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DIARIOS

Jaime Gil de Biedma: Diarios 1956-1985

domingo 17 de enero de 2016, 17:13h
Jaime Gil de Biedma: Diarios 1956-1985

Edición de Andreu Jaume. Lumen. Barcelona, 2015. 672 páginas. 24,90 €. Gracias a este volumen, que incluye inéditos, contamos ya con la obra diarista completa -que nos ofrece un retrato donde se abordan cuestiones íntimas y literarias- de una figura capital de la poesía española del siglo XX.

Por Francisco Estévez

Hay una atención demorada a la obra de Gil de Biedma ya observada en esta columna. Al calor del veinticinco aniversario de la muerte del poeta, Andreu Jaume nos brinda agrupados los distintos diarios del autor. El conocido e importante Retrato del artista en 1956, aquellos que van de 1959 a 1965 aquí titulados Diario de “Moralidades”, así como Diario de 1978 y Diario de 1985, ambos escuetos y de menor interés. Podemos así construir imagen exacta del memorialismo que deseó practicar el fino poeta. La introducción al grueso volumen es repaso inteligente y puntilloso análisis del conjunto diarista. Si bien, es un exceso mayúsculo y una valoración sesgada esa por la cual el editor tiene a la mal llamada generación del 50 como de “entre todos los movimientos del siglo XX, el que más nos sigue obligando a pensar”.

Diario de un artista enfermo (1974) y Retrato del artista en 1956 (1991) son propuestos aquí como la “trayectoria intelectual” de Gil de Biedma. Algo de ello hay para quien se impuso la tarea del diario como “vicio vergonzoso”. Sin embargo, la práctica diarista como calienta manos ayudó a templar el lenguaje íntimo, a elaborar una sensibilidad propia y, en definitiva, a acercarse con más recursos a la poesía al autor. En efecto, el Diario de “Moralidades” será historia de la trastienda del escritor en faena. Pero es más, cifradas en estas páginas con tesón indeleble de acta testamentaria aparece un poeta que tenía en punta de lengua la tradición poética española y reflexionaba de constante sobre la misma y su relación con otras literaturas, como la anglosajona. Buena nota debieran tomar parte de nuestros poetas más jóvenes cuyo alejamiento de la tradición literaria resulta cada vez más palmario.

La pederastia impenitente del catalán y el implacable retrato de la misma, incluida moralidad en suspenso, siguen siendo hoy páginas complicadas donde los puritanos detienen su escándalo, los compañeros abrevian con fingido perdón y los más pasan de puntillas. Gil de Biedma deseó dotar a tales escenas anecdóticas de trascendencia literaria. La polémica suscitada hoy de nuevo por lo escabroso del asunto y la moralidad dúplice del escritor no son óbice para afear su literatura. Obra y persona son cosas distintas y deben aquilatarse por separado. Aunque en los Diarios la propia sustancia de la vida se pretenda objeto literario, como el relato colonial o los apuntes de historia de Filipinas o la inclusión a última hora del “Informe sobre la Administración General en Filipinas”. Este documento, por ejemplo, sirve de contrapunto a las constantes reflexiones poéticas, sensatas en su mayoría, lúcidas varias y no exentas de ribetes humorísticos llegado el caso: “La chochez parece un estado intermitente, lo mismo que la inspiración poética”.

Por otro lado, quedan las clásicas tensiones familiares, los comentarios políticos, lúcidos en extremo, el hartazgo físico y más allá el espiritual, la tuberculosis, la profunda conciencia como artista: “Inteligencia, experiencia, sensibilidad, don verbal, curiosidad y pasión por el oficio… todo eso tengo y, sobre todo, el súbito don de contemplación de un ser o de una cosa, de penetración en un sentido que me sobrecoge igual que una emoción. Ahora sospecho que no pasaré de aficionado distinguido”. O simplemente la abulia: “Parece cada vez más difícil conservar mi prurito diarista, ni siquiera cuando se trata de un diario tan somero y esquemático como este”, afirma en 1962.

En fin, tenemos ya reunida la obra diarista entera de Gil de Biedma, donde ensayará tonos de dicción, reflexionará sobre tradiciones y tendencias literarias y encontrará su norte poético a desdén de persignar allí su vida toda. A tenor de su lectura, estas páginas parecen encarnar con capricho aquel conocido arranque poemático suyo en “No volveré a serjoven: “Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde / -como todos los jóvenes, yo vine / a llevarme la vida por delante”.

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