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NOVELA

Raúl Tola: Flores amarillas

domingo 31 de enero de 2016, 17:18h
Raúl Tola: Flores amarillas
Alfaguara. Barcelona, 2015. 432 páginas. 18,90 €.

Por Felipe Guindo

Para los amantes de las novelas prolijas, extensas y de tramas absorbentes, que en este libro encontrarán varias tardes de regocijo y entretenimiento. Cuenta dos historias paralelas, pero estrechamente relacionadas: el viaje de los italianos Albano y Giovanni hacia Perú, en el siglo XIX, con la esperanza de hacer las Américas; y la vida de Severo Versaglio, un respetado patriarca de oscuros negocios e influencias turbulentas en el Perú del ochenio, durante la dictadura militar de Manuel Odría, a mediados del XX. Ambas historias se verán truncadas por las intrigas y traiciones, por el fracaso de las expectativas de unos personajes que tienen que sobreponerse a duras circunstancias y a inesperados contratiempos. Raúl Tola reconoce la influencia de Mario Puzo, del que cita un fragmento al inicio de la obra: todo el libro está imbuido de ese aire opresivo y oscuro de la mafia italiana, sin duda por influencia de El padrino. Reconoce también la influencia de su compatriota Mario Vargas Llosa, cuya voz narrativa se puede percibir en algunos párrafos de esta novela. De hecho, le rinde tributo en el tramo final, donde incluye a Vargas Llosa como uno de los personajes.

Nos encontramos ante una narrativa muy influenciada por el cine. No porque el Séptimo Arte aparezca como elemento imprescindible de la novela -en absoluto-, sino porque la estructura y el desarrollo de las escenas se presta a la adaptación cinematográfica. Me atrevería a apostar que el autor concibió algunas escenas del libro como si se tratara de una película. Los saltos temporales funcionan estrictamente como un cambio de escena fílmica, y nada tiene que ver con esas complicadas innovaciones narrativas y juegos temporales a los que algunos autores del boom latinoamericano nos acostumbraron. Lo cierto es que ya el primer libro de Tola: Noche de cuervos tuvo una rápida adaptación a la gran pantalla bajo el título de Bala perdida. Ahora, Flores amarillas responde asimismo a una corriente narrativa muy influenciada por las estructuras narrativas del cine, como hemos dicho. Otro libro en el que advierto esta influencia es Un señor de la frontera, novela del escritor uruguayo Milton Fornaro que fue finalista del Premio Planeta-Casamérica 2009, y que también alberga otra coincidencia con esta novela de Raúl Tola: gira en torno a la figura de un capo, hasta su muerte. Gran parte del interés de la novela radica en la personalidad y evolución psicológica del protagonista.

En el plano formal, nos enfrentamos a una novela de estructura clásica, poco amiga de los vacíos de información (más allá de las pequeñas incógnitas que mantienen la intriga a lo largo de las páginas). Cada personaje es descrito físicamente en el momento de su aparición en la trama: los diálogos cooperan muy eficientemente para dibujar los episodios. La novela es completamente explícita, también en los recursos ambientales, no solo es extensa en las descripciones sino que en muchas ocasiones se detiene en actividades de la vida cotidiana: afeitarse, peinarse, encenderse un cigarro…

Conductor de programas informativos en televisión, el oficio de Tola imprime su ascendencia en el estilo narrativo. Sin duda, la formación periodística del autor ha condicionado el texto inapelablemente, sobre todo cuando se narran recuerdos o hechos pasados que sirven para explicar el presente: es muy riguroso con lenguaje, dándole a la historia un aspecto no solo verosímil, sino objetivo.

Estas particularidades la convierten en una novela perfecta para los lectores que disfrutan entregándose a las narraciones masivas, extensivas, que absorben la atención del lector por los detalles que aporta, consiguiendo una vivificación exhaustiva de ese mundo imaginario que nos ofrecen sus páginas.

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