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TRIBUNA

La dictadura del lenguaje

miércoles 27 de enero de 2016, 22:07h
Actualizado el: 28/01/2016 16:24h

Decía Voltaire que la historia se explica como la lucha del bien contra el mal hasta el punto de que este último se repite de forma inevitable a lo largo de los siglos. Como buen ilustrado que era, Voltaire apeló a la sana razón clarificadora desde la que cabía cultivar las virtudes en la lucha contra el mal, más concretamente, la del saber frente a la ignorancia y la de la prudencia frente al fanatismo.

Los españoles nos encontramos en un momento complicado actualmente que nos obliga a reflexionar sobre cómo no claudicar frente a la imposición de la sinrazón de los que tratan de dividir a España o apelan a argumentos populistas para movilizar a las masas que de forma irreflexiva se unen al que grita más alto pero no de forma más razonable o sensata. Creo que faltan voces en el panorama político actual que con fuerza hagan por educar al pueblo español para fortalecer el espíritu popular en aras de que éste no se sienta en la tentación de unirse a los que nos amenazan con comportamientos déspotas en pleno siglo XXI.

Ya decía el sabio Voltaire que el mal representa la unión de la pobreza del espíritu con la fortaleza del déspota. Las formas del despotismo pueden haber cambiado pero no su contenido. Por ello es importante no dejarse llevar por el irracionalismo de los que predican promesas incumplibles tan solo para conseguir el clamor popular de los que se dejan llevar por un comportamiento irreflexivo.

El mal se revela en nuestros días a través del protagonismo que han ganado personajes mediocres, pero que se sienten grandes tan solo por la trascendencia de las acciones con las que amenazan al pueblo español pero ellos en sí son gente corriente, común, sin grandes talentos, y como diría la misma Hannah Arendt, banales.

Lejos de engrandecer el mal hay que atreverse a mirarlo de tú a tú, siendo conscientes de que nos acecha traducido en partidos políticos anti sistema, como Podemos, y personajes insulsos cuyo único objetivo es alcanzar el poder a cualquier precio a cambio de crear un mundo imaginario de sueños inalcanzables.

Hoy más que nunca los españoles tenemos que darnos cuenta de que la inacción nos hace cómplices de ese mal y por eso debemos luchar contra los automatismos que predican algunos para conseguir construir un pueblo incapaz de pensar por sí mismo. Los clichés de los que se sirven los que predican un discurso a favor de los radicalismos, con frecuencia, no son sino instrumentos repetidos en la historia para estigmatizar y alentar a los ciudadanos a que pierdan su juicio individual, crítico personal.

Tengamos en cuenta que sufrimos un alto riesgo de manipulación cuando en el tablero político los políticos se sirven de términos utilizados deliberadamente, entre otros, por Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero para explicar la realidad social. Las palabras tienen un valor demasiado importante como para pensar que es indiferente el uso que se haga de ellas. Luchar por las ideas implica también luchar por el lenguaje político y mejor que nadie lo sabe esto Podemos, que ha conseguido adoctrinar a los ciudadanos para que usen los términos que utiliza desde una posición sectaria que amenaza al sistema democrático que tanto esfuerzo nos ha costado construir. Pensemos en los vocablos “régimen del 78”, “nosotros, los demócratas”, “la casta”, “la vieja y la nueva política”, etc.

George Lakoff, un destacado investigador de origen norteamericano especializado en lingüística cognitiva, llamó la atención en su libro “No pienses en un elefante” en el año 2004 de la ventaja que adquiría en términos políticos aquel que con argucia dominaba los marcos conceptuales. Los españoles deberíamos romper con esta tendencia a querer comprender la realidad desde conceptos engendrados en la manipulación de partidos antisistema porque con ello uno se acerca al mundo inevitablemente de forma equivocada. Hemos vivido demasiados años una dictadura política en España como para caer ahora en la dictadura del lenguaje.

Cristina Hermida

Catedrática de Filosofía del Derecho

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