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GOLPE DE ESTADO A LA VISTA

sábado 16 de enero de 2016, 18:06h
El golpe de Estado se ha puesto en marcha en Cataluña. Dejémonos de eufemismos y llamemos...

Reproducimos a continuación el artículo que, con este título, publicó Luis María Anson en el diario El Mundo.

“El golpe de Estado se ha puesto en marcha en Cataluña. Dejémonos de eufemismos y llamemos a las cosas por su nombre. La Constitución, en su artículo 168, establece la vía por la que el secesionismo catalán tendría que transitar: dos tercios de votos favorables en el Congreso, dos tercios en el Senado, elecciones generales inmediatas, dos tercios de los nuevos Congreso y Senado y referéndum nacional para que los españoles, y entre ellos los catalanes, ejerzan su derecho a decidir. Todo lo que sea apartarse del artículo 168 se mueve en las fronteras de la sedición y el golpe de Estado. Ahí es donde estamos. Mejor sería no tener que aplicar el artículo 155 de la Constitución, y mucho menos el 8, para resolver el órdago secesionista catalán. Eso es lo que hizo la II República en 1934, con un presidente del Gobierno de la izquierda radical, pero sería aconsejable que no tuviera que hacerlo la Monarquía parlamentaria. Se pueden abrir vías nuevas para el diálogo, la concordia y la conciliación. Los disparates de Zapatero dieron alas a los secesionistas. La lenidad de Rajoy les ha permitido llegar adonde ahora están. La gran política consiste en prevenir no en curar. No se ha previsto lo que podía ocurrir y ahora hay que sanar una grave enfermedad. Conviene no olvidar, por añadidura, el riesgo de infección puesto que, tras una hipotética independencia de Cataluña, vendrían en cascada las del País Vasco, Galicia, Canarias, Baleares…

Sería aconsejable enfrentar a los aspavientos del señor Puigdemont, a Carles Masdelomismo, un Gobierno estable y sólido. No parece probable, sin embargo, que los partidos políticos, atentos siempre al interés partidista antes que al interés general, hagan lo que deben hacer. La especulación se ha adueñado de los periódicos impresos, hablados, audiovisuales y digitales. Se airean docenas de fórmulas. Mariano Rajoy dispone de 123 diputados a favor y 227 en contra. Es un hábil negociador y no se puede descartar que su fórmula tripartita, aunque con escasas probabilidades, pueda salir adelante. Sánchez está jugando a dos bandas. La que más le gustaría es el Frente Popular ampliado pero sabe que no resultará fácil regatear el obstáculo del referéndum catalán que exige Podemos y rechazan los barones socialistas. Por eso maneja un plan B: alcanzar una mayoría simple de 130 escaños con Ciudadanos (y tal vez algunos más de vascos y canarios) y derrotar a los 123 diputados del PP, contando con la abstención de los 97 restantes. Por lo pronto ha conseguido instalar a Patxi López en la presidencia del Congreso, gracias a la habilidad de Albert Rivera. Podemos tendría entonces la llave de la investidura. Si se abstiene, abriría los portones del palacio de la Moncloa a Pedro Sánchez; si vota en contra, no quedaría otro remedio, salvo una pirueta del PP, que convocar nuevas elecciones generales con el correspondiente despilfarro económico de la campaña electoral pagada por los impuestos con que la fiscogillotina de Cristóbal Montoro sangra a los ciudadanos hasta la hemorragia. Convertido en árbitro momentáneo de la situación, Pablo Iglesias se pensaría dos veces qué le conviene más, si el pájaro en mano actual o los ciento volando sobre las nuevas urnas. El líder de Podemos está muy crecido. La tarde de la reciente tormenta sobre Madrid, al ver un relámpago, creyó que Dios había bajado del cielo para hacerle una fotografía. Con flash”.