ETA DURA DEMASIADO
sábado 07 de junio de 2008, 20:01h
Se acaban de cumplir 40 años desde que ETA matase en un control de carretera al agente de la Guardia Civil José Pardines. Por desgracia, son demasiados años causando dolor y sufrimiento. El último atentado de ETA, hace bien poco, ha tenido también como objetivo a la Benemérita. En esta ocasión, el fallecido era otro miembro del Instituto Armado, Juan Manuel Piñuel, que moría por la explosión de un coche bomba en la casa cuartel de Legutiano (Alava). Huelga hablar de cifras; si es inaceptable que muera una sola persona por una ideología terrorista basada en la sinrazón, lo es más aún que tal número se acerque al millar. Todas inocentes. En efecto, no sólo niños o personas que pasaban por allí pueden ser considerados como tales. Nadie, lleve uniforme, ocupe un cargo de responsabilidad o milite en cualquier partido político, tiene porqué morir sólo porque así lo decidan un puñado de nacionalistas fanáticos.
Nacionalistas que, por cierto, llevan esos mismos años con una curiosa pauta de actuación. Están los radicales, aquellos que no esconden sus verdaderas intenciones, y que persiguen a toda costa una cuota de protagonismo que les permita seguir teniendo presencia en la vida pública. Así, EH, PCTV, HB o ANV son distintas siglas de un mismo brazo político, el de ETA. La cual, sin dicho apoyo, pierde una gran capacidad operativa. Curiosamente, es ese brazo armado al que se empeñan en defender a capa y espada sus correligionarios del PNV y EA. Los “otros” que, erróneamente, nos hemos acostumbrado a llamar “moderados”. Pero, ¿lo son realmente y en sentido estricto?. La verdad es que si hemos de precisar los términos, mucho nos tememos que el calificativo no sea el ajustado. Porque, el antónimo de violento es pacífico que no moderado. PNV y EA son movimientos, en efecto, pacíficos pero eso no significa que sean moderados. De hecho, son soberanistas; es decir, maximalista y extremistas – una característica que no los convierte en violentos pero que si los hace incompatibles con la moderación.
La declaración de principios de Arzallus, según la cual “unos han de agitar el árbol para que otros recojan los frutos”, aún no ha sido contestada desde ningún “batzoki”. Quizá, porque todos en el fondo opinan lo mismo. Son hijos díscolos y descarriados, pero hijos de la misma causa nacionalista, a fin de cuentas. Por eso el PNV nunca estará al cien por cien con los partidos nacionales. Ha de mantener una cierta equidistancia.
Sus malas relaciones con la izquierda abertzale no son por criticar su actuación, sino por su afán de fagocitarla, para enarbolar ellos solos la representación nacionalista. Y entre tanto, ETA sigue matando. Por mucho que diga Rubalcaba que está más débil. Puede ser que así sea, pero en cualquier caso, mientras haya alguien dispuesto a apretar un gatillo, ETA seguirá siendo un peligro para la convivencia, esté más o menos fuerte. Por ello hay que combatir a sus miembros. A todos. A los que componen los comandos, y a los que se sientan el los plenos de los ayuntamientos negándose a condenar atentados. Sin componendas. Así lo exige el Estado de Derecho.