños empresarios y autónomos. Se pueden leer y escuchar un sofrito de sugerencias que incluyen términos como: ‘economía productiva’, ‘sectores estratégicos’, ‘legalización’, ‘subvención’, ‘gasto público’, ‘libre mercado’, ‘tecnología’, ‘modernización’, ‘competitividad’, ‘globalización’, etc.

Mientras el selecto grupo de políticos, de eruditos, de periodistas y de ‘supuestos expertos’ que monopoliza platós de TV, emisoras de radio y prensa escrita se dedica a divagar sobre lo que nos ayudaría a salir del bache, éste ya se ha convertido en socavón, y de ahí a la zanja sólo hace falta un pequeño empujón. Para gustos los colores y para opiniones, los demagogos.

La globalización es un proceso económico, político y social que busca, de alguna forma extraña, igualarnos a todos, sin embargo la interdependencia cada vez mayor entre continentes y países a todos los niveles (mano de obra, comunicaciones, comercio, informática, cultura, finanzas) ha traído consigo efectos inesperados. Por una parte el precio de los bienes y servicios junto con el precio de los salarios (a nivel mundial) tiende inevitablemente hacia cierta homogeneización y por la otra, el crecimiento exponencial de número de multimillonarios también se ha extendido por todo el planeta. Con la globalización, la tendencia es que los precios de casi todo, junto con sueldos y condiciones laborales, sigan disminuyendo para acercarse a los niveles que se pagan en países como China, la India, Brasil o, peor aún, cualquier país de África. Y no al revés. También resulta interesante comprobar cómo las grandes crisis mundiales y los grandes acuerdos internacionales multiplican el número de multimillonarios con riquezas cada vez más extravagantes (la fortuna de las 4 personas más ricas del planeta suma casi 300.000 millones de dólares: 80.000 millones de Dólares de Bill Gates, 77.000 millones de Carlos Slim, 72.000 millones de Warren Buffet y 64.000 millones de Amancio Ortega; y China ya ha superado a los Estados Unidos en número de personas con más de mil millones: 596 chinos frente a 537 norteamericanos).

Comida, ropa, coches, muebles, tecnología, materias primas, etc. Casi todo lo que consumimos lo producen o lo traen las grandes corporaciones desde los lugares más remotos y más baratos del planeta ¿Cómo pretenden los gobiernos locales combatir contra este gran tsunami que erosiona el bienestar global? En vez de igualarnos hacia el mejor de los mundos, lo estamos haciendo hacia el peor y mientras unos siguen teorizando sobre medidas económicas generales que satisfacen las estadísticas y potencian a las grandes fortunas, ¿qué están haciendo el resto de ciudadanos? Pues están viviendo bajo una “economía colaborativa”, es decir, compran y venden bienes y servicios a un precio competitivo a través del simple intercambio o eludiendo el sistema legal establecido, sin factura y sin IVA. ¿Bueno o malo, correcto o incorrecto, moral o inmoral? ¿Con qué derecho podría un ciego juzgar a un tuerto?

Si una gran parte de sus dirigentes robara y despilfarrara constantemente dinero público y utilizara su poder e influencia para beneficiar a sus amigos y conocidos; si los poderosos cada vez tuvieran más facilidades para monopolizar la venta de sus productos gracias a una mano de obra cada vez más barata y a un creciente número de exenciones fiscales, facilidades comerciales y apoyos financieros, ¿quién querría seguir alimentando tal desigualdad?

Muchos podrán pensar que el término ‘economía colaborativa’ es un eufemismo de mal gusto para hablar de economía sumergida, de falta de educación, solidaridad o legalidad, y están en su derecho, pero yo también creo que el término ‘globalización’ es un eufemismo de peor gusto para lo que viene a ser un moderno sistema feudal con tintes esclavistas. Eso sí, aceptado y extendido a escala mundial.

“Cuanto menos seas y cuanto menos expreses tu vida, tanto más tienes y más alienada está tu vida (...) todo lo que el economista te quita en la forma de vida y de humanidad, te lo devuelve en la forma de dinero y riqueza”. Marx.

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

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