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ESCRITO AL RASO

Incierta investidura para títeres

David Felipe Arranz
lunes 08 de febrero de 2016, 21:06h
Actualizado el: 02/09/2016 00:12h

Los españoles andamos evaluando estos días, en medio de los Carnavales, la investidura de nuestro futuro presidente. A nosotros nos gusta más hablar de “desvestidura”, que sería más propio por lo del intercambio del traje chaqueta, aunque nos hayamos sacado el neologismo de la manga por oposición, que es una palabra que cada día nos gusta más –la de la oposición–.

Pedro “Ps” Sánchez, el hombre-traje de las rebajas de primavera, quiere un pacto progresista y reformista, no sabemos si una reforma luterana o de ilustración borbónica, que esto último es lo que parece: Felipe VI le ha encargado que busque apoyos para su investidura. Hay que vestirse por los pies y desvestirse por la cabeza a toda “priesa”, que Mariano declinó la propuesta de Su Majestad, y hay que alquilar el traje por incomparecencia del contrario. Pero “Ps” tiene fondo de armario y, paradójicamente, se encuentra en una posición de fuerza: su partido, al que todos daban por muerto y enterrado con una rosa en la lápida, está ya a menos de un punto del PP en intención de voto según la encuesta de Metroscopia publicada ayer. Aún queda mucho: “Ps” y Albert suman 130 diputados, lejos de la mayoría absoluta. Es cosa del tacticismo, oye –u “oie”, que diría una mallorquina que yo me sé–.

Flota un aire paralítico en el relé políticos-periodistas, así que Pablo, experto en saltarse protocolos de atuendo en Casa Real, se vistió a la inversa en los Goya y se presentó con esmoquin urgente sobrado de mangas y hombreras para darle un abrazo a Resines y hacerse la foto de los Serrano, mientras su pajarita se apropiaba de la conciencia colectiva y multiplicaba su vuelo de elegancia improvisada por Twitter. Rivera, que es como ese cuerpo astral que quiere alcanzar altitudes y latitudes, triunfó con su chica, azafata de altos vuelos, de Air Nostrum e Iberia a Rivera angel. Él es como Charlie con sus ángeles, acompañado siempre en sus campañas de las Citizens It Girls: Inés Arrimadas, Begoña Villacís y Melisa Rodríguez. Algunos retratos de “Ps” en la gala parecen pintados por Magritte, que es hombre de cara difícil: su mujer, en cambio, muy bien, salpicándole de los votos y miradas que él no consigue; en Bilbao hay buena gente como Begoña, que además se esfuerza en financiar ONG y en amueblar el local mental de su marido, que sigue queriendo ser maniquí de algo, de esta España transicional. Por ejemplo. Y la novia de Alberto no nos gustó, toda circunspecta y antipaticona, con la boca como abrochada por la nariz: parecía que hubiesen discutido. Y a lo mejor de ahí te viene la melancolía, Alberto, y por qué no te sale una alegría de ese cuerpo mientras Izquierda Unida languidece de broncas con Cayo: imagina ese mohín de disgusto esperándote cuando vuelves a casa. Mariano, de cigarro extinto, se ausentó, que anda como más pálido y aspirínico, viendo el “fúrgol”, que la quiniela de las encuestas no lo ha favorecido: le pesa la barba visigótica de Witiza y se la empieza a recortar, aunque sea pleno invierno.

Ellos en la fiesta del cine. Ellos, que no han dejado escapar de los labios una sola palabra sobre los planes que tienen acerca de la cultura en España, que es tan abundante como maltratada. El joven político de trazo inverosímil quiere hacerse una foto con Penélope Cruz, Silvia Abascal, Amaia Salamanca, Bárbara Lennie o Manuela Vellés, que tienen más tirón que ellos y dicen cosas más sensatas, como “te quiero, te querré siempre, amor mío” y así, aunque sean mentiras de celuloide. Estuvo también Vargas-Llosa con Isabel, en su clutch de Jimmy Choo, pero dieron poco juego, salvo por los memes tuiteros relacionados con inminentes resquebrajamientos del cutis de cerámica ante los antichistes de Dani Rovira, verbena carnavalesca de humor e ingenio malagueño, que nos parece que podría salirse la gracia con la lucidez del segundo gin-tonic, porque otra cosa... Y nos ponemos una película de los hermanos Marx para que se nos pase el susto.

Así que los ciudadanos andamos mirando al cielo, con la sensación de una legislatura retrospectiva, como el Día de la Marmota, pero al sol de las Vistillas y el Campo del Moro, entre chulapos y chulapas, majos y vecindonas que sacuden las alfombras sobre nuestras cabezas y nos las coronan de ese confeti doméstico que son las migas y la plastilina de los niños. Y en la barriada tetuaní y en medio del Carnaval han estrenado los titiriteros contando a los niños la historia de La bruja y don Cristóbal con el ahorcamiento de un guiñol vestido de juez, el apuñalamiento de un policía, la violación de una monja y el porrazo con un crucifijo, con un fin de fiesta de pancarta “Gora Alka-ETA”, ingenioso juego de palabras con Al Qaeda y la banda asesina que les ha costado la prisión incondicional, condenados por el juez Ismael Moreno, al que ya sabemos lo que querían hacerle a la vista de la trama del cuento. Así que a los chicos de Títeres desde Abajo el magistrado se les ha anticipado: por si acaso les ha aplicado el código penal. Los niños echaron a correr y aquello acabó convirtiéndose en un argumento de Victor Hugo. A la concejala de Cultura del Ayuntamiento, Celia Mayer, se le ha puesto una cara de María Magdalena delante de un sembrado de alcachofas mediáticas que es digna de pintarse o de esculpirse. Y Carmena le ha hecho un mentís público que algunos en su lugar nos encerraríamos en la torre una buena temporada.

Así de entretenidos se han presentados los Carnavales de 2016, entre delincuenciales y goyescos, con mucho daimon interno, su pasarela de bellezas y sus candidatos de barato, como en una secuencia de imágenes hipostasiadas en un hotel. Un cuento de títeres en paralelo al de Tetuán sobre políticos buscando su sillón y su actriz, mientras se invisten y desvisten. Que para soportarlos a todos, venga otro gin-tonic con palito de canela, amore. El tercero ya.

@DavidFelipe1975

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