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TRIBUNA

Los misterios de la plaza México y José Tomás

viernes 05 de febrero de 2016, 20:30h

El domingo pasado cumplí un viejo sueño y estuve en la plaza Monumental de México viendo el mano a mano entré José Tomás y el torero mejicano Joselito Adame. Fuimos un grupo de españoles, el primer apoderado de Adame, Víctor López Caparrós y su hijo Víctor, el gran aficionado Estanislao Moreno, el encantador matrimonio Iniesta de la ganadería Los Espartales, el abogado mejicano Mario Fernández y el matador Gonzalo Caballero con sus padres. La combinación de conocimiento y entusiasmo era perfecta para pasar un grandísimo día de toros, y adelanto, porque se han suscitado dudas, que lo fue.

Llegamos a la plaza al mediodía para comer y entrar pronto pues la corrida empezaba a las 4.30 de la tarde y aunque no es el país más puntual de la tierra, sí que cumplen la vieja tradición española -cuando aquí éramos parecidos en cuestiones horarias- que los toros y las misas empiezan a su hora.

El primer misterio es cómo entrar en la plaza pues apenas hay tres puertas y somos más de cuarenta mil espectadores. Nos ponemos en la cola hora y media antes !y llegamos apenas diez minutos antes del paseillo!

La cola es apasionante. El espectáculo de los alrededores de la plaza es de cuadro antiguo. Puestos callejeros por todas partes para la venta de recuerdos y carteles, de libros y fotografías antiguas, mucha comida: auténticos comedores populares donde se ofrece paella y otras cosas más pintorescas como ojo de vaca, suadero, sebo, lengua, buche o insectos como los saltamontes y los grillos.

Hay muchísima gente, mayores y también jóvenes, y una mezcla de urbanitas y de gentes de la tierra propia de una sociedad que no ha renegado aún del campo. El mejicano es simpatiquísimo y se palpa mucha ilusión por la tarde que nos aguarda. El cariño hacia la Madre Patria es total. Nos invitan, nos preguntan, dejan paso. Creo que es de las pocas veces que he pasado un rato buenísimo en una cola.

Dentro, y hablamos de una hora después, ya se puede circular con más ligereza. La plaza está excavada en su mitad, dos enormes rampas circulares distribuyen todo: espectadores, toreros, caballos y además se repite en menor medida el zoco que hay afuera.

Entramos por fin a través de un largo pasillo a los tendidos. Es impresionante, la plaza es una enorme pared abarrotada de gente, creo que a todos nos emociona entrar. Desde luego, el esfuerzo ha valido la pena.

No es fácil llegar a los asientos. No es el pedrusco en el que te sientan en Las Ventas pero casi. El asiento se configura con unos hierros pintados con un espacio propio para una persona de los años cuarenta, pero al final uno se acomoda. Imagino que con unos cuantos kilos de más habrá que embutirse en lugar de sentarse.

El ruedo está muy adornado con dibujos hechos con flores. El paseíllo es un clamor. Salen hasta los médicos a saludar. Tardan veinte minutos en retirar los adornos, regar y empieza la corrida.

Los toros son de dos ganaderías mejicanas importantes, Los Encinos (1, 4 y 6) y de Fernando Mora (2, 3 y 5, rechazado y sustituido por un sobrero de Xajay). En general el toro mejicano se mueve más que el español, pero es mucho más desconcertante, misterioso en su comportamiento. Hace cosas muy raras, se duele, tiene poca fijeza, corretea mucho, hace extraños pero es muy pastueño y suele meter la cabeza bien por abajo, aunque como buen Saltillo/Santa Coloma por arriba casi muerde. No es un toro terciado y tiene un aire antiguo interesante. Nada que ver con el toro artista origen juanpedro que monopoliza las corridas en España.

En el primer toro, José Tomás se juega la vida con un toro inválido que le coge dos veces. A mi cada vez me gusta menos esta versión del torero. Creo que nos podría haber ahorrado la segunda voltereta que fue tremenda y en la que al no entenderse la cuadrilla, José Tomás estuvo varios segundos a merced del toro. La entrega del torero hasta el final es total, suicida diría. Alguien debería profundizar para intentar comprender a este hombre que lleva el valor hasta el extremo más seco y brutal en estos tiempos tan relativos y poco sacrificados. Da algunos naturales soberbios. Mata de un espadazo trasero y caído y le dan una oreja misteriosamente protestada. No da la vuelta al ruedo.

La protesta -nos explicarían después- es contra el presidente por haberle negado al Juli una oreja en un festejo anterior. Cosas de Méjico.

Sale el segundo toro. Adame está muy bien y variado con el capote. Verónicas a pies juntos, chicuelinas, revoleras. Con la muleta el toro es excelente por el pitón derecho y Adame está a la altura de Seda Gris que premonitorio, así se llama el toro. Le hace una buena faena con algún derechazo larguísimo e inolvidable. Acaba con unas manoletinas apretadas pero con poco ritmo, y pierde las orejas al pincharlo y matarlo de un sartenazo. Emplea una técnica extraña para matar: se aleja mucho y además cuando va a empezar la suerte da un pasito de lado que, creo, acaba de descuadrar la suerte.

En el tercero José Tomás hace una de las mejores faenas que he visto en mi vida. El toro Platero no hace gala a su nombre, pues es un toro de estampa vieja, grandón con mucha cara; los cuernos dejan ver mucha cepa lo que le da un aire bastante siniestro, es de capa cárdena en berrendo. El toro tiene movilidad y José Tomás lo aprovecha con el capote. Con la muleta le da algunas de las mejores tandas que he visto nunca. La plaza enloquece. Al final se mete en tablas y da dos pases atornillado en el albero. Todavía no me explico cómo pudo hacer que pasara el toro.

Los aficionados que hemos leído algo de toros concebimos el pase perfecto cargando la suerte. Yo no lo he visto nunca en más de treinta años de aficionado. Para cargar la suerte hay que citar al toro y cuando arranca cargar, es decir adelantar la pierna para que el torero con su muleta pueda quebrar o cambiar la embestida del toro. Citar, parar, mandar todo ello, templando es el canon. El torero moderno no carga -pues no adelanta la pierna cuando embiste el toro, sino que en el mejor de los casos lo hace algo antes- pero si manda con el temple de su muleta. El toro circula alrededor de él, aunque no se quiebra alrededor de él. Digamos que en el toreo moderno el toro hace una c pequeña y en el antiguo una c más pronunciada en el semicírculo. Algunos no sólo no cargan, nadie lo hace, sino que descargan, cuando el toro arranca quitan la pierna de en medio; dan un tramposo pasito atrás.

José Tomás con su técnica y valor, quietud y hondura, ha llevado el toreo moderno al máximo. Le salen imitadores pero es muy difícil evolucionar. Quizás es el momento que algún torero se plantee volver a cargar la suerte como hacían los antiguos. Es la única forma que veo de mejorar o evolucionar desde este personaje irrepetible.

Pero volvamos a la corrida, nos quedamos con José Tomás en tablas dando unos pases imposibles antes de matar. Para los de las estadísticas, o la casquería que decía un crítico, pinchó el toro y le dieron un aviso, y una ovación importante. Pero la faena se quedo ahí para el recuerdo. Con algunos naturales se paró el tiempo y más que una muleta parecía que llevaba una pluma o un pincel, valga la cursilada. No he visto tanta profundidad, tanta hondura en mi vida.

Y en estos raros casos en que vemos torear así se produce un efecto colectivo muy particular: la plaza entra en una especie de letargo, resaca o dulce desolación. Alguno me entenderá. Tienes ganas de irte a casa porque para que seguir después de lo vivido; no es una cuestión de ver sino de vivirlo con toda la pasión y la intensidad que producen estas faenas históricas.

Remontar en este contexto es muy difícil, casi imposible y así en el cuarto Joselito Adame estuvo voluntarioso pero la gente seguía bajo los efectos de la faena anterior, y no pudo apenas conectar con el público.

El quinto era un toro muy chico. Tras una gran bronca, lo devolvieron. Al sobrero también lo pitaron mucho y José Tomás lo liquidó rápidamente. No entiendo la bronca pues el toro estaba en tipo. Me pongo fantasioso, y por desvelar este último misterio, la razón de la bronca quizás tenga que ver con que el público no quería verle torear más. Algo que ver con el estado de ánimo que describía antes, pues habíamos visto dos obras maestras de las dos versiones del torero: el tremendista y el artista. Un tercer toro en el que José Tomás buscaría el triunfo a toda costa era demasiado para la tarde. Lo romántico es pensar que la bronca escondía el alivio del personal.

Adame desorejó al sexto quizás con un poco de generosidad de la autoridad aunque se pegó un arrimón importante. Lo mató recibiendo lo cual tiene su mérito.

Fue un día inolvidable, apasionante en todo momento. Los españoles deberíamos aprender que los toros es ante todo pasión y que en esto los mejicanos nos dan muchas vueltas.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    1819 | gerar - 07/02/2016 @ 08:13:31 (GMT+1)
    Si hay quien cargue la suerte, pero falla mucho con el estoque, Diego Urdiales. Del primer toro de Jt lo ví muy en JT faltó cuidar el toro que estaba muy justo de fuerza, su segundo pues algunos pases de mucha calidad pero otros muy fuera de cacho, no como en el primer donde esa colocación no requiere cargar la suerte, y Joselito pues así es el público de la mexico valoran mas la ligazón y el arrimon a que descargue mucho la suerte y eso ayuda a que el toro repita mas

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