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MIRADA ESCOLÁSTICA

Del monstruo político de la circunstancia

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 22 de enero de 2016, 20:46h
Actualizado el: 22/01/2016 21:29h

Siempre que el poder político transgrede la ley poniendo el álibi de la circunstancia nos acercamos a la dictadura. Todos los ciudadanos vivimos bajo la espada de Damocles de la dictadura cuando la política cambia las reglas del juego político por las circunstancias, interpretadas éstas siempre por el interés político. De expresiones como “tomar las medidas que exija la situación de las cosas”, “decidir conforme lo exijan la necesidad y la ocasión”, “llevar a cabo cualquier cosa que exija la necesidad”, “operado un cambio de circunstancias, puede posteriormente acordarse…”, “la acción que resulta necesaria con arreglo a la situación de las cosas”, etc. toma el poder político precisamente los argumentos para llegar a una “plenitudo potestatis” sin ningún freno. La circunstancia en política es siempre subjetiva e interesada. Como el papel, lo aguanta todo. Pero no es nunca lo que está fuera del perímetro de la política lo que impone la política. Con razón Condorcet definió a la dictadura como una “ley de la circunstancia”( “loi de circonstance”), en cuanto que la circunstancia en manos de quien tiene “regni cupiditas” llega a ser la madre de la ley marcial. Así, durante la Revolución Francesa, cuando la Convención Nacional, elegida para hacer una nueva Constitución, terminó sus trabajos y no se disolvió “por las circunstancias”, llegó la Dictadura del Terror. Mucho antes, Cromwell, “a Deo excitatus” disolvió el llamado Parlamento Largo “por las circunstancias”. Y llegó la dictadura. Las “circonstances” llevaron a Napoleón a dar el golpe de Estado del 18 de Brumario, y cuando vuelven los Borbones adoptan todas las medidas que, según las “circonstances”, contribuyen a la felicidad de Francia.

La citada “plenitudo potestatis” se reconoce ilimitada cuando actúa de acuerdo a lo que exigen las circunstancias interpretadas por el poder político. Los propios ciudadanos quedan al pairo, privados de toda protección jurídica cuando todo Derecho queda esclavizado por la circunstancia. La circunstancia y la ocasión siempre se pintan calvas para los amigos de la dictadura y el asalto desaprensivo al poder. De la circunstancia siempre se pasa a la situación ajurídica, en la que se toma el poder por la puerta de atrás, a traición. La circunstancia rompe la conciliación que enlaza a todos los ciudadanos, izquierdas y derechas, en un marco de democracia y respeto.


A partir de aquí podríamos establecer que existe una política ( la revolucionaria ) que delimita sus contenidos conforme a las circunstancias de hecho, y otra ( la democrática ) que realiza una delimitación semejante, pero solamente del presupuesto. Y sólo el derecho de legítima defensa probada justifica la transgresión de la norma.


Todo este presupuesto teórico viene para explicar los infames pasos que Pedro Sánchez está dando hacia el poder en función de la coyuntura política que ha resultado después de que hablase el pueblo tras las últimas Elecciones Generales. Un coyuntura que mal gestionada nos está llevando a un estado de intranquilidad ( “état de troubles civils” ). Su patente “regni cupiditas” le puede llevar, al calor de las circunstancias postelectorales, a destruir el orden constitucional y la unidad de España. A quebrar la conciliación que sostiene el sistema. En las circunstancias ve el imprudente y ambicioso Pedro Sánchez el verdadero poder constituyente que no sólo le dará a él la presidencia del gobierno, sino que eliminará lo que hasta hoy era el poder constituido. Él, que es tan decente, anhelosamente aspira al poder a través de pactos indecentes, con quienes son enemigos de aquellas instituciones que protegen el orden existente, perturbadores del orden público, enemigos de la Constitución, de la nación y del rey. Por la decencia a través de la indecencia y un Parlamento como zoco de escaños, que diría atinadamente María Dolores de Cospedal. El poder siempre aunque sea sobre una España más pequeña e hirsuta de motines. Si las circunstancias te hacen aliado del diablo para llegar al trono, alabado sea el diablo aunque haya causado la muerte de viejos militantes del Partido que uno ahora dirige. Sangre pasada no mueve molino. Es así que Pedro Sánchez se abraza a quienes suspenden la Constitución en territorios nacionales. No sólo traiciona los principios constitucionales, sino incluso traiciona aquellos principios políticos que han fundamentado al PSOE en los últimos cincuenta años. Una verdadera exhibición impúdica es verle caer de hinojos ante los que acatan la Constitución sólo para destruirla.


Por otro lado, Pedro Sánchez no tiene todavía los juncos para formar un “pouvoir constituant” que desplace cum undecim factionibus el actual poder constituido. Y el actual poder constituido (Monarquía parlamentaria y una España indivisa) no puede tener otro interés que el mantenimiento del poder existente. El frenético desbocamiento de Sánchez se hace mayúsculo, permitiendo de facto que se coloque fuera de la Constitución un determinado territorio, cuando apuesta por una imposible equidistancia entre los independentistas y la Constitución, como ha afirmado también la Secretaria General del Partido popular. Y el culpable siempre escarnece el derecho.


Bajo Pedro Sánchez vamos a una revolución que liquida el actual poder constituyente integrador por un nuevo poder constituyente sectario, que no respetará ningún límite, que no evitará los excesos. Con Pedro Sánchez se vuelve a Largo Caballero sin ninguna posibilidad de conciliación entre unos y otros. España ha sido sólo grande en libertad cuando ha existido la conciliación entre izquierda-derecha; lo contrario sólo traerá peligros y desastres. Toda democracia quiere, además de luchar por los ideales de justicia, libertad e igualdad, el ideal de la estabilidad.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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