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Papamanía: religión y espectáculo

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
lunes 08 de febrero de 2016, 18:26h
Actualizado el: 08 de febrero de 2016, 21:10h

La primera visita del papa Francisco a México --del viernes 12 al miércoles 17 de febrero-- ha despertado un interés diverso: desde la fe renovada de los grupos abandonados que son mayoría, hasta el espectáculo de un personaje visto como rock star, pasando por el bastante obvio pero no menos subrayable interés mediático de políticos de todas las corrientes que quieren un selfie con el purpurado para convertirlo en imagen de campaña electora.

A ello se agrega la propia agenda política del Vaticano en México definida por una disputa de poder en la élite del episcopado mexicano con arzobispos, obispos y sacerdotes que muchas veces se olvidan de la serenidad de la religión para exhibirse en peleas que ya han sido resaltadas en medios de comunicación locales. Y finalmente, no hay que olvidar que Juan Pablo II y ahora Francisco han sobresalido como jefes de la iglesia con voz propia y comentarios poco diplomáticos y no siempre acertados, uno por ser polaco y político duro y otro por su origen argentino.

Por tanto, el viaje papal podría carecer de objetivos y por tanto de resultados. Por la personalidad del jefe de la iglesia católica y representante de casi mil 500 millones de creyentes, a los papas les conceden capacidad para realizar milagros. Sin embargo, los milagros tienen que ver con la fe y no con las agendas del poder. Al papa Francisco lo quieren en México para defender a las víctimas de la violencia criminal, a los que han padecido en familiares abusos sexuales de sacerdotes y para frenar la baja de creyentes en uno de los países iberoamericanos más católicos, pero al mismo tiempo no se puede esconder que el papa Francisco llegará estimulado por políticos de las cuatro corrientes ideológicas dominantes: el gobernante PRI, el conservador PAN, el neopopulista PRD y el caudillista Morena.

Lo más significado, no obstante, pudiera estar en el ambiente que permitirá una visita papal sin problemas ni conflictos: la relación Estado-iglesia en México ha pasado de guerras civiles y disputas por el poder a un modelo de convivencia que bien pudiera considerase --en función de dos instituciones históricamente en pugna-- de connivencia de intereses, definida la connivencia por el Diccionario de la Real Academia Española como “disimulo o tolerancia en el superior acerca de las transgresiones que cometen sus subordinados contra las reglas o las leyes bajo las cuales viven” o simplemente “confabulación”. En los hechos, iglesia y Estado se han perdonado sus pecados, aún en medio de recriminaciones de sectores teológicos revolucionarios y jacobinos momificados.

No es muy clara la explicación que se ha hecho sobre el tema del conflicto histórico Estado-iglesia en México, quizá porque a veces los propios protagonistas no quisieran airear los arreglos secretos --en México decimos “en lo oscurito” o “debajo de la mesa”--, a pesar de que fueron toda una lección de real politik. El eje de la disputa entre los dos poderes --el terrenal y el espiritual-- se dio en los espacios de que uno quiso someter al otro. México impulsó la independencia bajo el liderazgo de sacerdotes y las Constituciones de 1824 y 1857 se promulgaron como instrumentos de Dios e imponiendo como obligatoria la religión católica. Las guerras civiles de mediados del siglo XIX y posteriores a la Revolución Mexicana también reprodujeron la lucha por la dominación absoluta.

La parte que más se recuerda es la guerra cristera 1926-1929 provocada por el radicalismo del presidente Plutarco Elías Calles en su intención de aniquilar a la religión católica. Si en el siglo XIX fue una lucha de élites, en el siglo XX ocurrió en los campos. El caso más extremo --que valió la novela El poder y la gloria, de Graham Greene en 1940-- fue el del general Garrido Canabal, un revolucionario y cacique criminal en Tabasco --al sureste de México--: obligó a los sacerdotes a casarse. Y en otras plazas se realizaban misas en sótanos.

La solución que se le dio al conflicto fue la que consolidó el sistema político mexicano como dominante estructura de poder: el acuerdo de que la iglesia domina en lo espiritual y el poder controla la política. La iglesia entendió lo que años después le demostró Stalin al Vaticano de Pío XII: gobiernan los que tienen las legiones de soldados. Eso sí, el PRI dio espacio a todos los sectores, incluyendo a los que se conoce como sectores invisibles del sistema que no gobiernan pero tienen voz: el ejército, la embajada de los EE.UU, los sectores empresariales, los grandes medios de comunicación y la jerarquía católica. A ello contribuyó también la lobotomía ideológica revolucionaria del PRI, colocándose en el centro administrador de las mayorías. Así, la iglesia tuvo su espacio al lado y detrás del poder, nunca por encima: no más Richelieu ni Thomas Moore.

La relación Estado-iglesia se institucionalizó. El presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) reconoció la existencia jurídica de la iglesia que combatió a la Constitución y la jerarquía católica pasó a su papel de pilar institucional del Estado y del PRI sin necesidad de ejercer el poder. Cuando el papa Juan Pablo II llegó a México en 1978 quiso reproducir el modelo de liberación ideológica de Polonia, pero se encontró que el poder priísta era más conservador que la iglesia.

Las grandes reformas sociales que molestaron a la iglesia --aborto, derechos gay, divorcio, nula propiedad inmobiliaria-- se hicieron sin oposición de la iglesia.

La visita del papa Francisco carece de agenda local, se prevén algunos pronunciamientos contra la violencia pero sin atacar al gobierno. Y al final todos quedarán contentos, excepto los católicos que tienen la esperanza de que el papa pueda condenar a los políticos que sumieron a México en la crisis pero que son los principales anfitriones del invitado. En este viaje podría haber más espectáculo que fe religiosa.

indicadorpolitico.mx

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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