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INÉDITA INCERTIDUMBRE POLÍTICA SOBRE LA FORMACIÓN DE GOBIERNO

Crónica política. El futuro de España se juega entre egos y voluntades a medias

Elena G. Antón
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elenagarciaelimparciales/12/5/12/24
lunes 25 de enero de 2016, 10:31h
Crónica política. El futuro de España se juega entre egos y voluntades a medias
El fragmentado resultado electoral del 20D ha conducido a un escenario insólito donde ninguna opción es clara. La poca tradición de entendimiento entre partidos políticos en España y la lucha de egos en la que se mueven los principales líderes políticos poco ayuda a asentar opciones.

Ha pasado ya más de un mes desde que los españoles votasen en las urnas su opción preferida para gobernarles durante los próximos cuatro años. Esta vez había más donde elegir, para un lado y para otro, y eso –algo inevitable y deseable- se reflejó en los resultados. Aunque si bien que tras estas elecciones todo iba a ser distinto era algo con lo que se contaba, que más de un mes después los españoles seguirían sin saber quién va a gobernarles durante los próximos cuatro años, es algo que pilla más con el pie cambiado.

A estas alturas, como mínimo, hubieran esperado que las negociaciones entre los diferentes partidos ya pudieran arrojar una opción más o menos clara y plausible de lo que sucederá en el primer pleno de investidura. Pero por no saber, no se sabe aún ni quien será el candidato que se someterá a votación en ese primer debate. Rajoy, que hasta un día antes de la propuesta de Podemos al PSOE e IU de hacer un pacto de Gobierno, se había declarado con fuerzas y total seguridad en presentarse como candidato, solo un día después daba un paso al lado y rechazaba la propuesta de Felipe VI de ser el primer elegible –como el Rey, los populares y hasta el propio Pedro Sánchez defendían, por ser el más votado-, arguyendo que tenía “una mayoría absoluta de votos en contra”. La misma que tenía el día anterior, sí. Pero el viernes el presidente en funciones debió verla más real o humillante. Aun así, se resistió a tirar la toalla por completo y declaró mantener su candidatura, esperando a ver si al día siguiente volvía a ver las cosas de otro color.

Pero lo cierto es que el Partido Popular tiene un imposible por delante para formar Gobierno. El único socio posible, visto lo visto y sin todas a favor, sería Ciudadanos. Pero incluso con el apoyo de los de Rivera, seguiría necesitando de otros para poder, al menos, ser investido presidente. Y no hay más opciones. El PSOE no cuela. La izquierda izquierda, menos aún. Y los nacionalistas catalanes, otrora socios de conveniencia, son una opción que ahora Rajoy, con la defensa de la unidad de España por bandera, no se puede permitir. No debiera permitirse.

Rivera, el gran olvidado en este mes y pico, se queja de que nadie le llama para convencerle de nada. Él, que creía –junto a muchos- que iba a ser la llave de La Moncloa, finalmente se ha visto relegado a un papel secundario en el que su apoyo es insuficiente o indeseado y donde nadie le hace demasiado caso. Ahora su papel se limita a levantar la mano para intervenir en clase y criticar lo que previamente hayan dicho o hecho el grupito de los ‘populares’ o de los ‘empollones’. Es el precio -injusto quizá- de haberse mantenido tan ambiguo y haber obtenido cuarenta escaños. Nada menos que cuarenta. Pero solo cuarenta.

El pacto que más avanza, y que puede que sea el único que a día de hoy se ve como plausible, es el propuesto el pasado viernes por Podemos y que les casaría con PSOE e Izquierda Unida, en la formación de Gobierno, y con algún que otro socio más que necesitarían para la investidura. No obstante, tampoco este pacto está libre de escollos que podrían hacer que se viniese abajo. Sus líderes, dos políticos ávidos de ser el presidente y el vicepresidente y ser las caras del cambio, están muy dispuestos a dialogar y entenderse. Pero aún con tanta predisposición, han empezado a conversar recriminándose y tratándose con condescendencia y desconfianza. Mal inicio para cualquier proyecto de matrimonio que, ya en la pedida, decidiese hablar sobre la tapa del váter abierta o lo que tardas siempre en arreglarte.

Lo cierto es que las formas de la propuesta de Iglesias fueron, cuando menos, inquietantes. O más bien esclarecedoras sobre cómo será esa relación y quién llevará los pantalones. No faltarán las ocasiones en las que Pablo le recuerde a Pedro que no se ha visto en otra y que, esta sonrisa del destino, no era gratis. Sánchez, pese a lo inapropiado de las formas de Iglesias, cierto es que si llega a gobernar deberá agradecer siempre la sucesión de hechos que le llevó a la Presidencia y no a su casa con el rabo entre las piernas, como clamaban –y claman- tantas voces, incluso desde dentro de su partido. Él lo sabe: o gobernar o morir. Por lo que, por su parte, aceptará cualquier condición de Podemos, poniéndole una rosa roja enganchada en el cabello por encima de la oreja que pueda contentar a votantes y detractores.

Pero los peores enemigos del secretario general también lucen rosas rojas. Y si ya han avanzado que exigirán ratificar cualquier acuerdo de Gobierno al que llegue Sánchez con Podemos, clara muestra es de que no será nada fácil que este pacto se negocie en periodos razonables.

Y así, mes y pico después de haber votado, ni idea tienen los españoles –pese a ser muy españoles y mucho españoles, como ya advirtió Rajoy- de si estarán gobernados por la derecha o por la izquierda ni de quién será su presidente, Sánchez o Rajoy. O si, a última hora, la trama se resolverá con un giro de guión al estilo catalán y, finalmente, no será ninguno de los dos. Es más, en este reality show plagado de egos y voluntades a medias, ni siquiera unas nuevas elecciones quedan aún fuera de las quinielas.

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