¿Hacia la disolución de ETA?
martes 09 de febrero de 2016, 10:27h
Hace más de cuatro años que ETA anunció el cese de su actividad y en este tiempo no se han producido atentados. Sin embargo, no debemos olvidar que la banda terrorista no se ha disuelto y que todavía cuenta con un considerable arsenal armamentístico. En alguna ocasión ha dado algún paso en el proceso de desarme, pero completamente insuficiente y en el que apenas ofrecía un magro inventario de armas. El propio Gobierno vasco reconoció el verano de 2014 que lo que hizo la banda ante los verificadores internacionales fue “un fiasco” y “una broma macabra”. Ciertamente, todo lo relacionado con el asunto se convertía más que nada en una pantomima en lugar de ser un verdadero desarme, algo imprescindible para que sus paralelos anuncios de disolución resulten creíbles.
Desde comienzos de este año hay signos de que ETA vuelve a poner sobre la mesa ese desarme. Así, fue muy significativo que en enero pasado algún dirigente de Sortu señalará que no quedaba mucho tiempo para que culminará un proceso de sellado y verificación de los arsenales etarras. Parece ser que Sortu aboga por poner en marcha una Comisión Independiente de Desarme con la participación de los Gobiernos vasco y navarro y el Comité Internacional de Verificación a cuya cabeza se encuentra Ram Manikalingam. Y también parece ser que ETA ha elegido la reactivación del proceso antes de las elecciones vascas, previstas para el próximo octubre, movida por la izquierda abertzale que achacó sus escasos resultados en las últimas citas con las urnas a las rémoras del pasado y piensa que ese desarme de la banda les facilitaría las cosas.
Pero en todo esto hay un punto especialmente inquietante como es el deseo de la banda de no entregar las armas sino de destruirlas. El objetivo, obviamente, es eliminar para siempre cualquier pista que pueda contribuir al esclarecimiento de los todavía no pocos atentados etarras sin resolver. El definitivo final de ETA no puede suponer ningún tipo de impunidad ni de claudicación ante quienes sembraron tanta muerte y destrucción. Este asunto tampoco habría de olvidarse en el baile de los pactos para formar nuevo Gobierno. Ya el PNV ha sacado a colación el acercamiento de los presos etarras al decir que no dará un cheque en blanco a los socialistas. El fin de la banda ha de estar ligado a la escenificación de la victoria de la democracia y el Estado de Derecho frente al fanatismo violento. De los eusko-nazis.